Ir a contenido

TENDENCIA URBANA

Los clubs de estilo inglés despegan en Barcelona

Tras el éxito del Soho House, llegan Hedges Club y The Wild Bunch, dispuestos a potenciar las relaciones sociales y de negocios en un ambiente hedonista

El club de la calle de Balmes, también mixto, abrirá un espacio para potenciar los encuentros femeninos

Patricia Castán

Youcef Aden y Sally, del Hedges Club. / RICARD FADRIQUE

Youcef Aden y Sally, del Hedges Club.
The Wild Bunch.

/

Los grandes negocios, de presente o de futuro, muchas veces precisan de un detonante o una rúbrica alejada de la formalidad de un despacho. En un ambiente relajado suelen surgir sinergias que depararán acuerdos financieros o el lanzamiento, por ejemplo, de una start up revolucionaria o una idea emprendedora. Lo saben sobre todo en Londres, donde los clubs privados han sido lubricante de relaciones sociales y económicas durante décadas. Nada de bares públicos, sino espacios similares pero solo para socios y sus (muchos) invitados, donde distenderse con mayor confianza en cualquier horario. Una fórmula con escasa tradición en Barcelona y que ahora empieza a ampliarse.

En la capital catalana, el Círculo Ecuestre es un referente (1856) de asociación exclusiva de profesionales donde sus miembros combinan negocio y ocio, fomentando las relaciones empresariales a alto nivel. No obstante, lo rigen ciertas exigencias formales de acceso (tanto de trayectoria, como de estética para acudir a sus encuentros), con las que los nuevos clubs son más flexibles. En octubre del 2016, la apertura del Hotel Soho House trajo de la mano un nuevo club, donde el requisito fundamental no era el poder o el dinero, sino estar vinculado a la industria creativa. Allí se llevan a cabo entre 50 y 60 actividades mensuales (de preestrenos de cine a workshops artísticos, charlas y música en vivo, además de su gimnasio) que promueven la interacción más influyente entre sus miembros (e invitados) con una cuota anual de unos 1.500 euros. 

El nuevo giro lo dan ahora dos nuevos espacios que abren ese pujante marco de networking, interacción social y de negocios, e incluso intergeneracional. Una tendencia que también se abre paso en otras grandes ciudades europeas, pero que en España empieza a filtrarse desde Barcelona. 

En plena Balmes

En abril abrirá sus puertas Hedges Club (ahora en rodaje y captación de socios), un club privado con un nombre que fue una institución en el Reino Unido -Hedges & Butler, donde coincidieron desde estrellas del rock a los príncipes de Gales- y que inicia su expansión europea, aspirando a ser refugio de empresarios y artistas locales miembros, así como celebridades de paso por la ciudad. Su impulsor y CEO, Youcef Aden, quiere ser el embajador de ese espíritu de club londinense en la capital catalana. El espacio elegido se encuentra en Balmes, 220 (por encima de Diagonal), en un espacio ecléctico y abierto a los socios que selecciona personalmente o de la mano de sus ya miembros honorarios. Allí se habla de proyectos y alianzas, pero apenas de política. 

Durante su gestación ha reclutado a unos 250 socios (hombres y mujeres), esencialmente del ámbito empresarial, directivo y artístico (de la literatura a la comunicación), que rondarán los 400 cuando funcione completamente. El local cuenta con una primera zona pensada para encuentros de negocio, aunque a partir de una cabina de teléfono londinense versión 2.0 está prohibido utilizar dispositivos móviles e internet en la zona Burlington, con claro espíritu británico. Se preserva así una intimidad que propicia los acuerdos y contactos profesionales, que se pueden rematar alegremente (si se gusta) en una fascinante barra diseñada por el artista mexicano Ricardo Guillén. 

Pero el Hedges no es un club de ocio (la entrada es muy selectiva), sino que persigue la santísima trinidad de "trabajar, negociar y celebrar", por lo que no faltan wifi, impresora, escáner, fotocopiadora, monitores, USB, servicios de asesoría y contabilidad... todo ello en un ambiente chic y en horario de ocho de la mañana a tres de la madrugada, de lunes a viernes y eventualmente en fin de semana. Tras ser admitido, la cuota mensual es de 75 euros e incluye una botella de champán al mes. En el interior, se puede tomar cualquier bebida prémium y desayunar desde huevos Benedict a crepes, así como comer o cenar un repertorio de platos que priman el producto y la presentación (cremas, ensaladas y, sobre todo, carne de wagyu). El servicio distendido transmite la sensación de estar en casa. También acogerá eventos especiales.

Fiel a su espíritu fundacional, el club quiere dar alas a la presencia femenina, por lo que prepara la apertura de un espacio contiguo con una zona diurna y un horario de club femenino con una cuota simbólica de 10 euros mensuales.

Pequeño formato

No muy lejos, en la calle de Espinoi, entre Sant Gervasi y el Putxet, ha aflorado un espacio único impulsado por el empresario y consultor deportivo Uri Bueno, que aunque también es un club "de negocios y social de estilo British", solo para socios y amigos, tiene un formato menor y tal vez más relajado. Inspirado en los lobis británicos del siglo XVIII, The Wild Bunch ('Grupo salvaja'; homenaje al western crepuscular de San Peckinpah) es un seductor espacio envuelto en verde oscuro y cuadros británicos que se ha vestido con sofás chester negros, mobiliario con solera, billar, gran pantalla de TV, biblioteca con incunables, mostrador de puros (recuperado del antiguo Drolma), fantástica barra de bar, terraza para fumar, servicio de mayordomo... y otros reclamos.

Seleccionan con calma y aún no llegan a la cincuentena de miembros, con el techo de un centenar, previa entrevista personal con Bueno, que allí tiene su despacho profesional. Solo aspira a atraer a su club a personas "normales" y que sintonicen entre sí -cuota particular de 100 euros o empresarial de 300-, y también ofrece tres despachos profesionales a precios asequibles y alquiler del espacio para encuentros y presentaciones.

Hacer negocios entre generaciones y ámbitos (de abogados a diseñadores y empresarios) es viable por la vía más ortodoxa, o en el marco de sus veladas gastronómicas (de 4 a 50 comensales) y sus salidas, sean a la costa o al circuito de F1. Una gran foto de Maradona y una réplica de la Copa del Mundo recuerdan que aquello también es territorio deportivo y que en los encuentros para ver fútbol se puede gritar a pulmón sin cortapisas, puntualiza su artífice. De momento las socias femeninas son el 10%, por lo que están alimentando eventos que abran paso a más mujeres para compartir business y también tertulias sin final.

La tradición de los clubs ingleses

Este tipo de asociación privada nació en el siglo XVIII, sobre todo en el West End de Londres e inicialmente solo para los caballeros de clase alta. Luego fue extendiendo su manto a clases medias-altas, aunque con estrictas condiciones para ser miembro. En las últimas décadas el concepto sigue vivo pero mucho más abierto; son privados pero cada socio puede llevar invitados, y se aceptan celebridades en visita ocasional. Son un referente en las relaciones empresariales y sociales, pero con un componente hedonista: se sirven bebidas premium y se suele comer bien. Se garantiza el ambiente social adecuado, destacan, sin presencia de clientela que no encaje en el estilo o ambiente, ni de prostitución. No obstante, en muchos se celebran sonadas fiestas que pueden atraer desde a Mick Jagger o Beyoncé hasta el díscolo príncipe Harry.

Temas: Tendencias

0 Comentarios
cargando