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PLAN MUNICIPAL

Mujeres y jóvenes, las principales víctimas de la islamofobia en Barcelona

Dos musulmanes explican la realidad del colectivo y los retos de la ciudad un año después del inicio del programa contra la discriminación

Valoran como paso adelante la visibilización del problema y la conciencia de las víctimas de que tienen derechos y pueden denunciar

Helena López

Debate entre Hassoun y Aoulad, este jueves.

Debate entre Hassoun y Aoulad, este jueves. / RICARD CUGAT

Fátima Hassoun es vecina de Sant Andreu desde hace 20 años, donde desde hace 10 trabaja como mediadora intercultural, sobre todo en los barrios del distrito con mayor diversidad, como Trinitat Vella, el suyo, o Bon Pastor. Ante la pregunta de si en Barcelona se producen situaciones de islamofobia no duda: por supuesto. Lo tiene tan claro como quien es, a sus experimentados ojos, el colectivo más vulnerable: "sin duda, las mujeres". "En un seminario hace medio año recuerdo a una chica explicando entre lágrimas que en el trabajo le habían dicho 'o velo o trabajo'. Y ella se lo quitó, pero sentía que no era ella... ¿Por qué tenemos que vivir esas situaciones? ¿Por qué las chicas que llevan velo cuando hacen el currículum ponen la foto sin velo para evitar qu elas descarten ya de entrada?", reflexiona Hassoun, además de trabajadora municipal muy implicada en el plan contra la islamofobia, iniciado ahora hace un año, miembro de la asociación Stop als Fenòmens Islamòfobs a Catalunya (SAFI).

El segundo asunto que Hassoun pone sobre la mesa sobre la discrimación cotidiana que viven las mujeres musulamanas es en la búsqueda de vivienda. "El programa Barcelona Interculturalitat tiene un plan para concretar las citas con las inmobiliarias y mediar... pero la simple necesidad de la existencia de este plan demuestra el problema de islamofobia", señala la mediadora. "Si alguien detecta que no le alquilan el piso por ser musulmana, puede denunciar, existen herramientas, pero muchas veces las víctimas no conocen sus derechos y callan. Ahí radica la importancia del plan. Dar a conocer estos derechos", prosigue.

"La mujer musulmana que lleva hiyab ya de entrada es descartada para cualquier otra cosa"

Mustapha Aoulad

Presidente de SAFI

Mustapha Aoulad, presidente de SAFI y consultor externo del plan contra la islamofobia, coincide con Hassoun. "La mujer musulmana que lleva hiyab ya de entrada es descartada para cualquier otra cosa en el ámbito de la vida cotidiana. El prisma que existe es que las mujeres que llevan hiyab ya automáticamente están anuladas por sus varones, porque les han impuesto el velo. Si no está capacitada para decidir si quiere llevar hiyab o no, no podrá ser capacitada para trabajar, ni para gestionar un contrato de alquiler... Ese es el estigma con el que conviven las mujeres musulmanas", resume Aoulad, quien señala a un segundo colectivo: los jóvenes.

Chavales observados bajo lupa

"Están bajo foco. Ya lo estaban antes, pero, lamentablemente, después de los atentados de agosto, aún más. Institucional y socialmente. Jóvenes, varones. Ya venían de una estigmatización de machistas, ahora ya no se les considera machistas, ahora directamente son terroristas. Por defecto. Sobre todo si llevan barba y van a la mezquita", aseugra Aulad. Una discrimación que se hace evidente, por ejemplo, en las identificaciones por perfil étnico.  "Ser de piel morena, llevar barba y hablar árabe en la plaza con tus amigos hace que la policía te pare de forma reitereda", prosigue. Tampoco se escapan de la discriminación en el terreno laboral. "Conozco a un chico que es un crack a nivel informático. Ha hecho mil entrevistas y finalmente nunca le cogen, por el nombre. Porque se llama Mustapha. Y con la matanza de la Rambla eso ha crecido. Otro joven que conozco que es autónomo y se dedica a hacer reformas me explicaba que al cabo de dos o tres horas de los atentados le llegaron tres mensajes de anulación de reformas que ya tenía apalabras. Eso es islamofobia. Hay que decirlo claro", insiste el presidente de SAFI.

Formación a trabajadores de Ciutat Vella en un oratorio del distrito / ALBERT BERTRAN

Entre todo el trabajo realizado durante el primer año de aplicación del plan, Aoulad destaca dos victorias. La primera, es que en Barcelona, al Protocol de Prevenció, Detecció i Intervenció de processos de Radicalització Islamista (PRODERAI) promovido por el departament de Interior para detectar en el colegio "la radicalización de niños a partir de seis años" se le ha cambiado el nombre por Protocol de Prevenció, Detecció i Intervenció de processos de Radicalització en Extremismes Violents,  "para no estigmatizar a ningún colectivo". "Señalar a niños como potenciales terroristas solo por ser musulmanes es islamofobia institucional", denuncia el presidente de la SAFI, Además del cambio de nombre, importante para señalar que existen distintos tipos de extremismos, la aplicación en Barcelona de este protocolo se hace con una mirada más amplia, extendiendo la formación a los profesionales educativos con contenidos interreligiosos e interculturales.

El oratorio de Japó como referente

La segunda victoria es la apertura, hace unos días, del oratorio de la calle de Japó, en Nou Barris. "Me atrevo a decir que la mitad o más de los oratorios de Barcelona han tenido problemas con los vecinos. Pero como no había un apoyo institucional, y la gente no conocía sus derechos, callaba. Pero en Nou Barris se ha dado una conjunción entre el apoyo claro del tejido del territorio y del ayuntamiento y la determinación de la comunidad por hacer valer sus derechos. Ese debe ser el camino", coinciden los dos representantes de la comunidad.

"Esto tiene que pasar con nuestros hijos, que van a tener más formación y no van a callar, y ya lo están haciendo. Quien está combatiendo actualmente la islamofobia son los jóvenes. Los jóvenes nacidos aquí que defienden sus derecho a ser quiénes son", concluyen ambos.

Pasos adelante, pequeños pero decididos

La comisionada de Inmigración, Interculturalidad y Diversidad del Ayuntamiento de Barcelona, Lola López, asegura que "no consigues cambios espectaculares en la lucha contra la discriminación de un día para otro", pero valora el trabajo hecho durante el primer año de despliegue del plan. "Para normalizar la diversidad hace falta mucho tiempo, pero estamos dando pasos adelante. Sobre todo a través de la formación de los profesionales del ayuntamiento", explica López. Cursos en los que, por un lado, se hacen visibles y se explican las situaciones concretas de islamofobia que suceden día a día en nuestra ciudad y, por el otro, se ofrecen herramientas para combatirla.

López pone también en valor la implicación de las propias comunidades en el plan.  "Han trabajado mucho para abrirse. Si abres la mezquita e invitas a los vecinos a entrar y verla, estos pierden el miedo a pensar qué puede pasar ahí dentro", ejemplifica la comisionada quien, como Hassoun y Aoulad, también considera la apertura del oratorio de la calle de Japó una victoria colectiva. "Demuestra el empoderamiento de la persona discriminada, que era uno de los objetivos del plan", señala.

Reforzar los tres ejes

En cuanto a los retos por delante, la comisionada insiste en la necesidad de seguir trabajando en los tres ejes del plan: hacer visible la islamofobia como forma de discriminación, normalizar la diversidad -incrementando la participación de las comunidades musulmanas en los barrios- y reforzar los mecanismos de garantías contra las discriminaciones islamófobas. 

En la campaña de sensibilización del primer eje seguirán trabajando con la Xarxa Antirumors y centrándose en las redes sociales. La comisionada plantea también la necesidad de que los medios de comunicación tomen conciencia. Trabajan junto al Obervatorio de Islamofobia en los Medios del Institut Europeu de la Mediterrània, cuyos estudios demuestran que queda un gran trabajo por hacer. "No solo en las noticias sobre terrorismo, que por supuesto, sino también en las que hacen referencia a las mujeres", concluye apelando a la corresponsabilidad.