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BARCELONEANDO

La paradoja de Paco Gómez

El fotógrafo del desarrollo urbanístico del Madrid de los 50 y 60 tiene su legado en una ciudad que nunca retrató: Barcelona

Natàlia Farré

Un apartado de la exposición que Foto Colectania dedica al fotógrafo Paco Gómez

Un apartado de la exposición que Foto Colectania dedica al fotógrafo Paco Gómez / FERRAN NADEU

Nació en Pamplona (su madre así lo decidió y allí se trasladó para dar a luz) pero era madrileño. Y como tal ejerció. En la capital española desarrolló su profesión y su afición. Aunque la segunda acabó siendo la primera y la que le ha dado nombre. Era sastre. Y arrendatario. Confecciones en la calle de Montera, y alquileres en Serrano. A la fotografía dedicó las horas que no trabajaba. Enfocó Madrid por los cuatro costados: el centro y la periferia, también las grandes arquitecturas. Famosas son sus imágenes del edificio Torres Blancas, icono del Madrid de ayer, del de hoy y del de mañana. Pero si por su ciudad paseó, en Barcelona descansa. Su archivo, no él. Veinticuatro mil negativos y un millar de copias que su familia donó, derechos incluidos, a Foto Colectania. El sujeto en cuestión era Francisco Gómez (1918-1998), Paco Gómez para los amigos. Con el primer nombre firmaba, con el segundo ha pasado a la historia de la fotografía.

Su primera ampliadora la construyó con una caja metálica de Mantecados de Estepa

El porqué de una donación geográficamente tan lejana tiene mucho que ver con el compromiso no solo de preservar el fondo sino también de estudiarlo y difundirlo. Y en eso están en la fundación. Llevan varias exposiciones en distintas ciudades. Ahora toca en Barcelona. En el propio local de Foto Colectania, ese espacio que antes de equipar el alma y el intelecto equipaba caballos: la histórica tienda Comercial de Guarnicionería del paseo de Picasso. En la sala se exhibe; en la trastienda se conserva, con condiciones adecuadas de por medio, tan preciado tesoro. Eso no se enseña, pero debería. Tiene su gracia. Lo que sí está al alcance del ojo público son las 150 imágenes que recorren la trayectoria del personaje. La parte canónica, la más difundida, y la dedicada a la arquitectura, vertiente igual de importante pero menos publicitada del trabajo de Gómez.

'Tranvía en el paseo de Extremadura'. Madrid, 1959. / FRANCISCO GÓMEZ

"No pescaba ni cazaba"

Un fotógrafo capaz de imaginar el instante montones de veces antes de disparar la cámara. "No pescaba ni cazaba. Contemplaba y esperaba a que surgiera la cristalización poética con la luz, la forma, el acercamiento... Un instante que dura, que no es fugaz". Palabra de comisario y experto: Alberto Martín. Es el 'Instante poético' del que sale la mitad del nombre de la exposición. El otro 50% surge de su 'Mirada arquitectónica' que no era "la suma de edificios o la suma de fotografías de edificios"; sino que Gómez "conseguía construir la imagen arquitectónica, que es el equivalente a encontrar la realidad oculta de la poética arquitectónica". Vamos, que iba por libre y también a contracorriente en la rancia España del franquismo de los 50 y 60. Ni pictoralismo ni fotografía almibarada. Fotografía de autor.

'Vivienda unifamiliar'. Somosaguas, Madrid, 1959. /FRANCISCO GÓMEZ

No en vano era autodidacta. Empezó con la cámara que le regaló su madre para retratar a su novia. Y continuó fabricándose una ampliadora con una caja metálica de Mantecados de Estepa, una lámpara industrial de alumbrado público y un objetivo comprado en el Rastro. Luego pasó a frecuentar la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, a integrarse en el grupo Afal y después a constituir La Palangana para acabar erigiéndose como uno de los integrantes de la Escuela de Madrid. Y pese a que siempre se consideró amateur, era "el mejor fotógrafo" de la generación, afirma su amigo y colega Ramon Masats. Apostilla: "Ni más ni menos".

Con Masats, Gabriel Cualladó, Francisco Ontañón y Juan Dolcet recorrieron los bordes de Madrid, la periferia: Ciudad Lineal, el paseo de Extremadura, La Guindalera, el barrio de la Concepción o San Blas. Documentando así el desarrollismo y el crecimiento de Madrid. Una tierra de nadie entre el asfalto y el campo que Gómez retrató con una austeridad sin concesiones. Y los juegos de luces, las roturas de plano, las perspectivas imposibles y la repetición de formas las reservó para la fotografía de arquitectura que realizó para la revista del Colegio de Arquitectos.

Así fue este notario de la renovación urbanística de Madrid cuyo legado descansa, paradójicamente, en una ciudad que nunca retrató: Barcelona.