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Sant Antoni, primera tienda de souvenirs, ¡ay!

A un mes de la apertura del mercado, llega a Borrell el primer establecimiento de imitaciones de 'trencadís', chancletas y camisetas de Mickey

Carles Cols

Temptations, con sus privilegiadas vistas sobre el mercado de Sant Antoni.

Temptations, con sus privilegiadas vistas sobre el mercado de Sant Antoni. / RICARD FADRIQUE

Es el cotilleo del día en Sant Antoni. A poco más de un mes de que se inagure el nuevo mercado, ha abierto sus puertas la primera tienda de souvenirs del barrio. Pequeña, sí, pero tiene todo lo que se le supone antes de ir a visitarla: camisetas mil veces vistas, otras de mal gusto, chancletas, imanes para la nevera y, por supuesto, porque esto es Barcelona, recreaciones del típico trencadís gaudiniano, que fue al modernismo lo que los canelones a la cocina autóctona, aprovechar las sobras.

La respuesta a la pregunta que seguro que se hace el lector es sí. Efectivamente, en el entorno inmediato del mercado no había hasta la fecha ninguna tienda de souvenirs. Había, y hay, más gastrobares que ningún otro ecosistema vecinal de la ciudad. Habían regresado desde hace ya algunos meses las inmobiliarias, con sus desopilantes anuncios en el escaparate. Ático de 60 metros cuadrados, más otros 12 de terraza, para entrar a vivir, eso dicen, por 489.500 euros. Pero tiendas de souvenirs, aseguran los sabuesos de Fem Sant Antoni, infalibles, no había ninguna. Vamos, un sorpresón, sí, pero también un bioindicador.

Las tiendas de recuerdos son la 'Caulerpa taxifolia' de los comercios, una especie que conquista hábitats como quien come pipas

Eso ya sucedió en los alrededores de la Sagrada Família cuando aún se pagaba en pesetas. Después, como una suerte de Caulerpa taxifolia comercial (ya saben, la famosa alga asesina que se escapó de un acuario de Montercarlo cuando aún se pagaba en francos y desde entonces reina en los fondos marinos mediterráneos), las tiendas de souvenirs colonizaron pronto otros hábitats. La Travessera de Dalt, por ejemplo, entre Lesseps y Alfons X, no tenía bastante pena con ser una calle bastante feota como para, además, ser ocupadas por este tipo de establecimientos que, como hitos en un sendero, señalan la ruta hacia el Park Güell.

Las tiendas de souvenirs han heredado, en ocasiones, locales icónicos, no necesariamente por su arquitectura, sino por aquello que vendían. Por llorar uno de ellos una vez más, snif, snif, sirve perfectamente el sepelio hace ahora un año de Jocs Mallart, de la calle de Jaume I, tienda irremplazable.

El caso es que las tiendas de souvenirs forman ya tanto parte del paisaje comercial de la ciudad que sorprende que en Sant Antoni no tuvieran una. Temptations, la han bautizado sus dueños, muy amables, por cierto, aunque algo emperrados en que me probara una camiseta de Mickey, lo cual a lo mejor es una señal a descifrar, porque la reciente lectura de El turista desnudo, de Lawrence Osborne, le proporciona a cualquiera que viva en un destino de ineludible visita (y Barcelona queda claro que lo es) una perspectiva nueva y aterradora. Explica Osborne (por cierto, el título, lo de desnudo, es literal) dos cosas a tener en cuenta, la primera que “la parodia es mucho más potente que la realidad”, y más paródico que las tiendas de souvenirs poco queda, y, segundo, que cuando un lugar adquiere el estatus de destino goloso, tiende a irremediablemente a una suerte de foto fija, para que el visitante encuentre todo aquello que supone que encontrará. “El mito del turismo se construye en torno a sitios que parecen inmutables: Disneylandia, por ejemplo, no cambia demasiado”, dice Osborne. Lo dicho. La camiseta era a lo mejor una señal.

La apertura de Temptations, por recapitular, es un bioindicador de que la tesis de que el mercado de Sant Antoni es la Sagrada Família laica de la Esquerra de l’Eixample no anda muy desencaminada, aunque con una diferencia importante. La Sagrada Família es prioritariamente lugar de paso de turistas. Sant Antoni lo es también de público local, es un barrio de moda, culinaria y, glups, inmobiliariamente de moda. Esa suma no se da en los alrededores del templo de Gaudí.

El mercado abrirá en mayo, eso dicen. Lo mejor que se puede esperar que las cosas no vayan a peor

La cuenta atrás para la apertura del mercado resulta a esta alturas más que evidente. No solo porque Sant Antoni tenga ya su primera muestra comercial de mejillón cebra, sino porque la presión sobre los vecinos poco ad hoc crece a pasos agigantados. A dos porterías de Temptations (calle Comte Borrell, 63) ha tenido lugar este miércoles un conato de desahucio en una de aquellas fincas adquiridas por un fondo de inversión, en Comte Borrell 59, que ya visitó el pasado enero estas páginas con una cariacontecida vecina, Rosa, pero esta vez los preocupados eran un grupo de okupas que han confraternizado tanto con el resto de vecinos de la finca que, llegado el momento, se han movilizado y han impedido que les echen.

Sant Antoni está en ese punto en que lo mejor que se puede esperar es las cosas no vayan a peor.

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