24 sep 2020

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BARCELONEANDO

Las escaleras mecánicas

En Barcelona se conocen tres clases fundamentales de escaleras mecánicas

Javier Pérez Andújar

Escaleras mecánicas en la Baixada de la Glòria, en Vallcarca.

Escaleras mecánicas en la Baixada de la Glòria, en Vallcarca. / ELISENDA PONS

Como estamos en vísperas de Resurrección, voy a hablarles de las escaleras mecánicas, que es la manera cotidiana que tiene la gente de ascender a las alturas. Igual que al traducir surgen falsos amigos, al trasladarse hay falsos opuestos. (Mi primer falso amigo me lo trajo de la mano el primer buen amigo que hice leyendo, pero tardé mucho en darme cuenta; fue en las aventuras de Tintín, donde traducían 'je suis desolé' por 'estoy desolado', cuando basta con decir 'lo siento' y, claro, quien quedaba desolado era yo al ver tan compungidos a los personajes por un simple tropezón en la calle). Las escaleras mecánicas pertenecen a los medios de transporte estáticos; pues, al decir de Camilo José Cela, se conocen dos clases principales de medios de transporte: los estáticos y los dinámicos.

Hoy ya nadie quiere acordarse de Cela; representó una época a la vez que una literatura

Hoy ya nadie quiere acordarse de Cela. Representó una época a la vez que una literatura, y aquella fue una época de la que nos avergonzamos y hasta habrá quien se arrepienta de ella. Y como vivió más que esa época, le dio tiempo a ser testigo, si no protagonista, del hundimiento (por citar intencionadamente la película de Bruno Ganz). Si hasta cuando en la vejez le dieron el Nobel de literatura, solo faltó que dijeran: algo habrá hecho. Camilo José Cela fue la voz bronca de una España pobre y resentida (para variar). Umbral lo consideró el último coletazo del 98. Aun más, decía que todo Cela era un 98 completo. Pero hace tiempo que hemos cruzado otro 98, hemos dado la vuelta a otro siglo, y la huella de Unamuno, Baroja, Azorín..., ya es un fósil como las huellas de Laetoly, en Olduvai. Ahora andamos sobre el suelo sin pisar. Hay un Cela de campo (Pascual Duarte, 'Viaje a la Alcarria'...) y hay un Cela de ciudad ('La colmena', 'San Camilo 1936'...). El de campo linda con Delibes ('Diario de un cazador', 'Los santos inocentes', 'Las ratas'...) y el de ciudad va a dar al propio Umbral ('La noche que llegué al Café Gijón' es una Colmena para voz solista).

Un tipo de escritor

Camilo José Cela ha sido, además de una literatura, el fin de una literatura, pero sobre todo fue un tipo de escritor que nunca va acabarse. Cuando, hace un año o así, se puso de moda hablar de prosa cipotuda se estaba invocando a Cela a través de su ouija de Archidona. Cela, como artista, funcionaba por provocación. Como literato lo hizo todo, desde el costumbrismo (la mayoría de sus cuentos) hasta la vanguardia ('Oficio de tinieblas 5', 'Cristo versus Arizona'...). Como personaje, destruyó todo lo que tenía, incluido su propio nombre, que quedó reducido a tres letras, CJC, unas siglas, un acrónimo en la época de la ONU, la Renfe, luego, los partidos políticos... Haber estado enganchado a Cela tiene el cuadro de toda adicción. Aunque se haya dejado radicalmente, aunque se lleve siglos sin meterse, siempre se sabe que lo tiene uno dentro, y lo rehuye por instinto de supervivencia, porque, si se cae de nuevo, se deja de ser uno mismo para convertirse en rehén de ese viejo monstruo. A Cela le traicionó el destino, al final el futuro se burló de él desde las tinieblas del diccionario. Cela no pudo dar su apellido a las letras como los grandes. Se utilizan, para los casos más diversos, los adjetivos dantesco, kafkiano, quijotesco, lorquiano, cervantino... Pero respecto a Cela, lo más parecido que dice la gente es celíaco.

Las escaleras mecánicas que nunca funcionan son, por supuesto, las del metro

Las escaleras mecánicas, en la cosmogonía de Cela, son un medio de transporte estático, y al igual que los caballitos, la noria, el ascensor, dejan en el eje de partida. Serían los medios dinámicos los más usados: el barco, el avión, el tren, el taxi, el coche de Uber... Lo opuesto de las escaleras mecánicas (disculpen, se me ha ido el santo al cielo hablando de Cela, lo adoro), el verdadero antagonista de este tipo de escaleras no son las escaleras fijas, sino el ascensor. Las escaleras fijas deben considerarse antes un falso amigo. En Barcelona se conocen tres clases fundamentales de escaleras mecánicas. A) Las de Led Zeppelin o de barrio. B) Las propias de cuando se va a Barcelona. Y C) Las que nunca funcionan. Las de Led Zeppelin pueden recibir asimismo el nombre de escalera hacia el cielo, pues ascienden a cielo abierto por la montaña, y son las más recientes. Aparecen en los barrios empinados, y están puestas para que la mano de obra que ha envejecido allí pueda volver a su casa sin que se le corte el resuello en los últimos días de su vida. También ayudan a los turistas a llegar al parque Güell. Las escaleras mecánicas que nunca funcionan son, por supuesto, las del metro, y tienen dos maneras diferentes de no funcionar: absoluta y de arranque. Y las propias de cuando se va a Barcelona son las del Corte Inglés. Durante generaciones, la gente que no ha tenido dinero para las Golondrinas, sí que, en cambio, ha podido montarse en estas gratuitamente. Junto con la Sagrada Familia, llegaron a ser una de las atracciones de la ciudad más celebradas por los moradores del extrarradio. Y de las más longevas, ya que su opuesto, el ascensor social, ha dejado de funcionar absolutamente, y estas aún siguen.