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economía subterránea en barcelona

El 'top manta' baja a los andenes de plaza Catalunya tras conquistar el gran intercambiador

Algunos manteros comercian ya a pie de metro, adonde la policía evita acudir por motivos de seguridad

Decenas de vendedores han hallado una nueva 'zona franca' en el vestíbulo de metro, Rodalies y Ferrocarrils desde diciembre

Víctor Vargas Llamas

Puesto de top manta en el andén de Plaça de Catalunya, en la L-3 del metro. / FERRAN NADEU

Puesto de top manta en el andén de Plaça de Catalunya, en la L-3 del metro.
Puestos en el andén de la estación de plaza de Catalunya de la línea 3.

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Llueve en el centro de Barcelona y el gentío se agolpa en el vestíbulo de la estación de Plaza de Catalunya, entre el trasiego de viajeros y quienes buscan resguardarse del chubasco. Entre estos últimos parece figurar una legión de vendedores del top manta, que han tendido sus escaparates de quita y pon alrededor de escaleras, torniquetes de acceso y paneles informativos. Pero acaba de llover y allí permanecen ellos, con sus muestrarios clandestinos, dejando claro que su presencia allí no es fugaz y que poco tiene que ver con las inclemencias meteorológicas, por más que lleven instalados de manera permanente desde finales del año pasado, con la llegada del frío. "Es una especie de refugio porque la policía les deja más tranquilos que en la superficie", asegura un camarero que trabaja en la zona.

"Están a tres metros de las vías, sin vallas. ¿Qué pasa si hay una reacción masiva por una alerta o una pelea?"

Comerciante del metro

En torno a 70 puestos ambulantes se distribuyen por el intercambiador de la red de metro, Rodalies y Ferrocarrils, la mayoría concentrados en dos grandes grupos. También hay presencia de manteros en los numerosos accesos que hay en la confluencia de la plaza de Catalunya con las vías de alrededor. Tan asumido está el cambio de hábitat que los manteros han expandido su radio de acción hasta los andenes de las líneas que se entrecruzan en el subsuelo, y ya no solo cuando hay redadas de la Guardia Urbana.

Numerosos puestos de venta ambulante en el vestíbulo multimodal de Plaça de Catalunya. / FERRAN NADEU

La paradoja es que la seguridad es el evidente motivo que impide que la Urbana y los Mossos persigan a los vendedores ambulantes más allá de los torniquetes, hasta pie de convoy. Pero la seguridad es también el argumento que exponen algunas voces que alertan de situaciones de imprevisibles consecuencias. "Están a tres metros de la vía, sin vallas. Venimos de un episodio terrorista. ¿Qué puede pasar si hay una reacción masiva por una alerta con todo eso por medio? ¿O si pasa un metro mientras hay una pelea como algunas en las que se han visto implicados manteros?", cuestiona un comerciante.

Presión

Abdul, uno de los subsaharianos que se buscan la vida en la estación, confirma la "presión enorme" que hay en la superficie desde el otoño. "Aquí nos dejan más tranquilos, al menos al principio. Nos obligan a buscar espacios donde vender sin tener a la policía tan encima", se lamenta. Explica que la última gran redada en el subsuelo fue el pasado domingo: "Se lo llevan todo; cuando van a por ti estás jodido".

"En el metro nos dejan más tranquilos, al menos al principio; con una redada te dejan sin nada y estás jodido"

Abdul

Vendedor del 'top manta'

Las tiendas de la zona confirman la presencia "diaria" de los puestos en los alrededores, y evidencian que el andén ha dejado de ser el último reducto de los vendedores ilegales ante las redadas policiales para convertirse en una extensión del gran bazar del vestíbulo de la estación. Uno de los comerciantes asegura que no ha vendido "ni un bolso los últimos dos meses". Otro cifra las pérdidas registrada en ese periodo "entre el 40% y el 50%", al tiempo que muestra su enojo "por la falta de control policial".

Economía subterránea en el amplio sentido del término y detalles cotidianos que corroboran la normalización del fenómeno. "Una chica senegalesa acude cada día a eso de las tres de la tarde con una olla para venderles comida. Te hartas de llamar al 112 para que te deriven a la policía y que no te hagan caso", se lamenta un comerciante.

Seguridad

Desde Renfe se confirma la presencia permanente de los manteros en la estación multimodal desde finales del 2017, momento desde el que ha contactado con los cuerpos de seguridad para alertar de los "posibles riesgos para la seguridad, sin que se haya obtenido una solución". Hay un dispositivo conjunto de Mossos d’Esquadra y Guardia Urbana en esta parada, si bien esta última es la responsable de las infracciones relacionadas con la venta ambulante. "Cuando la Urbana despliega un operativo, los vendedores ambulantes recogen los bártulos y regresan en cuanto no hay presencia policial", explican fuentes municipales y corroboran desde Renfe.

Bolsos y calzado deportivo falsificados.  / FERRAN NADEU

La necesidad de garantizar la seguridad ciudadana tras el atentado de agosto y con motivo de las movilizaciones multitudinarias de los últimos meses han marcado las prioridades policiales y relegado aspectos como el 'top manta', coinciden diversas fuentes del entorno policial. Así, Fermín Villar, presidente de la Plataforma de Afectados por el Top Manta, achaca la nueva ubicación de los vendedores ambulantes a la "mayor presencia policial en la Rambla y alrededores de la plaza de Catalunya como consecuencia del atentado de agosto". "Siguen poniéndose en el parque Güell o el Port Vell, donde hay menos vigilancia, demostrando que la problemática no desaparece, apenas se traslada", explica Villar.

"Esperamos que se emplee la misma contundencia en este caso que contra los pisos turísticos ilegales. Y ojalá se garantice el cumplimiento de la ley sin olvidar soluciones sociales para este colectivo, al que le han engañado haciéndole creer que es una manera digna de ganarse la vida", añade.

Necesidades

Lamine Sarr, representante del Sindicato de Manteros justifica la nueva ubicación de sus compañeros por la sensación de "acorralamiento" que tienen. "En los últimos tres meses está aumentando la presencia policial en la zona centro, entre secretas y agentes uniformados. Antes iban y venían y te dejaban trabajar, pero ahora apenas pasa", esgrime. De ahí la necesidad de buscar espacios donde eludir esa presión, aunque eso implique asentarse en los andenes. "No hay más remedio. Somos personas con muchísimas necesidades, la mayoría sin papeles. Nos cuesta mucho sobrevivir con lo poco que vendemos, todo sale de la manta. Si encima te quitan la mercancía...", expone Sarr.

"Somos personas con muchas necesidades, la mayoría sin papeles. Si encima nos quitan la mercancía..."

Lamine Sarr

Portavoz del Sindicato de Manteros

El portavoz denuncia que la policía emplea "mucha violencia" y apela a las administraciones para encontrar una solución. "No depende de nosotros, sino de políticos y policía, disponer de un espacio seguro, donde ganarnos la vida sin riesgo para nadie", añade. "Llevo 15 años aquí, 10 con papeles, y mira qué me veo obligado a hacer. Me encantaría tener trabajo, pero si no me lo dan ni a mí, imagina la situación de quien ni siquiera tiene papeles". 

Conflicto competencial

Fuentes conocedoras del entorno de seguridad hablan que en el trasfondo hay un "evidente problema de competencias" entre Mossos y Urbana. Los primeros, por negarse a asumir un asunto, el de la venta ambulante, que es responsabilidad de la policía local. La réplica de estos es que la problemática va mucho más allá del comercio callejero, y comprende la fabricación y distribución de material falsificado, por lo que se requiere un abordaje integral de todas las autoridades y cuerpos de seguridad.

El muestrario a la venta es amplísimo, con extensa presencia de productos textiles y complementos. Destaca la presencia de camisetas del Barça por 20 euros, y bambas que reproducen varios modelos de multinacionales y se ofrecen por entre 20 y 25 euros, apenas una cuarta parte del coste que tienen en un comercio oficial. El bazar incluye chaquetas de marca por 60 euros (con ahorro de más de 300 euros, según sostienen los propios vendedores), gafas de sol a apenas 5 euros, y bolsos con diseños glamurosos por no más de 25 euros, ni siquiera un 10% del valor de mercado para un original.

La calidad de los productos replicados varía en un espacio donde el regateo es práctica común, con descuentos que pueden llegar a superar el 20% del precio de partida. Alrededor de ellos se acopla alguna parada con llaveros, suvenires y productos similares

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