Ir a contenido

La hoja de ruta de Colau para mantener la alcaldía

El equipo de la alcaldesa fía su reelección en mayo del 2019 a que el eje identitario pierda fuelle

Se propone movilizar a los "barrios populares" y convencer a la clase media de su capacidad de gestión

Toni Sust

Ada Colau, en el pleno municipal del pasado viernes.

Ada Colau, en el pleno municipal del pasado viernes. / ALBERT BERTRAN

Ada Colau ganó las elecciones municipales de mayo del 2015 por solo 17.000 votos. Un dato que quedó en segundo plano: la noticia fue que ganara. Pero el margen era escaso, como escasa es la mayoría relativa de Colau. A menos de un año y medio para los comicios del 2019, y ante la eventualidad de que también se decidan por un estrecho margen, el gobierno de Barcelona en Comú se enfrenta a varios condicionantes que ponen en peligro la reelección de la alcaldesa: el resultado de Catalunya en Comú en las elecciones catalanas, ocho escaños, tres menos de los que obtuvo Lluís Rabell en el 2015; el hecho de que ERC esté por delante de Barcelona en Comú en intención de voto, según el último barómetro semestral del consistorio, la evidente dificultad para encontrar socios en las votaciones, que suele agudizarse en el último año de mandato de un ayuntamiento, y que puede bloquear la actuación del consistorio.

Con todo, el equipo de la alcaldesa cree que esta mantiene intactas sus opciones. Colau fía el reto de repetir en el cargo a que el eje identitario, que ahora, indiscutiblemente, todo lo rige en la política catalana, pierda fuelle en los meses venideros. El principal riesgo, admiten fuentes del gobierno municipal, es que el marco del debate siga siendo el del sí y el no a una hipotética secesión de Catalunya. Un marco en el que los ‘comuns’, como se ha visto, navegan con mucha dificultad. Hasta ahora, subrayan próximos a la alcaldesa, los barceloneses siempre han elegido a su alcalde pensando en la ciudad. Su esperanza es que vuelvan a hacerlo en el 2019.

Para que eso suceda, los ‘comuns’ creen haber dejado huella en los aspectos en los que se ha propuesto incidir de forma más intensa: el turismo, la vivienda, la contaminación, la política social. Bien es cierto que muchos ciudadanos denuncian que desde que gobierna Colau algunos de los conflictos que quería atajar se recrudecieron: sirva como ejemplo principal el incremento de los alquileres.

Los votantes

De cara a los votantes, Barcelona en Comú se propone movilizar de nuevo a los barrios populares que fueron decisivos para su victoria. Barrios que en gran parte se inclinaron por el apoyo a Ciutadans en otras citas electorales, como las autonómicas del pasado 21 de diciembre. Pero, insisten las mismas fuentes, son otras elecciones. Además de apostar por ese voto, el partido quiere convencer a la clase media (en su amplia y compleja definición) de la capacidad de gestión del gobierno de Colau. Y de paso, también quiere evitar que la clase alta les vea como un peligro. Ese es un proceso bastante logrado: a estas alturas ya todo el mundo ha visto que ni la alcaldesa ni sus concejales y concejalas tienen intención de emprender revolución alguna. Lo que, cierto es, también le puede restar votos de quienes sí esperaban esa revolución.

Para llegar a los vecinos, el mensaje en lo que queda de mandato se centrará en Barcelona, en pisar calles y barrios y en dejar relativamente de lado otras causas de carácter más universal que han ocupado no poco tiempo de la alcaldesa en los dos años y medio que hace que ostenta la vara de mando municipal.

En relación con la gestión de Colau, sus colaboradores subrayan que no se ha producido el desastre que algunos vaticinaban y que las encuestas arrojan las mejores valoraciones de la última década. Económicamente hablando, a la alcaldesa no se le puede reprochar que haya tirado la casa por la ventana. Irónicamente, sí recibió dardos por lo contrario: cerró el 2016 con un superávit de casi 100 millones de euros. Una de las críticas de Barcelona en Comú al anterior alcalde, Xavier Trias, fue precisamente esta, la de cerrar con superávit en un contexto de dificultad social.

El bloqueo de la oposición

Además del riesgo ‘identitario’, el equipo de Colau contempla otro que se antoja más que probable: que la oposición bloquee su actuación por la vía de negarle el apoyo en los grandes temas pendientes: el tranvía, la funeraria pública, el Espai Barça (en menor medida, en este último caso). La soledad de Colau se incrementó con la ruptura del pacto de gobierno con el PSC, aunque a corto plazo llevara a que ERC y el PDECat tuvieran algún gesto de proximidad con la alcaldesa.

Si eso sucede, si la oposición se cierra en banda, la respuesta será apelar a la sociedad civil y subrayar que es esta la que reclama estos proyectos. Fuentes del gobierno municipal se muestran convencidas de que, como sucedió con el PEUAT (la regulación hotelera) y el plan de vivienda, habrá grupos de la oposición que acabarán pactando. De hecho, no descartan algo que parece muy difícil: que se empiece a construir el primero de tres tramos del tranvía en este mismo mandato.

Una carta que Barcelona en Comú esgrime con fuerza es la de que Colau es, a la vista de los jefes de grupo que operan actualmente en el ayuntamiento, la mejor candidata. Es, también, una circunstancia que se ha subrayado en lo que va de mandato: el equipo de Colau considera que la ausencia de rival, como grupo y como alcaldable, es innegable y la ha beneficiado.

Y volviendo al debate de la bandera, los acólitos de Colau se ponen en lo mejor: sí, admiten, el debate identitario los dejó fuera en las elecciones catalanas. Pero, prosiguen, su postura “nacional” puede no suscitar adhesiones, pero tampoco causa rechazo.

Los 'comuns' no temen un Junts per Barcelona

El resultado de las elecciones catalanas del pasado 21 de diciembre fue un trago amargo para los ‘comuns’. Después de los triunfos de Ada Colau en las municipales del 2015 y de la victoria de Xavier Domènech en Catalunya en las dos últimas y casi consecutivas elecciones legislativas (el resultado de Lluís Rabell en las catalanas de septiembre del 2015 fue considerado casi un accidente), se impuso la sensación de que su espacio iba ser protagonista, o como poco coprotagonista, en el futuro político catalán. Ahora, Catalunya en Comú parece condenada a ser irrelevante en el Parlament en el tiempo que dure la próxima legislatura.

En ese contexto, aparece como amenaza, pero esta vez en las municipales, la posibilidad de que ERC y el PDECat se alíen, reeditando la fórmula de Junts pel Sí, con el fin de buscar lo contrario que Colau: fiarlo todo al eje identitario y lograr que una candidatura independentista dirija Barcelona. Pero Colau y su equipo creen que esa hipotética lista no debe quitarles el sueño porque no tiene visos de prosperar.

El razonamiento que hacen es que una candidatura conjunta haría perder votos a ERC entre los sectores de izquierda. Por otra parte, las mismas fuentes cuestionan las posibilidades de victoria de Alfred Bosch, y se muestran convencidas de que perderá apoyo cuando el PDECat haya elegido a su candidato. Consideran que es más viable que Junts per Barcelona exista pero al estilo de Junts per Catalunya, una candidatura formada por el PDECat y personalidades del ámbito independentista ajenos a ERC. En este caso, un candidato que sin duda podría destacar sería el exteniente de alcalde Joaquim Forn, después ‘conseller’ de Interior en el Govern de Carles Puigdemont, con experiencia de gestión municipal, que no genera rechazo personal ni entre sus rivales y que atesora el expediente de entrega independentista innegable que supone que lleve más de 70 días en la cárcel a cuenta del proceso independentista. Sin embargo, es de prever que las barreras legales impidan su designación, si es que se ha llegado a plantear.

Para darle la mejor experiencia posible estamos cambiando nuestro sistema de comentarios, que pasa a ser Disqus, que gestiona 50 millones de comentarios en medios de todo el mundo todos los meses. Nos disculpamos si estos primeros días hay algún proceso extra de 'login' o el servicio no funciona al 100%.