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BARCELONEANDO

La resurrección de 'El segador'

El Pavelló de la República acoge una reproducción de la mítica obra que Joan Miró realizó para la Exposición Internacional de París de 1937

Natàlia Farré

La reproducción de El segador de Joan Miró, en el Pavelló de la República. 

La reproducción de El segador de Joan Miró, en el Pavelló de la República.  / FERRAN SENDRA

Decir 'Guernica' es ver el cuadro homónimo de Pablo Picasso. Decir 'El segador' es no ver nada. No en vano el mítico mural que hizo Joan Miró para el Pabellón de la República de la Exposición Internacional de 1937 no existe. Desapareció. Ambas piezas estaban cara a cara y eran, con permiso de 'La Monstserrat' de Juli González, las dos grandes obras que defendían el gobierno legítimo en París en medio de la guerra civil. Miró se sentía muy orgulloso de ella, no solo porque era su primer gran mural sino porque la pieza, de una calidad y fuerza indiscutibles, debía viajar por Europa junto con el 'Guernica' para recaudar fondos para la causa republicana. Así se lo contó el artista a su amigo Joan Prats vía epístola. No ocurrió. Acabada la exposición el pabellón se desmontó. El 'Guernica' partió y 'El segador' se esfumó. Nadie sabe a ciencia cierta qué pasó. Algo o mucho tuvo que ver la técnica con la que se realizó. Miró lo pintó encima de seis plafones de 'celotex', o lo que es lo mismo, directamente sobre la pared del edificio. Quizá se destruyó al derruir el pabellón, aunque también hay quien dice que se desmontó y las seis partes embarcaron rumbo a València, capital de la República por entonces.

El original, en color y de colosales dimensiones, desapareció tras la cita y nunca se ha encontrado

Lo cierto es que nada se sabe de él. Miró intentó encontrarlo en 1952 a través de Josep Lluís Sert, arquitecto del edificio junto a Luis Lacasa, y Domènec Escorsa, otro de los profesionales que participaron en la construcción. No tuvo éxito. Tampoco lo tuvo la fundación del pintor cuando lo intentó en los años 60. No hay ninguna pista de lo ocurrido con la obra de arte. Y a estas alturas, pocos confían en encontrarla. Así que nada mejor que tener buenas ideas. En la Galeria Mayoral tuvieron dos: la primera, conmemorar los 80 años del pabellón y homenajear a los creadores que participaron con la exposición 'Artistes revolucionaris' que el año pasado recorrió Londres, París y Barcelona. Para la ocasión hicieron una reproducción de 'El segador'. Las mismas dimensiones pero en blanco y negro. Porque en blanco y negro son los testimonios fotográficos que han quedado del mural. Poner color hubiera sido falsear la realidad. Así se decidió con los herederos del pintor y la Fundació Miró.

Reproducción del mítico 'El Segador' de Joan Miró.

¿Por qué lo hicieron? "La motivación principal es que estamos convencidos de que debido a su pérdida se le ha dado menos importancia de la que realmente tenía. Es una obra capital y seguramente era una de las obras clave para entender el siglo XX y la guerra civil, como pasa con el 'Guernica' de Picasso", apunta Jordi Mayoral. De la misma opinión son en la fundación. "Era importantísima para Miró y de existir sería importantísima por todo lo que significa. No solo por su asociación a la política y su contribución a la República, sino también por su calidad como pintura mural. Fue la primera obra de grandes dimensiones que hizo Miró", aclara Teresa Montaner, jefa de conservación del centro.

Delante del 'Guernica'

La segunda gran idea que tuvieron en la Mayoral fue cederla en lugar de darle el mismo destino que el original. Se la han dado a la Universitat de Barcelona para que luzca en el Pavelló de la República, la reproducción del edificio original que se levanta en el Vall d’Hebron desde 1992. El mural ocupa el mismo lugar que ocupaba en 1937. Delante del 'Guernica', también hay una reproducción, y justo en el punto en que las escaleras suben al primer piso. Desde allí 'El segador', conocido además como 'Payés catalán en rebeldía', como el propio Miró la definió, emerge como un volcán. El personaje hendido en la tierra y tocado con una barretina intenta alcanzar con una mano una estrella, como símbolo de libertad, mientras con la otra blande una hoz. "El campesino catalán es símbolo de la fuerza, la independencia, la resistencia. La hoz no es un símbolo comunista. Es el símbolo del segador, su herramienta de trabajo y cuando ve amenazada su libertad, su arma", afirmaba Miró.

Una pieza realizada con el mismo espíritu, la misma finalidad y en el mismo momento que el ‘Guernica’ pero a diferencia de la obra de Picasso, Miró no la pintó sobre una tela sino sobre la propia pared del edificio. De ahí su mala suerte.

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