25 oct 2020

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BARCELONEANDO

El Tramvia Blau sigue circulando

Lauren Quer, maquinista del desaparecido ferrocarril, amortigua su pena con una réplica exacta del convoy

Carlos Márquez Daniel

Lauren Quer, maquinista del desaparecido ferrocarril, amortigua su pena con una réplica exacta del convoy. / JOAN CORTADELLAS

Parque de Can Mercader, Cornellà de Llobregat. Ahí está. Parado. Sobre la vía de cinco pulgadas. El mismísimo Tramvia Blau. En pequeñito, eso sí. Pero idéntico de la cabeza a los pies, con los mismos asientos, la iluminación, el color, el techo, el escudo de la ciudad, las ventanas, la plataforma de mandos. Y circulando, lozano, brillante, a una velocidad similar a la que alcanzaba el original por la vetusta vía de la avenida del Tibidabo, poco más de 12 kilómetros por hora. Lauren Quer fue su maquinista durante dos décadas. Por eso se hizo construir esta réplica. La suya con el tranvía, con Carmen siempre de por medio, es una auténtica historia de amor.

El Tramvia Blau de Lauren, igualito que el de verdad / JOAN CORTADELLAS

Este trabajador de TMB pasó un mal rato el domingo 28 de enero. Era el último día de circulación del Tramvia Blau y se convirtió en el pañuelo de la despedida: abrazos, lloros, lamentos... Incluso se calzó la americana granate de la empresa que nunca había estrenado. El último viaje desde la plaza del Doctor Andreu hasta la cochera, justo por debajo de la Ronda de Dalt, en la calle de Bosch i Alsina, lo hizo junto a su señora. Tenía todo el sentido del mundo que bajaran de la mano, ya que se conocieron en ese mismo trenecito en 1999. Un primo de ella que también trabaja en la empresa pública de transportes les presentó y Lauren, que no es un tipo que filtre demasiado sus palabras, le preguntó cuándo tenía pensado casarse con él. A Carmen, que había accedido al viaje más atraída por el tranvía que por el maquinista, aquella osadía le pareció simpática. Empezaron a salir al año siguiente. Y así hasta hoy. 

El Da Vinci de Castellón 

El pequeño Tramvia Blau (de escala 1/11 y unos 83 kilos de peso) llegó a la familia en el 2011. Fue ella quien le animó a dar el paso. Se pusieron en contacto con un tipo de Castellón que resulta ser el Da Vinci del ramo. Viajes arriba y abajo para ir perfilando el trenecito, que les costó una pequeña fortuna que prefieren no concretar. Le colocaron una batería en los bajos, pero rompía la estética y decidieron que sería externa. En eso le ayudó Samuel Valls, el que fuera presidente del Club de Amigos del Ferrocarril de Cornellà durante más de 20 años, además de experto en electrónica. Ahora se mueve con dos motores de limpiacristales de coche, pero la potencia proviene de una vagoneta trasera cuya maneta de gas es similar a la que Lauren manejaba cuando subía hacia el funicular del Tibidabo. Le añadieron una campana que Samuel compró en una feria en Alemania y que suena igual que la que el maquinista activaba con el pie para llamar la atención a los coches que se colocaban sobre las vías o para advertir a los peatones que no le veían venir. 

Lauren y Carmen, el último día del Tramvia Blau. / ANTONIETTA ZENI

El tranvía duerme en el garaje de casa, entre algodones. No lo dejan en las instalaciones del club en Can Mercader, donde reposan maravillosas réplicas de todo tipo de trenes, porque el suyo implica algo más que una afición compartida. Carmen cuenta que Lauren lleva un par de semanas muy malas "en las que apenas duerme". Malvive con la angustia de no saber cuándo volverá el Tramvia Blau (no hay proyecto ni calendario para la reforma integral de vías y catenaria) y, lo que es más importante, si la empresa seguirá contando con él para pilotarlo en su prometida nueva vida. Mientras espera, conducirá la línea 155 de autobuses, la que recorre Montcada pero se cuela 20 metros dentro de Barcelona

Homenaje al desaparecido 

El tranvía en miniatura luce el número 9 en recuerdo del que desapareció a mediados de los años 80 para que su parte tractora formara parte de la jardinera 129 roja (convoy de laterales descubiertos, pensado para el verano), que durante años también realizó la ruta del Tramvia Blau. En el interior hay cuatro muñecos vestidos por Carmen, que es enfermera pero sabe tanto de trenes como Lauren. Han hecho incluso un pin con sus iniciales sobre el pequeño ferrocarril.

Lo seguirán paseando cuando el cuerpo se lo pida. O a demanda, en días señalados y exhibiciones. Con la esperanza de volver a sacar pronto el grandote, el que reposa hasta nueva orden a los pies del Tibidabo.