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la batalla inmobiliaria

El Sindicat de Llogaters promueve la insumisión ante los alquileres abusivos

El sindicato rastrea la pista de los 10 mayores grandes propietarios de fincas de Barcelona

Carles Cols

El Sindicat de Llogaters presemta su campaña contra los abusos inmobiliarios.

El Sindicat de Llogaters presemta su campaña contra los abusos inmobiliarios. / LUAY ALBASHA

Cuando la Plataforma de Afectados por la Hipoteca nació en febrero del 2009 y anunció su propósito de parar los desahucios pudo parecer un brindis al sol. Los resultados de aquel empeño son conocidos. Unos 2.500 desahucios detenidos en toda España. Ahora, el Sindicat de Llogaters, nacido en mayo del 2017, acaba de anunciar una línea de acción prima hermana de aquella de la PAH. Pretende el sindicato promover una suerte de insusmisión contra las subidas abusivas del alquiler, es decir, que los afectados no devuelvan mansamente las llaves al administrador de la finca cuando, vía burofax, comunica un desmedido aumento de la renta. No parece una tarea fácil. Como la de la PAH en el 2009.

Las campaña tiene un nombre. 'Nos quedamos'. La cúpula del Sindicat de Llogaters ha presentado el qué y el cómo de esta misión, en compañía de una pequeña legión de afectados, cada uno de ellos en representación de una finca en la cuerda floja de los alquileres, todos ellos casos que sorprende por su crudeza.

A Mercé, tras 23 años en la finca, le exigen en la finca un depósito de 6.600 euros entre fianzas y otrso conceptos

Antes de proseguir, un ejemplo. El caso es una finca de la calle Escorial, esquina casi con Encarnació. Allí vive desde hace 23 años Mercè. La propiedad pretende subir un 50% el alquiler, de 600 a 900 euros mensuales. El problema de esta arrendataria no es solo reajustar la economía mensual para encarar este contratiempo, sino que le exigen, además, un mes de depósito, un mes de fianza y una indeterminada garantía adicional de 4.800 euros para renovar el contrato con las nuevas condiciones. En resumen, aportar 6.600 euros por continuar en el mismo piso. Son casos así, de exagerado abuso, los que han hecho del nomadismo inmobiliario una nueva forma de ser barcelonés, gente que va de aquí para allá en busca del alquiler que puede pagar. Lo que propone el Sindicat de Llogaters es poner fin a esa rendición colectiva.

10 empresas, 2.888 pisos

¿Cómo? Por lo pronto, el sindicato ha dedicado los últimos meses a radiografiar una suerte de who is who de la escalada vertical de los alquileres. De momento, y a falta de avanzar aún más en ese retrato, ha hecho pública la lista de los 10 mayores grandes propietarios de la ciudad, una decena de sociedades de inversión que, juntas, tienen como mínimo 2.888 pisos en propiedad. El piso de Mercè, el de la calle Escorial, es uno de ellos. Es de Sociedad Anónima de Propiedad Inmobiliaria, dueña de 24 fincas en distintos puntos de la ciudad, en las que viven 548 familias. Es decir, de las decisiones que se tomen en su consejo de administración depende, llegado el caso, que medio millar de familias tengan que desarraigarse de sus respectivos barrios.

De todas las sociedades investigadas, esta ocupa la cabeza de la clasificación en número de propiedades. El resto son habituales en las noticias vinculadas a la gentrificación, como Elix, Optimum, MKPremium, Norvet, Vauras, Palau&Manfredi, Idilia, Lozacar y, cómo no, la más inesperada de la lista, la fundación privada del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, que tiene como mínimo 22 fincas residenciales en propiedad.

Según el sindicato, hay una primera razón, visceral, según se mire, para hacer públicos estos nombres y cifras. A los inquilinos se les exige casi un estriptís financiero para poder firmar un contrato de arrendamiento. Lo último en este campo es no conformarse con pedir la nomina del aspirante, sino incluso un extracto de sus movimientos bancarios. En justa revancha, el Sindicat de Llogaters cree proporcionado que los grandes propietarios también se desnuden.

Cortar el suministro

Pero más allá de esa razón, sostienen que es necesario que se sepa quién está forzando la subida de los alquileres, es decir, desarmar la tesis de que los pisos en alquiler en Barcelona están en manos de un firmamento de pequeños propietarios que necesitan rentar esa segunda vivienda que tienen en propiedad para complementar sus minúsculos ingresos. Los hay, pero no son mayoría. El problema es que, como si los fondos buitre fuera influencers inmobiliarios, también se suman a subir los alquileres.

Pequeños propietarios toman ejemplo de los grandes, como si fueran 'influencers', y se suman a las malas artes inmobiliarias

Como muestra de ello, el sindicato, en la presentación de sus planes de futuro, ha dado la voz a un caso de libro, Aurora, que vive en Sants con su pareja y su hija de dos años en un piso de 53 metros cuadrados. La dueña del inmueble, terminados los tres años de contrato, pretende subir el alquiler de 550 a 750 euros. Es una cifra que Aurora no puede asumir. Sabido esto por ambas partes, comenzaron los problemas. Con los ojos húmedos ha explicado las malas artes que empleó la propietaria para que dejara el piso, llamadas amenazantes con número oculto incluidas. A su manera, habrá que suponer que se dejó llevar por el todo vale que parece que impera en la ciudad. En una ocasión, porque el servicio estaba a su nombre, le cortó el suministro de agua. Cosas así suceden en Barcelona.

La cuestión, en definitiva, es que el Sindicat de Llogaters pretende desbrozar una senda como ya hizo la PAH desde el 2009, pero en este caso la de la vía de la insumisión contra la subida de los alquileres. Sostiene el sindicato que la primera etapa consiste en poner las cartas boca arriba, que los inquilinos conozcan cuáles son sus derechos y qué pueden hacer en caso de recibir el temible burofax que les invita a abandonar el piso. Para ello, ya han llevado a cabo dos jornadas de buzoneo de información en barrios muy afectados por la presión inmobiliaria, Sant Antoni y Gràcia. Próximamente lo harán en la Dreta de l’Eixample. Más pronto que tarde, calculan que se producirá el primer episodio de insumisión. Lo normal es que sea en una finca de propiedad vertical. Será el inicio de una guerra.

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