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el problema de la heroína

Desmantelados dos narcopisos a solo 200 metros del Ayuntamiento de Barcelona

Ambas viviendas de la droga, en las que había una quincena de drogadictos, estaban en el Gòtic Sud

Los vecinos denuncian que los altos alquileres generan pisos vacíos en el corazón turístico de Barcelona

Beatriz Pérez

Redada policial en el número 7 de la plaza de los Traginers. / FERRAN NADEU

Redada policial en el número 7 de la plaza de los Traginers.
 Redada policial en el narcopiso del número 7 de la plaza de los Traginers.

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Unos 200 metros en línea recta, unos 350 metros a pie por el camino más corto, cuatro minutos de paseo. Estas son las distancias que hay entre los dos narcopisos desmantelados este martes por la Guardia Urbana y los Mossos d'Esquadra y el Ayuntamiento de Barcelona, en la plaza de Sant Jaume. No hay mejor símbolo de la magnitud del problema que sufren Barcelona en general y Ciutat Vella en particular.

También es simbólico que el operativo policial haya tenido lugar en el Gòtic Sud y no en el Raval, el barrio del distrito donde hasta ahora se habían concentrado las redadas. En concreto urbanos y mossos han entrado en torno a las cuatro de la tarde en dos viviendas de la droga ubicadas en los bajos del número 7 de la plaza de los Traginers y del 1 de la calle del Hostal d'en Sol, justo al lado. 

"¡Bien por la policía! ¡Este es el barrio que queremos!", gritaba entre aplausos desde un balcón una vecina mientras la Guardia Urbana se llevaba detenido a uno de los narcotraficantes. En total se ha detenido a dos personas. Además, se han decomisado pequeñas cantidades de cocaína y heroína. En el momento del registro había una quincena de personas que se inyectaban, fumaban o esnifaban una u otra droga. Lo de siempre, vamos.

El bajo del número 7 de la plaza de los Traginers llevaba cinco meses ocupado por traficantes. "Ha sido horrible. Trepaban por los patios de luces, te encontrabas jeringas en el suelo, robaban en las tiendas... Y traían guiris a pincharse", cuenta Tizziana, una vecina de la plaza. Según los comerciantes de la zona, el bajo de Traginers llevaba años desocupado. Aseguran que su dueño pedía unos 2.000 euros por el alquiler de un local de 70 metros cuadrados. "Y obviamente estaba vacío", lamenta esta vecina.

Alquileres elevados

"Por aquí abundan los pisos y los locales vacíos porque los dueños ponen alquileres muy elevados. Este local llevaba 10 años sin gente en su interior", certifica un comerciante de la zona que, por seguridad, prefiere mantenerse en el anonimato. Forma parte del Grupo de Comerciantes y Vecinos Afectados por el Tráfico de Estupefacientes en Traginers y Cercanías'. "Enseguida vimos que es un problema más grande que afecta a todo el barrio. Ahora mismo hay dos narcopisos más en el número 4 de la calle de En Groc y en el 4 del Correu Vell", asegura.

Este comerciante aterrizó en Traginers en el 2001. "Esta plaza fue uno de los últimos guetos del Gòtic. Aquí se consumía heroína hasta hace 20 años", dice. Ahora la droga vuelve a esta plaza ubicada no solo en el corazón de Ciutat Vella, sino en el del negocio turístico de la ciudad.

"Es un tema social. Hay mafias aprovechándose de toxicómanos. Está sucediendo en otras ciudades de España y de Europa", concluye este comerciante de la plaza de los Traginers afectado por los narcopisos que en los últimos meses se ha estado documentando sobre el fenómeno.

Mientras los vecinos explican los horrores de convivir con los narcopisos, un grupo de 15 turistas llegan en monopatín a la plaza y miran, sin entender nada, a los agentes policiales (algunos con pasamontañas) custodiando los dos narcopisos que, desde este martes, ya no lo son. Porque tanto la plaza de los Traginers como la calle del Hostal d'en Sol se encuentran pegadas a la muralla medieval de Barcelona. Es decir, son una zona de paso obligada para todo aquel extranjero que decide visitar la ciudad, a diferencia de las profundidades del Raval.

Robos y tirones

Los vecinos de esta zona del Gòtic, que en su momento presentaron quejas y denuncias, creen que los narcotraficantes de la plaza de los Traginers y de la calle del Hostal d'en Sol tenían relación entre sí. Supieron enseguida que este último local había quedado vacío tras fallecer el inquilino.

El local del Hostal d'en Sol había sido ocupado en diciembre. "Había peleas callejeras, alguna de ellas con cuchillos. En el portal había olor a orina... Era una situación de degradación humana", explica Martí, administrador de este bajo. Los vecinos del inmueble avalan sus palabras. "Cada día había robos, tirones, gente durmiendo en la escalera... A mí me entraron a robar en casa. Era imposible salir a la calle porque había mucha inseguridad", relata una vecina que también opta por el anonimato.

El vecindario, no lo esconde, está visiblemente asustado y por eso la mayoría prefiere no dar su nombre. "Cámaras no", dicen algunos. Eso sí, quieren hablar con la prensa. "Aquí, a partir de las ocho, no se podía ni estar. Había que meterse en casa porque esto daba miedo. Parecían muertos vivientes", comenta una vecina de la plaza de los Traginers que trabaja en Sant Antoni. Este último detalle no es banal, pues este barrio también está afectado por los narcopisos desde hace poco. La plaga, imparable, ha salido ya del Raval.

El Grup Demòcrata exige a Colau mano dura con los narcopisos

El Grup Demòcrata en el Ayuntamiento de Barcelona ha denunciado este martes la extensión de los narcopisos más allá del Raval. De hecho la extensión no es tal porque ya en el 2017 la policía tenía localizados pisos de la droga en otros barrios de Ciutat Vella e hizo intervenciones en ellos. La concejala Mercè Homs, horas antes de la intervención policial y desde la propia plaza de los Traginers, situó hasta cinco edificios en la zona utilizados como punto de venta de droga. Homs pidió a la alcaldesa Ada Colau que demuestre "tolerancia cero con la venta de droga" y avisó de que aún están "a tiempo" de evitar que "la situación se salga de madre" como sucede al otro lado de la Rambla.

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