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ACOSO INMOBILIARIO

Resistencia numantina en Entença, 151

El edificio ha cambiado de propietario tres veces desde mayo

Los vecinos han creado un fondo de solidaridad para costear abogados y los giros postales

Teresa Pérez

Escrache de los vecinos de Entença, 151 ante la sede de la inmobiliaria que ha comprado el edificio, el jueves en Barcelona.

Escrache de los vecinos de Entença, 151 ante la sede de la inmobiliaria que ha comprado el edificio, el jueves en Barcelona. / MARTÍ FRADERA

Los vecinos de Entença, 151 han acabado el año de la misma forma que han empezado este: resistiendo. Desde que se hizo oficial la fecha del cierre de la cárcel Modelo ellos están presos de los especuladores porque ya no ha habido manera de que les renovaran los contratos de alquiler. No hay semana que no tengan un susto inmobiliario. Primero, la familia propietaria del edificio lo vendió a un fondo buitre, el nombre ya lo dice todo. Una vez que este postor obtuvo la plusvalía deseada, el pasado 10 de noviembre el inmueble cambió de manos y lo adquirió la Sociedad Inmobiliaria de Barcelona L’Abeille, SL, según consta en el Registro de la Propiedad, por 1,8 millones de euros. "En cada operación, el inversor solo abona el 10% en concepto de paga y señal y después lo vende. El negocio es redondo", comentan los últimos resistentes. 

Los vecinos, por el contrario, han tenido que crear una caja de resistencia para pagar las minutas del abogado que protege sus derechos. Además como el dueño del edificio "se niega a cobrarnos", denuncian, tienen que enviar cada mes el importe del alquiler por giro postal, lo que les cuesta 30 euros por piso. 

Romper cadenas

Los inquilinos de Entença, 151 han pedido ayuda al Ayuntamiento de Barcelona para que "rompa la cadena de especuladores que pasa el inmueble de mano en mano para ganar dinero mientras la gente se queda en la calle", han afirmado los afectados. Los vecinos incluso han propuesto al consistorio que les conceda un alquiler social a cambio de abonar ellos la paga y señal que depositó la sociedad L’Abeille cuando adquirió el edificio. Este diario ha intentado, sin éxito, contactar con la propiedad. En una de sus sedes se sacudieron la responsabilidad y el abogado no devolvió la llamada. Este jueves los afectados han realizado un escrache en la sede de la calle de València para denunciar su situación y se han registrado momentos de tensión entre vecinos, Mossos y Guardia Urbana. 

Las familias no salen de su asombro. El inmueble ha cambiado tres veces de dueños, pero los guardaespaldas siguen siendo los mismos. "Como tienen experiencia en cómo se vacía un edificio les han renovado los contratos", afirma un inquilino con sorna pese a la poca gracia que le hace la situación

Las víctimas del asedio inmobiliario no se atreven ni a dar las iniciales de sus nombres porque tienen el susto metido en el cuerpo y huelen el miedo cuando una vez por semana y siempre a medianoche pasa un guardia de seguridad, ellos les llaman "matones", con una linterna, porque no hay luz en la escalera, para comprobar que no se ha colado nadie en los pisos vacíos del edificio. Los últimos sintecho que lo intentaron los desalojaron sin miramientos. Fue el pasado verano.

Teléfono de emergencia

El jueves, visitó el inmueble una comisión municipal y los vecinos pidieron socorro. Empezaron por solicitar un teléfono de emergencia para pedir auxilio cuando se presenten los guardias de seguridad. Los afectados han denunciado sus malos modos y "los insultos machistas y xenófobos" y la alegría con la que tiraron los enseres que había en el terrado y la colada tendida al sol. 

De los 12 pisos de Entença, 151, cuatro están vacíos. Primero los tapiaron con planchas metálicas que ahora han sustituido por alarmas. Desde el mes de mayo, cada vez que vence un contrato, no tarda en llegar el burofax alertando que no renuevan el alquiler.

Al final de este año, solo quedará el vecino del primero que tiene contrato indefinido pero que teme tanto quedarse, como el resto de inquilinos irse. El día a día es descorazonador para los inquilinos. La escalera la limpian ellos, pese a que, según explican, les cobran 20 euros mensuales por ese concepto. Las bombillas las cambian ellos, la barandilla está pegada con cinta aislante y alguien cuenta que ha visto ratas salir por el wáter de la portería que tenía el edificio en sus años mozos y que ahora está deshabitada.

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