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NUEVOS ACCESOS

Un budista en el calabozo

Las visitas guiadas entrarán a partir del 15 de marzo a las celdas del castillo de Montjuïc que los presos llenaron de grafitis

Ernest Alós

Uno de los calabozos del castillo de Montjuïc.

Uno de los calabozos del castillo de Montjuïc. / ELISENDA PONS

¿Quién fue el preso que, el 6 de enero de 1939, encerrado en un calabozo del castillo de Montjuïc cuando faltaban 20 dias para la entrada de las tropas de Franco, escribió en una pared unas líneas en sánscrito seguidas del mantra budista del bodhisattva de la compasión, 'Om mani padme hum' y el nombre de la capital tibetana, Lhasa? ¿Esperaba la ejecución más serenamente que el que escribió "sacadme de aquí que me vuelvo loco"? Seguramente no lo sabremos nunca. Aunque si alguien lo relaciona con el nombre que parece que la acompaña (¿Jaume Morgo?), bingo. Vaya usted a saber quiénes fueron también 'Los Nueve Gángsters de Kansas City' que también dejaron su huella en los muros. De momento, los visitantes del castillo se podrán hacer al menos la pregunta: este y otros cientos de grafitis, desde el último tercio del siglo XIX hasta 1941, han pasado años escondidos bajo manos sucesivas de pintura, en cinco calabozos del castillo donde penaron anarquistas durante las grandes huelgas del cambio de siglo, quintacolumnistas durante la guerra civil y republicanos en la primerísima posguerra. Hasta que una reciente resturación los ha dejado a la vista.

Uno de los calabozos del castillo de Montjuïc / ELISENDA PONS

Aquellos presos inscribieron en las paredes calendarios, recuentos de los días pasado en prisión, palito a palito, dibujos pornográficos, desahogos desesperados, proclamaciones ideológicas (vivas a la FAI y a la Falange, esvásticas y hoces con martillo) retratos de legionarios con pelo en pecho, guardias civiles bigotudos, Hitler, Mussolini, el ratón Mickey, algo que parece el escudo del Club Deportiu Júpiter...

El pasado 3 de febrero, y por primera vez en diciembre del año pasado, los participantes en el programa InMuseu, ese día excepcional de puertas abiertas a los cuartos trasteros de los museos, pudieron contemplar por primera vez los grafitis que dejaron, a lo largo de dos siglos, los presos encerrados en los calabozos del castillo de Montjuïc.

Ahora, a partir del 15 de marzo, la visita será posible en todos los días de apertura del castillo, pero siempre, por motivos de seguridad y para evitar que sigan añadiéndose grafitis contemporáneos, en las visitas guiadas al castillo. Cinco al día en temporada baja y diez en temporada alta, más las visitas escolares o las que pueden ser concertadas en grupo por la web.

Un preso escribió "sacadme de aquí que me vuelvo loco". Otro, un mantra budista

El comisionado de programas de Memoria del Ayuntamiento de Barcelona, Ricard Vinyes, y el responsable de Memòria i Tradició, Carles Vicente, han querido hacer públicas las últimas novedades en el castillo. "Queremos que no sea un espacio turístico, sino que nos hagamos nuestro un espacio que ha tenido un impacto enorme en la historia de la ciudad", explica Vinyes.

Un calendario en la pared de un calabozo del castillo de Montjuïc. /ELISENDA PONS

A ver si los barceloneses (el 85% de los 736.000 visitantes del 2017 fueron turistas) se animan. Aparte del caramelo de los calabozos, y el espacio de interpretación del espacio, y las exposiciones temporales, de momento, desde diciembre ya funciona un acceso con escaleras y ascensor, excavado dentro del Baluard de Sant Carles y que evita las duras rampas que se abren a izquierda y derecha tras el portón de entrada. Pronto entrarán en funcionamiento aulas para las visitas escolares (qué mejor lugar desde donde explicar la geografía de toda el área de Barcelona) y, en octubre, un restaurante con cara y ojos. 

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