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BARCELONEANDO

"El amigo Raymundo Noguera"

El notario fue una figura esencial de la cultura catalana del siglo XX, lo mismo medió entre el abad Escarré y el obispo Modrego que ayudó a la creación del Museu Picasso y la Fundació Miró

Natàlia Farré

La placa-homenaje al notario Raimon Noguera que luce, desde la semana pasada, en la plaza que hay detrás del Museu Picasso.

La placa-homenaje al notario Raimon Noguera que luce, desde la semana pasada, en la plaza que hay detrás del Museu Picasso. / ALBERT BERTRAN

"Ha hecho más este hombre por el país manteniéndose constantemente fuera de la política y de sus desgracias que todos los políticos del país juntos". El autor de la frase fue Josep Pla y el glosado no era otro que Raimon Noguera. Notario. Pero no de los típicos y tópicos. Vamos, que lo de encerrarse en el despacho no iba con él. Discreto, sí. Pero también omnipresente en todo lo relacionado con la cultura catalana de la segunda mitad del siglo XX. Amigo de Josep Maria de Sagarra y del propio Pla, y con los años y el trabajo de Pablo Picasso, Joan Miró y Pau Casals; y miembro de la Penya Gran del Ateneu. La histórica. Lo suyo fueron tanto las leyes como el humanismo. Y lo suyo fue resolver conflictos de calado. Primero conciliaba y luego buscaba la resolución jurídica. Así solventó muchos problemas. Entre ellos, el litigo que enfrentó Monstserrat y la mitra de Barcelona. Ahí es nada. 

Durante la guerra civil se enfrentó a un grupo de anarquistas para evitar la quema del archivo notarial 

"Señor obispo, tengo entendido que en la edad media algunos prelados tenían el privilegio de perdonar los pecados antes de que fuesen cometidos. No sé si es el caso de usted. Pero si realmente tiene este privilegio, le agradeceré que lo use, pues, si no cambia de consejeros, yo voy a blasfemar". El obispo en cuestión era Gregorio Modrego; y quien así se expresó el propio Noguera, según escribió en su necrológica el también notario Josep M. Puig Salellas. Corría mayo de 1952 y hacia unos meses que Aureli Escarré, abad de Montserrat, había presentado en el juzgado de Manresa una demanda contra el obispado de Barcelona por los derechos de la montaña donde se halla el monasterio. 

El litigo tenía su origen en el limbo jurídico en el que se encontraba el cenobio tras la desamortización de Mendizabal y el devenir del siglo XIX. Abad y obispo querían el control de la montaña. Y ambos eran dos personalidades fuertes y antagónicas. Aragonés y provicario general castrense durante la guerra civil, el primero; catalán y opositor al régimen franquista, el segundo. Modrego dilató el acuerdo tanto como pudo. De ahí las palabras de Noguera que, a petición de Escarré, medió en el conflicto. Lo resolvió, aunque tardó cinco años. Fue uno de los episodios en los que trabajó que, decía, más satisfacción le produjeron. A la par de uno de los más desconocidos.

Amigo de Josep Maria de Sagarra y de Josep Pla, y miembro de la Penya Gran del Ateneu, lo suyo fueron tanto las leyes como el humanismo

Imprescindible fue, también, su contribución para situar el archivo del Col·legi de Notaris de Catalunya en uno de los más relevantes de Europa. De hecho, evitó su quema. En julio de 1936, cuando ostentaba el cargo de secretario de la entidad, hizo frente a un grupo armado de anarquistas dispuestos a convertir en cenizas los títulos de propiedad de los burgueses. Los arengó en mangas de camisa. Les vino a decir que sin documentos no habría demostración posible de la opresión e injusticias sufridas por la clase trabajadora. Funcionó. Y salvó los legajos. Luego convenció a historiadores como Jaume Vicens Vives y Pierre Vilar de las posibilidades que ofrecían los protocolos notariales como fuentes de información.

También Miró y Casals

Y vital fue su figura para la creación del Museu Picasso, la Fundació Miró y la Fundació Pau Casals. Conoció a los tres artistas pero el malagueño fue el que más le fascinó. "No ha habido nadie como él en este siglo, ni quizá en toda la historia de la humanidad", afirmó en una ocasión. Le ayudó a fundar su museo en Barcelona y puso orden a su legado. Algo  harto difícil teniendo en cuenta el número de mujeres e hijos legítimos e ilegítimos que tuvo el genio. Picasso le correspondió con calificativos como "maître Noguera" y "el amigo Raymundo Noguera", y con unas cuantas obras que el notario acabó donando al museo que él ayudó a construir. Ahora, el centro le devuelve sus gestiones con una placa homenaje. Luce, desde la semana pasada, en el espacio que hay entre el edificio histórico y el Centre de Coneixement i Recerca. La plaza de Raimon Noguera, según el nomenclator de la ciudad. Pati Noguera, en la jerga del museo. 

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