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BARCELONEANDO

Indignados y explotados

Un nevazo en Barcelona dura lo que una república en un parlamento

Hemos pasado de pedir pan, tierra, libertad..., a convertirnos en adalides de la dignidad

Javier Pérez Andújar

Nieve en el Park Güell, en Barcelona, el pasado miércoles.

Nieve en el Park Güell, en Barcelona, el pasado miércoles. / JOAN PUIG

Al final nevó, pero resultaba más verosímil la nevada vista en la televisión que vista por la ventana. Nos estamos quedando sin realidad. Un nevazo en Barcelona dura lo que una república en un parlamento. Las cosas aparecen pero no cuajan. Cuajar es una palabra lejana, demasiado castellana para esta nada que hablamos, jerga de teleserie; demasiado de secano ahora que el agua se vende por litros en los supermercados. Cuajar es una voz petrificada, como Guadalajara. Suena más moderna la palabra de la que procede, coagular, aun siendo más antigua. Anhelamos ser mejores pero, como no sabemos la manera, esperamos que una fuerza exterior nos rescate. Los días de nieve son para eso, nos blanquean el historial. Entonces la meteorología es nuestra aliada y los hombres del tiempo, las mujeres del tiempo, recobran la condición mágica con que irrumpieron en los medios de comunicación.

Todas las épocas han dado a la historia su hombre del tiempo. Antoni Castejón ilumina el inicio de un sueño. Y la Barcelona que se transformó a sí misma, que en un triple salto mortal se hizo roja, posmoderna y neoliberal, fue contada día a día en sus nubes, en sus isobares de diseño y en sus isobaras de los mapas, por Alfred Rodríguez Picó. Es nuestro último mito en el chamanismo de la lluvia. Desde nuestros orígenes, que ahora son yacimientos; desde la cueva, y desde la virgen de la cueva, no hemos cesado de bailar la danza de la lluvia. Cada hombre del tiempo debiera tener una estatua en Barcelona, como homenaje al hombre y como homenaje al tiempo. Ahora que retiran la del emprendedor Antonio López podría el ayuntamiento levantar en su lugar una a Mariano Medina. Otro pionero, en lo suyo por supuesto. Nada más lleno de patriotismo y de ideología que el parte meteorológico (más audaz aun que soportar a un jefe de Estado perorando con la bandera de la patria a su espalda resulta ver al hombre del tiempo con el mapa del territorio detrás de él todo el rato. A la nación por conquistar se la llama territorio, así sucede desde las pelis de indios). Mariano Medina era el cabeza de familia de la Familia Ulises aureolado por el mapa de la península Ibérica. A ratos no sabía uno si estaban haciendo sociología o poesía.

A ratos no sabía uno si Mariano Medina, auroleado por el mapa de la península Ibérica, estaba haciendo sociología o poesía

Pertenezco a una generación que dejó de ver la tele precisamente cuando Picó empezó a dar la previsión del tiempo. Lo uno no era causa de lo otro, sino que cada edad tiene su miga, y entonces volvíamos a casa cuando la programación ya había terminado. Ahora hay programación permanente, es el trotskismo aplicado a la parrilla. Mi hombre del tiempo era anterior, fue Manuel Toharia, el Paco Ibáñez de los meteorólogos. Cada borrasca de Toharia era una canción protesta. Toharia publicó libros de meteorología popular y de divulgación científica, cantó canciones infantiles y también musicó a Alberti, y versionó a Brassens.

Meteorólogos con cuajo

Era un meteorólogo con toda la barba. Esto es una frase hecha pero llena de sentido histórico, pues entonces TVE venía de tener un hombre del tiempo que se había quedado sin bigote, pues se lo sacrificó a pecho descubierto en una apuesta con los espectadores sobre si llovería o no al día siguiente. Hoy no queda gente con el cuajo de Eugenio Martín Rubio. Pero, bueno, he empezado este artículo diciendo que ya no cuaja nada. La gente del tiempo de ahora representa a la vez nuestros sueños y lo que somos: un atajo de estilosos que ha cambiado su memoria por una cuenta en Instagram. A lo que antes llamábamos ideología ahora le decimos tendencias para ocultar así que nuestras ideas van a la deriva.

Nunca como hoy ha habido hombre y mujer del tiempo con más apego a la moda y gracia para llevarla como Martín Barreiro e Isabel Zubiaurre. Él durante el día, ella en la noche, son pura actualidad. En cuanto aparecen, interesa más lo que les ocurre a ellos que si hay chirimiri en el Cantábrico. Siempre hay algo mod en Martín Barreiro y siempre hay algo vamp en Isabel Zubiaurre, que nos recuerda que solo la frivolidad nos librará de estos tiempos de condena. Lo predijo Radio Futura: hemos caído enamorados de la moda juvenil. A diferencia de los rockeros, la gente del tiempo no hace predicciones, sino previsiones. Incapaces de decir por anticipado lo que va a ocurrir, tienen visiones previas. Jóvenes mutantes.

Nunca ha habido hombre y mujer del tiempo con más apego a la moda y gracia para llevarla como Martín Barreiro e Isabel Zubiaurre

Contrastando una foto de Mariano Medina con otra de Martín Barreiro se comprende mejor la ruptura entre izquierda y clase obrera, sobre la que se ha debatido esta semana. También puede verse tomando las palabras como símbolos. Hemos pasado de pedir pan, tierra, libertad, justicia, igualdad, solidaridad..., por este orden, a convertirnos en adalides de la dignidad. Desde tiempos del centurión romano de Cafarnaúm, no ha habido nada más clasista que la dignidad. Es un valor jerárquico para resaltar el mérito y la condición de quien lo ejerce. Una dignidad es una prebenda, y con este sentido se utiliza la palabra entre las autoridades de una Iglesia, de un ejército, de una Casa Real. No es lo mismo estar explotados que estar indignados.

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