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BARCELONEANDO

El béisbol de los pobres

Cuatro octogenarios de Santa Coloma enseñan por Youtube cómo se juega al 'bélit', a las canicas, a la 'xarranca' y a las tabas

Ana Sánchez

Josep muestra la tabla de cortar con la que juega al bèlit y el cilindro puntiagudo que se golpea.  A la izquierda, Joan, con canicas. Al fondo, Concepció sobre una xarranca. Los tres, de 88 años, enseñan los juegos de su infancia por Youtube.  

Josep muestra la tabla de cortar con la que juega al bèlit y el cilindro puntiagudo que se golpea.  A la izquierda, Joan, con canicas. Al fondo, Concepció sobre una xarranca. Los tres, de 88 años, enseñan los juegos de su infancia por Youtube.   / FERRAN NADEU

Un hombre se para en medio de la calle, pone mirada de concentración. Aprieta con la mano derecha una ¿¿tabla de cortar?? Sí, de esas de picar cebolla. Él la mueve con vaivén de jugador de béisbol, como si se fuera a presentar a un cásting de Masterchef. “¿Qué -le grita un vecino desde la terraza de la casa de enfrente-, recordando viejos tiempos?” Él le sonríe, saluda con la tabla. “¡Y tan viejos!”, se encoge de hombros. Es que tiene 88 años, susurra sin quitarse arrugas. Coloca en el suelo un cilindro de madera con los dos extremos puntiagudos, apunta con la tabla sobre él con ademán de prestidigitador, y ¡zuuum! Pica de tal manera que se levanta del suelo, lo suficiente como para batearlo con la tabla de cortar. ¡Plac! Un golpe seco que no hubiera podido bloquear ni la reina Letizia con su camisa de lunares.

¿Qué le dice la gente al verle jugar? “Deben de decir: ‘Pobrecito, cómo se entretienen estos viejos ahora’”, se ríe Josep, el octogenario de la tabla de cortar. El juego se llama bèlitbòlittala. “El béisbol de los pobres”, compara. “Entonces no sabíamos ni qué era el béisbol". Él jugaba con 9 años. Cuando terminó la guerra. “Y de adolescente también, porque no teníamos otra cosa”. Más de 70 años después, Josep sigue picando el bòlit (así llaman al cilindro) con maña de profesional. “El truco es darle aquí”, señala la parte afilada. Y te enseña a jugar en menos de lo que se tarda en conseguir un máster a lo Cifuentes. Antes se bateaba con una pala de lavar la ropa, justifica el poco reprís de su tabla. Su nieta partió una. No le saques el tema de las pensiones cuando está jugando. “No, porque diría disparates del Gobierno y no es mi estilo”, se ríe. “Si pudiera picar donde yo quisiera…”.  

'Triajoc' es un proyecto del Ayuntamiento de Santa Coloma y el centro L'Heura. Prevén sumar a los cuatro vídeos un documental y una exposición 

Josep Martinell, 88 años, solía ser ingeniero industrial. Aprendió a usar el ordenador a los 62. Ahora enseña cómo jugaba de pequeño por Youtube, como otros tres octogenarios de Santa Coloma de Gramenet. Al bèlit, a las bales, a la xarranca, al botxí. Los juegos de toda la vida, esos que debió de inventar Jordi Hurtado. ¿El objetivo? Recuperar los juegos tradicionales, dicen. Se trata de un proyecto del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet y el Centre de Normalització Lingüística L'HeuraTriajoc. Prevén sumar a los cuatro vídeos un documental, una exposición y actividades educativas.

Jardí de Can Sistere. No se ve ni una tablet a la redonda. Ni un mísero caramelo del Candy Crush. Si miras el mundo real, aquí descubrirás en el suelo casillas con números del 1 al 8 garabateados con tiza. Inconfundible: es la xarranca. La rayuela. Concepció Puig tira una piedra que termina en la casilla del 3, camina de número en número ayudada por un bastón. “Es que ya no me aguanto”, se disculpa por no saltar a la pata coja. Tiene 88 años también. “Antiguamente, siempre estábamos en la calle”, dice con morriña. “Antes solo pasaban carros”, apunta a la Rambla, donde se crio. “Ahora los niños si no están con el móvil y la tablet, ya no saben hacer nada”, suspira.

'Canicolimpiadas'

Joan saca del bolsillo una bolsa, enseña el interior con brillo en los ojos, como el que tenía el Tío Gilito al zambullirse en su piscina de monedas. Su tesoro: un puñado de canicas. Las bales. Aunque este es un juego tradicional que aún se ve por internet: hasta se pueden encontrar canicolimpiadas, carreras de canicas retransmitidas en vivo con más emoción que las de fórmula 1.

Joan López -“el hijo del cestero” para los vecinos con canas de Santa Coloma-, cumplirá 89 en junio. Él jugaba con canicas de barro, recuerda. “Y salieron unas de hierro –hace memoria- de La Maquinista. Hacían máquinas de tren y los empleados nos regalaban las bolas de los rodamientos. Hacían saltar todas las del hoyo”, dice con orgullo.

Jugar con huesos

La cuarta youtuber octogenaria es Rosa Esteve: enseña a jugar en internet al botxí. Las tabas. Ella no usaba de plástico, sino las originales: huesos de cordero. “Los egipcios ya jugaban con tabas”, apunta Joan. “Pero los juegos eran lo de menos –añade-. Lo importante era la convivencia. La modernidad ha hecho que la gente viva muy solitaria”.

Los cuatro parecen niños: juegan sin mirar el reloj y se disculpan cuando sueltan una palabrota. “Dicen que de mayor te vuelves niño y yo creo que debe de ser verdad esto –asegura Josep-. Porque cualquier cosa que tienes que hacer al día siguiente te ilusiona”.

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