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TRANSPORTE HISTÓRICO

El Tramvia Blau cierra en febrero para iniciar la mayor reforma de su historia

El transporte pasará a circular por los laterales para reorganizar el tráfico de la avenida del Tibidabo

Los trabajadores aseguran no saber nada de las obras y lamentan que la empresa no les haya informado

Carlos Márquez Daniel

Dos unidades del Tramvia Blau se cruzan en la avenida del Tibidabo.

Dos unidades del Tramvia Blau se cruzan en la avenida del Tibidabo. / ELISENDA PONS

En el 2017 le tocó al avión del Tibidabo. Este año es el turno del Tramvia Blau. Uno de los símbolos de Barcelona iniciará el 1 de febrero una reforma integral que afectará a la infraestructura (vías y catenaria). TMB, el operador no quiere precisar de cuánto tiempo estamos hablando, pero no será cosas de semanas. Hablamos de meses. La noticia ha cogido por sorpresa a la veintena de trabajadores, que ni tan siquiera conocen el alcance del proyecto.  

La avenida del Tibidabo, otrora ciudad jardín ideada por el doctor Salvador Andreu a finales del siglo XIX, es una de las calles más añejas de la ciudad. Ha conseguido mantener buena parte de las mansiones originales (muchas de ellas están protegidas por Patrimonio) y el viejo tranvía ha formado parte ininterrumpida del paisaje desde 1901. La configuración de la vía, tal y como está la movilidad en el siglo XXI, ha quedado desfasada. En algunos tramos, por encima de la Ronda de Dalt, los convoyes pisan el sentido contrario. Más allá de ser un museo andante, este tranvía es el único que logró sobrevivir a la extinción que este transporte público vivió el 18 de marzo de 1971, cuando las líneas 49 y 51 dejaron de circular.

Toda la parte fija

Un portavoz de Transportes Metropolitanos de Barcelona avanza que se trata de una "actuación de gran envergadura" que en ningún caso afectará a los tranvías. Los vehículos, aunque mantienen el aspecto de siempre, con el inconfundible azul, esconden un derroche tecnológico en sus entrañas. La vía se renovará en los 1.276 metros de recorrido. Pero no solo eso. Se cambiarán de lugar para evitar los problemas con los vehículos privados que usan la avenida, sin que conste aún si eso afectará a los actuales carriles de estacionamiento. Los raíles se trasladarán a los laterales (por la parte derecha de la circulación), lo que también obligará a cambiar la catenaria. "Toda la parte fija de la estructura se renovará de acuerdo con la reorganización del tráfico en la calle", resumen desde TMB. 

El hecho de que suba y baje por los laterales evitará ese momento de cierta incertidumbre en el que los convoyes entran y salen de la para de la plaza de Kennedy, colocada en el extremo este, junto al edificio recientemente renovado de la Rotonda. El tranvía tiene prioridad, pero son muchos los coches que maniobran a la brava para avanzarlo, ya que solo alcanza los 10 kilómetros por hora. El único inconveniente que puede encontrar ahora es con los conductores que quieran realizar giros a la derecha. Quizás tampoco guste a los muchos ciclistas que aprovechan precisamente ese lateral para subir sin el agobio de los vehículos. 

Desinformación

Uno de los trabajadores más veteranos del Tramvia Blau explica a este diario que a dos semanas de que se corte el servicio, todavía nadie de la empresa les ha concretado nada. "Hemos pillado información al vuelo. Sabemos que es una obra grande, pero nada más". Recibirán cursos de reciclaje y lo más seguro es que pasen a conducir autobuses. El portavoz de TMB, que tampoco aporta plazo alguno, detalla que la idea es repetir la operativa que ya se hizo en 1981, en el momento en el que el operador público se hizo cargo del sistema. Aunque en esta ocasión, con el cambio de trazado, la reforma cobra mayor trascendencia. Seguramente, la mayor de toda su historia. 

Accidente en el 2012 con 15 heridos

El 22 de agosto del 2012, uno de los covoyes del Tramvia Blau bajó descontrolado por la avenida del Tibidabo. Un total de 15 personas resultaron heridas de distinta consideración. La investigación del accidente concluyó que se debió a una “maniobra inadecuada” del conductor. El tren patinó con unas aguas residuales y fue imposible detenerlo. A partir de entonces, según detalla uno de los trabajadores, se reforzaron mucho las medidas de seguridad y control. La última actualización se hizo el pasado noviembre, con una nueva subcentral eléctrica que costó 300.000 euros. A día de hoy, según narra el conductor, los trenes disponen incluso de GPS para controlar su velocidad. 

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