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LA OTRA CARA DE LA OCUPACIÓN

La espera para acceder a un alquiler social en Barcelona es de medio año

La burbuja impide a las entidades sociales conseguir pisos para los más vulnerables

Teresa Pérez

Puertas tapiadas en el edificio de Entença, 151, el pasado agosto.

Puertas tapiadas en el edificio de Entença, 151, el pasado agosto. / RICARD CUGAT

Hay otra cara de la ocupación, la de la ocupación por necesidad, aquella que se produce cuando ya se ha llamado a muchas puertas y no queda otra opción. De este colectivo forman parte familias con hijos, que han sido desahuciadas por impago de hipotecas o del alquiler, que ya representa el 84% de los desalojos que se producen en Barcelona. Son a menudo personas que tienen trabajo pero a las que la burbuja de los arredamientos en Barcelona y poblaciones limítrofes hace imposible poder pagar la mensualidad. 

Las entidades sociales también han dado la voz de alarma ante la imposibilidad que tienen para acceder al mercado inmobiliario para destinarlo a familias vulnerables debido a estos precios disparatados. En resumen no solo hay problemas para acceder a una casa sino también para poder mantenerla.

La radiografía de la situación no da lugar a un mínimo optimismo: las dificultades para acceder a un piso social y los elevados alquileres en el mercado libre conducen a entrar en viviendas ajenas, la gran mayoría propiedad de la banca o de fondos de inversión. 

Vivir con cierta tranquilidad

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha denunciado que las personas en riesgo de exclusión social deben esperar hasta medio año para acceder a los pisos sociales que facilita la Administración a través de la Mesa de Emergencia de Barcelona. Lucía Delgado, portavoz de la PAH, reconoce que "es delito ocupar una vivienda, pero es una cuestión de justicia social buscar un techo cuando nadie te ha dado ninguna solución". Y añade: "Eso de que la gente quiere entrar en un piso ajeno es una leyenda urbana porque la mayoría de la gente lo que quiere es vivir con tranquilidad y no con la angustia de si la van a desalojar".

Las condiciones en estas casas ocupadas no suelen ser las más aconsejables para formar un hogar, ya que en muchos casos no tienen agua ni luz. Las compañías de suministro de agua reconocen el fenómeno de la ocupación y colocan contadores en los pisos. Por el contrario, según la Plataforma contra la Pobreza Energética (APE), las eléctricas no quieren ni oír hablar del tema y se niegan en redondo a ponerlos. Este impedimento provoca que para tener electricidad "deban pichar la luz, lo que multiplica los riesgos de accidente", afirma una fuente de la APE.  

Trastero para dormir

El fenómeno de la ocupación no se cuantifica, no existen datos, tan solo la intuición de que va al alza. Delgado aclara que en estos momentos no solo ocupan familias vulnerables, sino también aquellas que tienen trabajo pero cuyo el sueldo no les permite afrontar el aumento de precios de la vivienda.

La ocupación, sin embargo, es vista con buenos ojos en inmuebles como, por ejemplo, el de Entença, 151. Familias vulnerables ocuparon los pisos que estaban vacíos, lo que al resto de los inquilinos, bajo la amenaza de expulsión por la propiedad, les dio una cierta tranquilidad para que el dueño no les desalojara también a ellos. La ocupación acabó el pasado agosto con altercados.

El mercado también está expulsando a ciudadanos que han vivido toda la vida en la misma casa, en el mismo barrio y en la misma ciudad pero que se tienen que ir por diversas razones: sufren acoso, no les renuevan los contratos, en caso de que se los renuevan no les suben el índice de precios al consumo (IPC) sino cantidades mensuales que les es imposible costear. Una entidad social explica el caso de un joven que ha alquilado por 150 euros mensuales un trastero para dormir debido a que no puede pagar otra cantidad para tener un techo.

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