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Otras visitas de los Borbones a Barcelona

Los reyes buscaron paz territorial con Catalunya asegurando beneficio y poder a la élite

Felipe V llegó con 18 años, estuvo siete meses y se fue con la guerra de Sucesión empezada

Visita de Alfons XIII al Salón del Automóvil de Barcelona, en 1924. 

Visita de Alfons XIII al Salón del Automóvil de Barcelona, en 1924. 

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Toni Sust

Finales de septiembre de 1701, un hombre joven, 18 años, se acerca a Barcelona en carruaje, rodeado de acompañantes. Poco después de pasar Sant Feliu de Llobregat, se topa con una delegación de la Universidad de Barcelona: el rector y el resto del claustro acuden a besarle la mano. Otras delegaciones le esperan por el camino. En Sants, cambia el carruaje por un caballo. En la ciudad, el' conseller en cap', Josep de Campany, le dice que Barcelona se postra a sus pies. El 2 de octubre hace su entrada oficial, con un recorrido que bien podría haber patrocinado Airbnb: la Rambla, Santa Maria del Mar, la plaza del Born.

El joven es Felipe V, rey de España desde un año atrás, el primer monarca español de la casa de Borbón, y el que más tiempo ostentó la corona: 45 años y 3 días. Después será el que peor prensa conserve en Catalunya: sucesor del último Austria, Carlos II el Hechizado, tiene que solventar sus disputas con algunos primos, lo que da pie a la guerra de Sucesión y, entre otros desenlaces, a la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714. Pero antes, en ese 1701, intenta contentar a los catalanes, como le recomienda su abuelo, Luis XIV, rey de Francia. Otros monarcas se aplican el cuento: complacer a la clase social y económicamente dominante a cambio de paz territorial.

En Barcelona, Felipe V también espera reunirse con su esposa por poderes, María Luisa Gabriela de Saboya, y confirmar su matrimonio, pero problemas en el viaje por mar de la susodicha la obligan a llegar por tierra y el encuentro se produce en Figueres. El 4 de octubre, Felipe V jura las constituciones catalanas. Convoca cortes, en la que se discuten leyes tras un siglo sin que se celebren. Hay discrepancias y amago de plantón al rey.

El Consell de Cent y la Diputació del General le piden que anule su derecho a vetar elegibles para las instituciones catalanas. Se niega. Sí concede algunas reformas legales y ventajas económicas: entre otros, dos barcos catalanes irán cada año a América a comerciar, la venta de licores a ciudades españolas pierde recargo impositivo. Obtiene la fidelidad de las instituciones y un donativo de un millón y medio de libras, no muy sustantivo. Cuando abandona Barcelona, en abril del 1702, la guerra ya ha comenzado.

58 años después

Pasan 58 años hasta que otro rey visita Barcelona. Es Carlos III de Borbón, hijo de Felipe V, que se convierte en rey al morir su hermano Fernando VI. Hasta entonces rey de Nápoles y Sicilia, regresa a España por Barcelona. El 15 de octubre de 1759 su barco ya está a la vista de la ciudad, pero la ausencia de viento retrasará dos días la llegada. Escribe a su madre: "De aquí diré a V. M., que estoy muy satisfecho de todo este pueblo, que hace locuras...". Se irá una semana después, no sin ofrecer obsequios a las élites barcelonesas: perdona el pago de impuestos vinculados al catastro y permite de nuevo que se porten armas, lo que estaba prohibido desde el final de la Guerra de Sucesión.

El idilio es comedido: un año después, recibe de representantes de Barcelona, Zaragoza, Valencia y Mallorca la Representación o Memorial de Agravios, en la que denuncian la discriminación que dicen sufrir desde el Decreto de Nueva Planta. El rey hizo caso omiso a la reclamación. De hecho, es Carlos III y no su padre el que concreta la prohibición del catalán en la educación y en asuntos comerciales.

El siguiente Borbón en presentarse en Barcelona es Carlos IV, en 1802, para ratificar en la ciudad el matrimonio de su hijo, el príncipe de Asturias, futuro Fernando VII el Deseado (cuando parecía que el fichaje sería un éxito) o el Felón (cuando quedó claro que jugaba solo para él), con María Antonia de Nápoles. Dicen que fue uno de los últimos momentos felices de la existencia del rey, aunque todavía viviría 17 años.

El peor rey de la historia

Carlos IV llega a la ciudad en lo que ahora sería una Diada, el 11 de septiembre. Era la primera vez que la visitaba, pese a reinar desde 1788. En Barcelona pone en práctica dos grandes aficiones: la caza y la pesca. Pero relega la caza por la escasez de presas en Pedralbes y Montjuïc. Así que se centra en la pesca. La estancia es considerable: los Reyes se van el 8 de noviembre.

Carlos IV buscó caza sin éxito en Montjuïc y Pedralbes y acabó centrándose en la pesca

Un cuarto de siglo después, Fernando VII, considerado el peor rey español de la historia, regresará a Barcelona. Lo hace en 1827, cuando logra poner fin a la guerra dels Malcontents, protoconflicto carlista provocado por absolutistas de carácter extremo partidarios de su hermano, Carlos María Isidro. Muertas ya las dos primeras, el rey llega con su tercera esposa, María Josefa Amalia de Sajonia, que hubiera preferido otro marido y, sin duda, otra noche de bodas. La pareja real dejó huella, en forma de placa, de su visita a unos baños públicos de la calle de Santa Mònica. Ella falleció poco después. Tenía 25 años.

Alfonso XII

El 9 de enero de 1875, Alfonso XII, nieto de Fernando VII, vuelve del exilio en la fragata Navas de Tolosa. Lo hace todavía como príncipe Alfonso y, como aquel ancestro, escribe a su madre, Isabel II, que sigue en París: “El recibimiento que me ha hecho Barcelona excede mis esperanzas y excedería tus deseos”.

Alfonso XII no es un Borbón al uso porque todo apunta a que siendo hijo de Isabel II no lo era de su padre legal, Francisco de Asís de Borbón, sino de Enrique Puigmoltó, un capitán de ingenieros, al que la familia real debería agradecer su aportación en la lucha contra los efectos de la consanguinidad: antes de su presunta intervención casi todos los borbones eran hijos de primos o sobrinos, y eso se notó. En la ciudad, proclama: “Si lograse hacer de toda España una Barcelona, estoy seguro de que habría hecho de mi patria una gran nación”.

Años más tarde, en 1885, recibe a una comisión que le entrega el Memorial en defensa de los intereses morales y materiales de Catalunya, después conocido como Memorial de Greuges, considerado punto inicial de la reivindicación nacionalista catalana y ante el que el rey poco tiempo tuvo de hacer: murió seis meses después.

Con el mismo fin que sus antepasados, afianzar el apoyo a la monarquía en Catalunya, su hijo póstumo, Alfonso XIII, hizo en 1904, con 18 años, su primera visita oficial a Barcelona. Es considerablemente conocida: es aquella en la que un joven concejal, Francesc Cambó, le hizo un discurso reivindicativo en defensa de la expansión de la ciudad. El viaje fue idea del presidente del Gobierno, Antonio Maura, que fue acuchillado sin consecuencias graves por un anarquista cerca de la basílica de la Mercè. Alfonso XIII guardaría relación estrecha con Barcelona en varios sentidos: la oligarquía catalana apoyaba sus guerras africanas por intereses económicos. Además, se proveía de pornografía filmada en la ciudad.

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No le llame Felipe

Más recientes en la memoria son las visitas del rey Juan Carlos I a Barcelona. Las oficiales, muchas, desde la de la boda de la infanta hasta la inauguración del Estadio Olímpico, a la que se presentó con un retraso incomprensible. También las privadas, a menudo para hacerse tratamientos ‘antiaging’ en la clínica Planas, frente a la entonces residencia de su hija Cristina. De Juan Carlos se destacan sus vínculos con Catalunya, donde ha cultivado amistades y conocido a grandes personalidades. Se reunió con Dalí, visitó a Pla y fue tratado en Oxford por el doctor Trueta, al que preguntó qué podía hacer para agradar a los catalanes. "No llame a su hijo Felipe", le aconsejó el médico.