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investigación judicial

La familia del mantero de Teruel muerto en Montjuïc quiere "que se sepa la verdad"

El juez investiga de nuevo el fallecimiento de José Antonio González en una operación de los protagonistas del crimen de los urbanos

Tres agentes que acudieron al lugar ratifican el atestado poilicial

Guillem Sànchez / J. G. Albalat

El lugar por donde se precipitó José Antonio González, en Montjuïc.

El lugar por donde se precipitó José Antonio González, en Montjuïc.

El caso de la muerte de un supuesto mantero en Montjuïc el 9 de agosto del 2014, en la que están implicados Rosa Peral y Alberto López, los dos protagonistas del crimen de los urbanos, vuelve a ser investigado por un juzgado de Barcelona. La fiscalía ha solicitado la reapertura de la causa y la familia de la víctima, que ahora sabe que las explicaciones que recibió en su día son insuficientes, se ha personado como acusación particular para "que se sepa la verdad".

El crimen de los urbanos reabre el caso 

La víctima falleció al caerse por un terraplén de la montaña de Montjuïc de Barcelona huyendo, según la versión policial, de tres agentes que participaban en un dispositivo activado aquel sábado al mediodía contra la venta ambulante ilegal instalada frente al hotel Miramar. Lo que se supo de aquel trágico suceso fue únicamente que un mantero había muerto tras herir con arma blanca a una agente municipal y despeñarse por un precipicio de unos 30 metros.

Durante tres años, esa fue la única versión de lo sucedido. Sin embargo, todo empezó a cambiar en mayo del 2017, cuando los Mossos d’Esquadra se percataron de que dos de estos tres agentes eran Rosa Peral y Alberto López, los dos amantes detenidos por asesinar al novio de ella y quemar su cuerpo en el maletero de un coche abandonado en el pantano de Foix. El tercer agente implicado había muerto un año después del incidente de Montjuïc en un accidente de tráfico. Y cambió todavía más hace pocas semanas, cuando una compañera del módulo carcelario de Rosa aseguró que esta le había confesado que Alberto ya había matado por ella anteriormente, en alusión al mantero de Montjuic.

El juzgado de Vilanova i la Geltrú, que instruye el asesinato del novio de Rosa, puso en conocimiento de la fiscalía esta revelación y el ministerio público solicitó al juzgado de instrucción 31 de Barcelona, el mismo que había archivado su muerte, que reabriera el caso. La familia de la víctima se buscó un abogado y se ha sumado a la causa como acusación particular. "Pensaron que su muerte no le importaría a nadie", lamenta ahora su hermana. Contactada por este diario, la mujer ha remarcado que la voluntad de la familia es no hacer "ningún tipo de declaraciones"sobre el asunto y ha expresado reiteradamente su deseo de que se respete su intimidad. Porque "es la justicia la que debe aclarar qué sucedió". 

"No era mantero"

El hombre que falleció en Montjuïc se llamaba José Antonio González y era vecino de Utrillas (Teruel). En el pueblo lo recuerdan cariñosamente por el apodo del 'Boniato'. Era un hombre "de buen corazón" que, con demasiada frecuencia, se metía en problemas por culpa de su adicción a las drogas. Salía muy poco de casa aunque, de vez en cuando, se marchaba algunos días a Barcelona. En agosto del 2014, su hermana recibió una llamada de la Guardia Civil que le notificó que había fallecido en la capital catalana. Nadie en la familia sospechó entonces que la causa de su muerte podía no ser accidental. Sin embargo, lo que no les cuadraba de ninguna manera es que estuviera vendiendo DVD piratas en la plaza del Hotel Miramar.

Fuentes policiales consultadas por este diario tampoco ven clara la posibilidad de que un hombre de Utrillas se encontrara vendiendo material falsificado en esa zona de Montjuic debido a que la totalidad de vendedores ilegales que trabajaban en ese emplazamiento eran de origen paquistaní o bangladesí.

Nuevas declaraciones

Este lunes ha arrancado nuevamente la investigación de la muerte del Boniato. Han declarado por primera vez -en calidad de testigos- un agente, un cabo y un sargento, todos miembros de la Guardia Urbana. Son los tres policías que encontraron al Boniato justo después de caerse por el terraplén. Según fuentes judiciales, todos ellos han ratificado el atestado policial que se redactó ese día. El cabo y el agente fueron los primeros en llegar y, según han declarado, el Boniato tenía una navaja cerrada en la mano y tuvo que ser esposado porque, a pesar de la caída, seguía oponiendo resistencia. El sargento llegó más tarde, cuando escuchó por la radio que Rosa Peral había sido herida por arma blanca en Montjuïc. Fue entonces, cuando ya se encontraba esposado, que los policías decidieron llamar a una ambulancia. El Boniato ya ingresó en estado crítico en el Hospital Clínic y murió horas más tarde.

"Saltó de espaldas"

Lo que Rosa Peral y Alberto López explicaron ese día fue que el Boniato se encontraba junto a otro mantero en la plaza del hotel Miramar y se echó a correr al verlos. Los tres agentes le persiguieron por un sendero de tierra que rodea la montaña y lo interceptaron en la ladera que queda junto al parque de bomberos. Según ellos, el Boniato sacó una navaja con la que hirió dos veces a Rosa en la tibia -existe un parte médico de lesiones- y trató de apuñalar en el cuello a Alberto. Cuando este último llevó su mano a la funda de su pistola, aseguraron que el Boniato "saltó de espaldas" por el precipicio. 

La reclusa que ha permitido reabrir el caso, citada a declarar 

Las confidencias realizadas por Rosa Peral a una reclusa encarcelada con ella pueden complicarle la vida a la agente de la Guardia Urbana. La jueza de Vilanova i la Geltrú que investiga el crimen del que fuera su novio, Pedro. R., ha citado a declarar para el próximo día 21 de febrero a esta presa que, según la declaración realizada en otro juzgado, también aseguró que Rosa le había confesado que antes de matarlo, lo envenenó. Está previsto que también se le pregunte acerca de lo que escuchó decir a Rosa sobre la muerte de José Antonio González, el Boniato, en Montjuïc.