Ir a contenido

PROGRAMA DE LA MEMORIA

Colau retira la medalla de oro al primer alcalde franquista de Barcelona

El ayuntamiento ofrenda, como aperitivo de la semana de la república, la cabeza de Miquel Mateu, prohombre barcelonés y amigo de Franco

El Gobierno municipal anula los más de mil expedientes de depuración de los funcionarios depurados en 1939

Carles Cols

Miquel Mateu, vestido aún de militar, en la misa celebrada durante la Semana Santa de 1939 en la plaza de Catalunya. 

Miquel Mateu, vestido aún de militar, en la misa celebrada durante la Semana Santa de 1939 en la plaza de Catalunya.  / ROSSEND TORRAS

Tras Antonio López, apeado de su pedestal el pasado 5 de marzo, ahora le ha llegado el turno a un exalcalde de Barcelona, Miquel Mateu Pla, franquista como pocos, que no tiene una calle dedicada y tampoco una estatua, pero sí una Medalla de Oro de la Ciudad, concedida en 1945, cuando dejó el cargo para pasar realmente a mejor vida, pues fue nombrado embajador de España en París. El gobierno de Ada Colau ha aprobado este viernes, en el seno de la comisión de gobierno, revocar la concesión de aquella medalla y, en paralelo, anular los más de mil expedientes de depuración de funcionarios municipales que Mateu puso en marcha cuando en 1939, tras entrar uniformado con las tropas de Franco en la ciudad, fue elegido alcalde.

La cabeza de Mateu ha sido así servida este año como aperitivo de aquello que el gobierno municipal de los comuns han bautizado como las primaveras republicanas de Barcelona, una semana de actos celebrados entre el 15 y el 20 de abril que bajo el paraguas del Programa de la Memòria trata de reivindicar que el alma de esta ciudad ha sido siempre de la bandera tricolor. Eso, a pesar de que figuras como la del propio Mateu, barcelonés de nacimiento, poco o mucho lo contradicen.

El oprobio de Mateu lo acompaña Colau con un acto de reparación de los funcionarios a los que purgó

Su antecesor en el cargo fue aquel alcalde del que pocos se acuerdan, Hilari Salvadó, pese a lo terrible de su mandato. Fue el alcalde bajo las bombas, el que iba allí donde más daño había hecho las incursiones de la aviación italiana, atendía a los heridos en persona y, después, supervisaba la construcción de refugios. Su biografía le retrata como un hombre de una integridad insobornable. Cuando Mateu ya entraba por la Diagonal, Salvadó acababa de salir del ayuntamiento, no sin antes pedir al interventor que dejaba intacta la caja de caudales, con algunos lingotes de oro dentro. El gesto no le evitó que desde el exilio tuviera que sorportar una gruesa campaña de difamación instigada por Mateu. Mujeriego, chulo y bolchevique (que no lo era, pues militaba en Esquerra) fue lo más suave que se dijo de él.

Ricard Lamote

En cierto modo, el franquismo hizo con Salvadó lo mismo que con una larguísima lista de funcionarios municipales depurados en 1939 a los que el ayuntamiento quiere ahora restituir su honor, ni que sea para satisfacción de sus descendientes. En los expedientes personales de cada uno de aquellos represaliados se añadirá una página con el acuerdo de la comisión de gobierno. Por citar un caso, Ricard Lamote de Grignon, director de la banda municipal, un hombre muy querido y que le puso música a la resistencia, una labor que terminó pagando con la cárcel.

El caso de Mateu y su medalla de oro parece, pues, simple y claro, recto, sin curvas que dificulten la visibilidad. Incluso parece una buena oportunidad para sacar de la penumbra a este alcalde olvidado, ni que sea para hablar mal de él, pero sin cometer el error de desenraizarlo de la ciudad y no comprender que tan representativo de la sociedad local fue Mateu como Salvadó. Su trayectoria ideológica y profesional va mucho más alla del hecho de que fue el primer alcalde franquista de la ciudad.

Fue, pese a todo, un prohombre de la ciudad, banquero y empresario. Y, con el tiempo, suegro de un motor económico de Convergència

Con la retirada de la medalla, Colau ha señalado con el dedo índice al hombre que durante un tiempo, antes del estallido de la guerra, dirigió la Hispano-Suiza, empresa mítica cofundada por su padre. También apunta a quien fue presidente de varios consejos de administración de la Caja de Pensiones, el banco antecessor de la actual La Caixa. Y, además, al presidente de Fomento del Trabajo durante 20 años. Es decir, no fue un alcalde sin raíces barcelonesas. Fue un franquista convencido y, lo que son las cosas en esta a veces tan endogámica alta sociedad catalana, suegro tiempo después de Artur Suqué, el dueño de los Casinos de Catalunya y motor económico de la Convergència Democràtica de Jordi Pujol.

"La cruzada"

De Mateu queda para la posteridad la fotografía de la misa de Semana Santa que se celebró en la plaza de Catalunya en 1939. En ella, Mateu se muestra enardecido. El péndulo de la ciudad, como tantas otras veces antes, había vuelto a cambiar, y esta vez, como pocas veces antes, de la quema de conventos al fervor religioso en menos de tres años. A Mateu, las ganas le venía por partida doble. No solo la CNT se incautó de la Hispano Suiza y tuvo que huir a Francia, sino que, además, era sobrino de Enrique Pla, tanto o más franquista que él, el cardenal que acuñó la expresión “cruzada” para definir el golpe de Estado de Franco.

Muchos más detalles deberían completar la biografía personal del alcalde al que Colau acaba de desposeer de los honores municipales. Entre ellos no debería faltar uno esencial. Era amigo personal de Franco, algo que pocos españoles podían decir en realidad. Cuando el dictador visitaba Catalunya, le alojaba en el Castillo de Perelada, adquirido por su padre cuando hizo fortuna con los coches. Fue allí donde Franco conversó en más de una ocasión con esos catalanes incómodos que son Josep Pla y Salvador Dalí, siempre con Mateu como anfitrión.

Estas cuatro pinceladas sobre Mateu sirven, en resumen, para compender con qué ofrenda se sirve este año la primavera republicana que organiza el ayuntamiento por tercer año consecutivo.

Los actos comenzarán este sábado con una ofrenda floral en la rebautizada plaza de la República de Nou Barris, por parte de diversos representantes del gobierno municipal. La lluvia amenaza con aguar el día, así que el concierto previsto para la noche, anunciado inicialmente en la explanada del Born, se ha trasladado al cobertizo provisional de Sant Antoni.

Barcelona inicia una semana de exaltación republicana con una ofrenda floral en Nou Barris

La semana republicana es un cajón de grandes dimensiones. Así, el domingo se descubrirá la placa que rebautiza la calle del Almirall Cervera como calle de Pepe Rubianes, en la Barceloneta, el que fue su barrio.

Durante toda la semana se procederá a mejorar la señalización de lugares que fueron relevantes de un modo u otro hace 80 años. Por ejemplo, en el monumento a las Brigadas Internacionles, en Horta-Guinardó, se restituirá el texto original de la despedida que Dolores Ibárruri, La Pasionaria, pronunció en el adiós a los soldados extranjeros que lucharon al lado de la república.

El 21 de abril se cerrará esta suerte de semana santa laica con un concierto en femenino, dedicado a la mujeres y la república, pilotado por Marina Rossell.

Tres años de 'republicanización'

El ‘lifting’ republicano que el gobierno de Ada Colau ha impulsado en los tres primeros años de mandato ha dado sido una sucesión de luces y sombras. Cuatro episodios sirven para resumir su esencia.

De Saló Reina Regent a Pi i Sunyer

El propio salon de plenos del Ayuntamiento de Barcelona no se ha visto exento de la republicanización de la ciudad a manos del actual equipo de gobierno. Antes conocido como Saló de la Reina Regent, el espacio en el que se reúne el consistorio fue rebautizado con el nombre de Saló de Carles Pi i Sunyer, alcalde de Barcelona entre 1934 y 1937, aunqie de forma interrumpida, porque la revuelta de 1934 le llevó a la cárcel hasta la victoria del frente popular. Un intento de ir más allá por parte de Colau fracasó. Retiró el busto de Juan Carlos I que desde detrás de la butaca del alcalde preside de forma simbólica los plenos. El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya le ha ordenado que la efigie de Felipe VI esté presente.

La exhibición frustrada de un Franco decapitado

El Ayuntamiento de Barcelona programó una atrevida exposición en el Born. Lo atrevido era que, a las puertas del antiguo mercado central de la ciudad y actualmente santuario nacionalista, quiso colocar la estatua ecuestre de Franco que se guarda en los almacenes municipales, con la gracia de que está decapitada. Ninguna ciudad española se ha atrevido a tanto. La sorpresa fue que aquella iconoclastia no tuvo tiempo de ofender a los nostálgicos franquistas porque se encargaron de derribar la estatua los militantes del independentismo. Consideraron que era un sacrilegio situar aquella figura allí, ni que fuera cómicamente sin testa. El resto de la exposición se mantivo intacta, pero pasó sin pena ni gloria.

Llucmajor pierde una plaza en Nou Barris

Hubo un tiempo en que la actual plaza de Sant Jaume fue rebautizada como plaza de la República. Cuando Alfonso XIII dejó España, la plaza era conocida como plaza de la Constitución. Se proclamó la república y se le dedicó la plaza más política de la ciudad. Solo después, durante el franquismo, pasó a llamarse San Jaime. Sant Jaume al final. El ayuntamiento ha considerado que sería tal vez demasiado cambiarle de nuevo el nombre, ya tan arraigado, así que encontró en Nou Barris, porque un movimiento vecinal así lo reclamaba, un lugar más idóneo para ese gesto. La plaza de Llucmajor es desde este mandato la plaza de la República. A los vecinos de la mallorquina Llucmajor no les hizo gracia el cambio. Protestaron.

López, ese chivo expiatorio

El pasado mes de marzo, el gobierno de Ada Colau puso fin a un debate eterno, el de la plaza dedicada al marqués de Comillas, Antonio López. Barcelona suele pasar de puntillas por su pasado negrero y, si lo hace, lo circunscribe al tráfico de personas que llevó a cabo López, una cuestión discutida por algunos. El caso es que López ya no está en el pedestal y, en cierto modo, el debate parece que queda cerrado, como si no hubiera habido más fortunas en Barcelona edificadas sobre tal infamia. No en vano, cuando el Gobierno de España se propuso abolir la esclavitud en las colonias a finales del siglo XIX, el principal foco de oposición se radicó entre la burguesía catalana, que incluso creo una suerte de asociación para coordinar la defensa de sus intereses.

.

  .