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Ciudad y transporte

Cuando la bicicleta reinaba en Barcelona

Un mapa de finales del siglo XIX revela la exuberante presencia del velocípedo en Bcn

Había cinco clubes especializados, un velódromo y numerosas rutas excursionistas

Michele Catanzaro

Santiago Gorostiza (izquierda) y Joaquim Bordons Macià, con el mapa ciclista de Barcelona dibujado por el bisabuelo del segundo. / Pau Mart moreno

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Un mapa de 37 por 47 centímetros, del cual se custodian dos copias en Vilanova i la Geltrú i en Madrid, es una ventana sobre una Barcelona entregada al ciclismo a finales del siglo XIX. La "Carta ciclista de los contornos de Barcelona", fechada entre 1897 y 1899, enseña nada menos que cinco clubes ciclistas, atestados en una ciudad que entonces tenía un Eixample incipiente: Sociedad de Velocipedistas, Club Velocipédico de Barcelona, Peña Ciclista, Cyclist Club y Sociedad Pedal.

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También se vislumbra un velódromo entre Les Corts i Sant Gervasi. Y se ve una plétora de caminos entre el núcleo urbano y los que entonces eran pueblos a parte, como Sants y Sant Andreu.

Los dos mapas idénticos dormían desde hace décadas en la Biblioteca Museu Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú i en la Biblioteca Nacional, en Madrid. Aunque están digitalizados, nadie los había estudiado, hasta que el historiador Santiago Gorostiza se fijó en ellos y reconstruyó su gestación, en un artículo publicado en la revista Volata.

La ciudad de los ciclistas

"Me llamó la atención que alguien dibujara una Barcelona de los ciclistas: un mapa de la ciudad hecho por ciclistas y para ciclistas", explica Gorostiza, investigador en ecología política e historia ambiental en el Institut de Ciències i Tecnologies Ambientals (ICTA).

El mapa lleva el escudo de la Unión Velocipédica Española, una del centenar de asociaciones ciclistas que había en España a finales del siglo XIX. Su objetivo principal era informar a los ciclistas de los caminos "transitables", "no siempre transitables" e "intransitables" - según su leyenda - además de las subidas y bajadas.

"Con la estandarización y una cierta reducción de precio, la bicicleta tuvo un 'boom' en todo el mundo occidental, en la segunda mitad de la década de 1890", explica Gorostiza. "El mapa es un ejemplo perfecto de lo que ocurrió en esos años: la gente veía la bicicleta como una máquina perfecta", comenta Ruth Oldenziel, profesora de historia de la innovación en la Universidad de Eindhoven (Holanda), no implicada en el trabajo de Gorostiza.

"Sus usuarios eran los más modernos, una especie de hackers de su tiempo. Tener una bicicleta era como tener el último smartphone y ellos querían apropiarse de esta tecnología", prosigue la investigadora. La bicicleta se veía también como el contrario de los caballos, es decir, como el vehículo de la burguesía acomodada, en oposición al de la aristocracia.

Aunque la ciudad pertenecía sobre todo a los peatones y a los carros de caballos, sin embargo todo apunta a una presencia ubicua de la bicicleta. Los clubes participaban en fiestas y actos públicos. Desde 1891 se editaba en Barcelona una revista especializada, 'El Ciclista'. Y una viñeta de 'L’Esquella de la Torratxa' presentaba la ciudad atestada de velócipedos.

Un ciclista topógrafo

Tirando de archivo, Gorostiza descubrió mucho sobre el autor del mapa. Se trata de Joaquín Bordons y Wehrle, nacido en Tarragona y residente en Barcelona, ayudante de obras públicas experto en topografía y presidente de la Sociedad de Velocipedistas.

Gorostiza incluso localizó a su bisnieto. "No tenía ni idea de su pasión por el ciclismo", afirma Joaquim Bordons Macià, que ahora se explica la costumbre de salir de paseo sobre dos ruedas, muy asentada en su familia.

El mapa de Bordons revela su visión del ciclismo, una de las dos en contienda en aquellos años. "Había quienes impulsaban competiciones deportivas y quienes usaban la bicicleta para hacer excursionismo", explica Gorostiza. Bordons, que marca religiosamente en su mapa todos los merenderos, se inclinaba por el excursionismo.

"No nos propongamos hacer kilómetros sino […] estudiemos kilómetros", escribía en un artículo en 1899. En coherencia con esta visión y con su pasión por la tecnología, Brotons dedicó sus últimos años a la fotografía de paisaje. Impulsó la transformación de la Sociedad de Velocipedistas en Club Fotográfico Deportivo y legó al Centre Excursionista de Catalunya un rico fondo fotográfico.

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