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FIN DE LA TOLERANCIA

¿Y dónde aparco ahora mi moto en Barcelona?

El cumplimiento estricto de la ordenanza generará un serio problema a los motoristas a la hora de estacionar

Están vetadas las aceras de menos de tres metros y en la mayoría de ellas, deben dejarse en paralelo al asfalto

Carlos Márquez Daniel

Papel del ayuntamiento en el que se advierte al motorista del fin de la tolerancia en las aceras. 

Papel del ayuntamiento en el que se advierte al motorista del fin de la tolerancia en las aceras.  / XAVIER GONZÁLEZ

La decisión de empezar a multar a las motos mal aparcadas en las aceras generará un problema a las decenas de miles de personas que a diario se ponen el casco para ir de un lado a otro en Barcelona. Este es un vehículo cuya principal virtud es la de aparcar en la puerta, o muy cerca, del destino. Algunos lo verán como una mala costumbre, pero es lo que hay. Si esto ya no es posible, si hay que buscarse la vida por las calles buscando una plaza de aparcamiento, pueden suceder varias cosas. Ninguna de ellas parece muy halagüeña.

Si la acera está llena, porque al aparcar correctamente, esto es, en paralelo a la calzada, hay muchas menos plazas que en batería, que es lo habitual, es probable que tengamos que circular más tiempo de lo previsto, y con ello, generar más contaminación. Será en zonas muy concretas, básicamente en el Eixample y, sobre todo, en Ciutat Vella, donde ya de por sí, con la tolerancia en curso, es prácticamente imposible dar con un hueco. Si vamos buscando un sitio en el que aparcar, también aumentaremos el denominado tráfico de agitación, que es aquel que se genera, precisamente, cuando un vehículo, normalmente un coche, busca un lugar en el que estacionar.

Puede que muchos motoristas, a la vista de las dificultades que se les vienen encima, se pasen a otros medios de transporte. Lo ideal, pensará el gobierno de Ada Colau, es que transiten hacia el bus, el metro o la bici. Pero no serán cuatro gatos los que llegarán a la conclusión de que si ya no disponen de las bondades de las dos ruedas, lo más cómodo es pasarse al coche. 

Para evitar la multa

En el caso de que se siga apostando por la moto, ahí van las claves para aparcar sin encontrarse con una multa al salir. Lo primero y más importante es que está prohibido aparcar en aceras de menos de tres metros de ancho. Sobra decir que tampoco se puede dejar la máquina en los lugares en los que una señal lo prohÍba. Cuando no sea posible dejarla en la calzada en las plazas debidamente pintadas a tal efecto, los espacios peatonales se podrán usar en condiciones muy concretas. Nunca podrán estar a menos de dos metros de cualquier paso de peatones. Deberán estar dentro de una distancia de 50 centímetros del escalón que separa del asfalto. En las aceras de entre tres y seis metros, las motos tienen que quedar en paralelo a la calzada, jamás en batería, que es como están en prácticamente todas las calles del Eixample (de manera ilegal). Solo si el corredor destinado a los viandantes mide más de seis metros (casos muy concretos en Barcelona), la moto se puede dejar ladeada

Para acceder a las aceras, el motorista suele subir por el paso de peatones y pilotar hasta el lugar escogido para estacionar. Mal. La ordenanza prohíbe subir a ese espacio por el paso cebra y obliga a bajarse de la moto y a apagar el motor. Solo para salvar el desnivel entre la calle y la acera se puede usar la fuerza del motor. En todos los casos, además, se deberá dejar un espacio libre para los peatones de tres metros. No son demasiadas cosas a tener en cuenta. El problema es que si se tienen todas en cuenta, no hay espacio para todas las motos. Y ahí está el problema.  

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