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EJEMPLO DE SUPERACIÓN

Arte a ciegas (y en mayúsculas)

La pintora Kelly Arrontes gana el concurso para pintar un muro de 125 metros en el Parc Científic de Barcelona

El proyecto de la artista, con un 9% de visión, se impuso sin que el jurado supiera su condición de invidente

Helena López

La artista ciega Kelly Arrontes ha ganado el concurso para pintar un mural de 125 metros en el Parc Científic en Barcelona. / CAMILA TOVAR TRUJILLO

Firma Arrontes en homenaje a su madre, "como Picasso". "Si puedo seguir pintando es por ella", tiene claro la artista, estos días concentrada en el inmenso mural de uno de los larguísimos pasillos del laberíntico Parc Científic de Barcelona. 125 metros de obra que la pintora afronta casi como un particular renacimiento. "Quería, necesitaba, demostrarme a mí misma que podían valorar mi obra por ella misma, sin tener que jugar la carta de la artista ciega. Yo era artista mucho antes de ser ciega", señala orgullosa de haberlo logrado. Arrontes pinta esta pared tras haber ganado un concurso anónimo. En un sobre, el proyecto; en el otro, el nombre. El jurado valoró su 'El agua es vida' sin saber que las olas dibujadas por esta pintora tenaz son la forma cómo ve el mundo con el apenas 9% de visión que le queda.   

"Aprendí a pintar antes que a hablar. Mi madre era artista. Por la época en la que le tocó vivir no pudo estudiar, pero se pasaba horas en el desván pintando. Y yo, con ella, pegada a su falda", cuenta. Cómo era consciente de su limitación visual -miopía magna, entonces- desde muy pequeña su madre le enseñó a dibujar "con la cabeza". "A los dos, los tres, los cuatro años jugábamos a la gallinita ciega. Tocábamos un objeto con los ojos vendados. Después, mi madre lo escondía y lo teníamos que dibujar con el recuerdo. Eso lo aprendí de muy pequeña y es la base de mi técnica. Si no hubiera sido por ese aprendizaje mamado cuando era una cría, sería imposible que estuviera ahora aquí", señala agradecida.

De niña, veía poco, "la típica niña con gafas de culo de vaso, muy patosa", pero llevaba una vida normal. Hasta que a los 17 años, en un accidente de tráfico perdió la vista de un ojo. Tras seis meses entre la vida y la muerte, le quedó una visión residual de entre un 15 y un 20%.

La retratista de Valladolid 

Hasta ese momento, pintaba retratos hiperrealistas para ahorrar dinero para pagarse la carrera de Bellas Artes, algo que estaba convencida de que quería hacer y de que haría pese a su limitación visual. Pese al accidente, no abandonó su empeño, aunque con una vista tan precaria sí tuvo que dejar de hacer los retratos que lograba gracias a las obras que exponía en el concesionario de coches de un amigo de su padre, en una esquina privilegiada de Valladolid, su ciudad natal. No se rindió y buscó alternativas. "Me presenté a un concurso de pintura rápida y gané. Con ese dinero me pude pagar la matrícula", explica.

Arrontes, en el Parc Científic, la semana pasada.  / JOAN CORTADELLAS

Se trasladó a Barcelona y pasó la prueba de acceso para estudiar Bellas Artes en la Universitat de Barcelona, pese a tener ya entonces una visión de entre el 15 y 20%. Nadie lo sabía, tampoco, entonces. "Había 150 plazas y éramos 800 aspirantes. Pensaba que no entraría, lo tenía muy difícil, pero mira, saque un 8,99 y entré a la primera", expone. 

Segundo punto de inflexión

Siguió estudiando y pintando, hasta que en el 2013 tuvo dos desprendimientos de retina muy seguidos y encadenó seis meses de operaciones, tiempo en el que aparcó los pinceles. "No aceptaba que era ciega. No quería ir con el bastón, no quería que me vieran como una ciega, hasta que un día unos recogedores de chatarra me dieron con un hierro en el ojo bueno y me dejaron allí tirada, en el suelo", prosigue. A aquel episodio le siguieron cuatro meses sin saber si volvería a ver. Pero tampoco se rindió. Decidió que si salía de aquella retomaba su carrera. Y salió. Ve el 9%, pero ve. 

Así, en el 2014, retomó la carrera. Primero, con apoyo de la ONCE, al ser una artista con una discapacidad. "El mundo del arte es muy complicado, y aún más si eres mujer, y ya ni te digo si eres una mujer con una discapacidad, así que, claro que lo exploté, pero tenía la espinita de poder seguir trabajando más allá de la etiqueta de 'pintora ciega'. Ahí fue cuando me enteré del concurso del Parc Científic, y aquí estoy", señala junto a Leix Urbano, compañero al que conoció el año pasado en una feria internacional de arte para artistas discapacitados. 

En algunas semanas, la obra estará finalizada para el disfrute de las más de 2.600 personas que trabajan en este pequeña ciudad dentro de la ciudad dedicada a las ciencias de la salud.

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