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RED DE APOYO ANTIRRACISTA

Mujeres, migrantes, pobres y en pie

Un colectivo de mujeres de Ciutat Vella usa la serigrafía como una herramienta para luchar contra el racismo, la discriminación y la violencia hacia las mujeres

Denuncian a través de camisetas y bolsas las injusticias que sufren a diario en un proyecto de autoempleo con el que también quieren luchar contra la exclusión laboral

Helena López

Mujeres jóvenes migrantes organizadas en un taller de serigrafía. / MÍRIAM LÁZARO

Son mujeres, migrantes, pobres y rebeldes. Son también jóvenes y especialistas en hacer añicos prejuicios y etiquetas. Iman, vecina de la Ribera desde los 12 años, hace ocho, cuando abandonó junto a su familia su Tánger natal, reivindica convencida su feminismo bajo su velo, al que no piensa renunciar. Iliana, a sus 19 años, es la única chica negra, migrante, de su clase de la facultad en la que estudia Ingeniería. Es también amiga y vecina de Iman, con quien ha compartido largas tardes de adolescencia en el barrio. Las escucha orgullosa Rosa, madre de la iniciativa y activista del Espacio del Inmigrante.

"Somos un grupo de mujeres inmigrantes trabajando y aprendiendo juntas la técnica de la serigrafía”, señala Rosa, quien entiende la serigrafía como una herramienta para luchar contra el racismo, la discriminación, la violencia hacia las mujeres. "Hemos buscado mensajes sencillos y claros con los que llegar a la conciencia. Las mujeres migrantes vivimos incluso una triple discriminación por ser mujeres, por ser inmigrantes y por ser pobres. Creemos que es más fácil que llegue nuestro mensaje a una persona joven, que quizá no se va a poner a leer un libro sobre teorías feministas o anticoloniales, a través de un mensaje estampado en una bolsa o en una camiseta", resume la costariquense. Además, mientras piensan y diseñan los lemas crean una red de apoyo mutuo.

Iman, Rosa e Iliana, la semana pasada en el Pati Llimona / FERRAN NADEU

La idea se le ocurrió tras la compra de las máquinas de serigrafiar del espacio Veus amb Veu, en el Raval, para iniciar con la colección de moda Top Manta, proyecto nacido del Sindicato Mantero, hermano también del Espacio del Inmigrante. "Vi que era necesario buscar un espacio solo para mujeres, donde compartir nuestras experiencias como migrantes. Primero la idea es que fuera para mujeres manteras, pero en seguida vimos la necesidad de abrir el espacio a otras chicas migrantes del distrito. Para mí este colectivo es un espacio donde luchar. Una lucha que vamos a ganar", explica Iman, quien también cree en el proyecto como una posible salida laboral. Quieren hacer una web en la que vender sus diseños.

"Estoy harta de que que me digan que si quiero trabajar en una tienda de ropa me tengo que quitar el velo"

Iman

Vecina de la Ribera 

"Aunque lo que a mí me gustaría ser, y seré algún día, es educadora social", prosigue la joven quien lleva haciendo de voluntario con los menas del Forat de la Vergonya desde que llegaron. “Me acerco a ellos y les ayudo en todo lo que puedo. Haciéndoles de traductora, acompañándoles al médico o simplemente escuchándoles o bajándoles un bocadillo”, cuenta la chica, quien hace de voluntaria enseñando castellano a estos chicos.  

A la práctica lleva años haciendo de educadora de calle de forma extraoficial y voluntaria, aunque es referente en el barrio. “He estado mucho tiempo luchando por ellos y lo seguiré haciendo, pero ahora quiero luchar también por mí. Estoy harta de que que me digan que si quiero trabajar en una tienda de ropa me tengo que quitar el velo y ahora quiero denunciar esa doble discriminación a través del arte y junto a mis compañeras”, prosigue Iman.

Algunas de las camisetas, en el taller de Veus amb Veu, en el Raval / MÍRIAM LÁZARO

Iliana se sumó a la iniciativa porque lo vio como una posible salida laboral y porque le encantó la idea de trabajar codo con codo con otras chicas del barrio, con las que ya había buen rollo, como con Iman. "La universidad es muy cara, necesito dinero y es muy difícil encontrar trabajo. Me dicen que sin experiencia, nada. Y claro, es imposible saber si el motivo es que no tengo experiencia o es otro. Tampoco me dirán a la cara que no me cogen porque soy negra", se sincera la estudiante de primero de Ingeniería quien tiene muchas esperanzas puestas en el proyecto. "Cuando nos escuchamos las unas a las otras somos un poquito más libres. Cuando nos concienciamos de las distintas opresiones que sufrimos, somos un poco libres", coinciden. Y eso se refleja en sus diseños, en los que puede verse una mujer con hiyab, una zapatista con el texto "las mujeres por la dignidad indígena" o camisetas con un "este cuerpo es mío, no se toca, no se mata, no se viola" estampado en el pecho.

A las tres se les quedó marcada la experiencia casi mágica vivida en la histórica manifestación del 8 de marzo, a la que acudieron juntas para visibilizar su lucha y su trabajo. "Fue brutal como nos arroparon y cómo gustaron nuestros diseños. Eso nos dio un subidón de energía. Somos un proyecto muy pequeño y con muy pocos recursos, pero tenemos mucha ilusión, ideas y muy claro que este lucha la vamos a ganar", concluyen Iman e Iliana con aquella sonrisa sincera de saberse cerca.