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BARCELONEANDO

La locura (espacial) de la Casa Fullà

El primer edificio de Òscar Tusquets y Lluís Clotet fue tan peculiar como experimental, se creó con idea de comunidad y en él se asentó la contracultura de los 70

Natàlia Farré

El interior de la Casa Fullà, con su señalética especial, sus suelos hidráulicos, sus paredes de ladrillo y una farola por lámpara. 

El interior de la Casa Fullà, con su señalética especial, sus suelos hidráulicos, sus paredes de ladrillo y una farola por lámpara.  / JORDI COTRINA

¿Quién no conoce el Walden-7? Pocos. La respuesta a la misma pregunta sobre la Casa Fullà sería diametralmente opuesta. Y eso que el edificio en cuestión es anterior al de Ricardo Bofill. Comparte postulados, como el de sentido de crear comunidad, pero no comparte escala. La casa que Òscar Tusquets y Lluís Clotet es mucho más modesta, en términos de volumen, pero igual de ambiciosa en cuanto a ideales. "¿Qué pretendíamos? Hacer el máximo número de viviendas posibles, todas diferentes: de uno, dos, tres dormitorios... para que hubiera una mezcla social en la misma casa, y un sentido de comunidad", reflexiona Tusquets. Lo consiguieron. Y además levantaron un edificio diferente. Muy diferente. No solo conceptualmente sino también físicamente.

Ahí está el uso del ladrillo, un material por entonces considerado pobre, y del mosaico hidráulico, nada de moda en los 70, tan válido para las zonas comunes como para las privadas. Y una única entrada con una escalera más que amplia, unos pasillos para los que el adjetivo ancho queda corto, y un patio de distribución para apartamentos que se solapaban. Treinta y tres viviendas únicas en distribución y metros cuadrados con accesos opuestos: para llegar a unas hay que bajar mientras que a las otras se accede subiendo. "Una locura espacial", afirma el arquitecto, que necesitaba libro de instrucciones para moverse. De ahí la peculiar señalética que creó Anna Bohigas. Y de ahí, también, que el notario pidiera ayuda para las escrituras. Necesitó la colaboración de Tusquets y Clotet, pues no se aclaraba con los planos.

Vista cenital del patio interior de la Casa Fullà. / JORDI COTRINA 

Sentimiento de comunidad y edificio nacieron a la par. ¿Fue la arquitectura o fueron los inquilinos? Difícil de saber. El tipo de bloque atrajo a jóvenes creativos, nada de familias convencionales. Músicos, artistas, escritores, realizadores... Figuras vinculadas con la cultura del momento, o sea, a la contracultura de los 70. Y su distribución facilitó el contacto. El resultado fue el conocido en el barrio, el Guinardó, como el 'edificio de los 'hippies''. Víctor Jou, el creador de Zeleste, fue de los primeros en llegar y allí sigue. Dispuesto a abrir la puerta a todos los estudiantes de arquitectura que quieren conocer el que fue el primer proyecto de Tusquets y Clotet, y el más autónomo: "En una vivienda colectiva nunca más hemos vuelto a trabajar con esta libertad".

De Brossa a Bellmunt

Jou recuerda las fiestas que se hacían y la osadía total con la que la gente saltaba de un piso a otro. Nadie cerraba las puertas. Ni Joan Brossa, que murió allí. Y que disfrutaba tanto de la casa que hasta escribió un poema sobre ella. Era casi como una comuna, hasta el punto de tener ideas tan disparatadas como plantearse poner lavadoras para uso de todos en los pasillos. Caber cabían, pero la idea no prosperó. Sí se materializó el nacimiento de Zeleste, que se gestó entre las paredes de la Casa Fullà. Hubo otros vecinos ilustres, como Francesc Bellmunt, Pau Maragall, Àngel Jové y Marta Pessarrodona, además de los promotores del invento: Ferran Fullà y Ana M. Briongos.

"Fue una experiencia que hoy sería imposible por muchos motivos, pero incluso entonces fue muy anormal, se llevó a cabo porque nos la encargó gente muy especial". Palabra de Tusquets, que también apela a la casualidad para explicar el nacimiento del proyecto. El caso es que Tusquets hacía el servicio militar en Lleida en el mismo momento que Fullà permanecía en la cárcel de la capital del Segrià encerrado después de ser juzgado por un tribunal militar junto con Manolo Vázquez Montalbán, Salvador Clotas y Martí Capdevila. Y el caso es, también, que pocos años después la madre de Fullà tenía unos terrenos en el Guinardó y el padre de su novia, Ana M. Briongos, las ganas de hacer de constructor. Faltaba el arquitecto. Y aquí apareció el recién licenciado en arquitectura que habían conocido en Lleida: Tusquets. El resto es historia que puede verse, junto a los otros proyectos firmados conjuntamente con Clotet, en la exposición que el COAC dedica a los dos arquitectos. 

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