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EN EL MERCADO DE LA MERCÈ

Un huevo duro de festín navideño

Benilda, una clienta de 85 años, explica su menú y afirma que no hace compras anticipadas

Las ventas y los precios están estancados a 10 días de las fiestas

Teresa Pérez / Barcelona

Afluencia de compradores en el mercado de la Mercè, en Nou Barris.

Afluencia de compradores en el mercado de la Mercè, en Nou Barris. / DANNY CAMINAL

Si todos los clientes que estaban este miércoles al mediodía en el mercado de la Mercè (paseo de Fabra i Puig, 270) hubieran comprado, los comerciantes se habrían hecho de oro. Sin embargo, la afluencia de gentío no se correspondía con la apatía de las cajas registradoras. El espirítu y la alegría navideña tan solo se notaban cuando, sobre todo en las pescaderías, las dependientas gritaban "¡Bote!", para demostrar que algún cliente les ha dejado una propinilla como aguinaldo.

Benilda, de 85 años, oyó el grito de alegría mientras aguardaba a que la atendieran, en el puesto del recinto comercial de Nou Barris, para comprar boquerones, que era su menú del día. Su hoja de ruta navideña no entiende ni de compras anticipadas ni tampoco de platos especiales. Benilda vive sola. Ya tiene diseñado su menú del día 25: de primero un plato de sopa y de segundo un huevo duro.

Ante la cara de sorpresa da una explicación algo más precisa: "Es que soy diabética y solamente puedo comer dos huevos a la semana y precisamente uno me coincide con el día de Navidad que es lunes". De postre tomará mató . "Y de propina navideña, me acabo de romper un diente", afirma mientras se señala con el dedo un amplio hueco que tiene en la parte superior de la dentadura. "Ya era viejo, más o menos de mis años", afirma entre risas para justificar la rotura.

Balneario

Rosa, otra clienta del mercado, está de suerte. Este año no se molestará ni en comprar con antelación ni en cocinar porque pasará estas fechas a remojo en un balneario de Caldes de Montbui (Vallès Oriental). "No voy a hacer nada. Ahora estoy haciendo la compra diaria", relata. 

Las ventas van renqueantes en la mayoría de los puestos. Esta sensación reina en un establecimiento de pescados y mariscos, que no tiene nombre, que hace esquina en un pasillo del mercado, y también sufren la atonía compradora en Mòn Ibèric y en el comercio de pesca salada propiedad de Glòria Vila. La dueña, por ahora, vive de apuntar en las hojas de la libreta los encargos que le hacen los clientes: "Sobre todo aperitivos, pasteles de pescado y salmón. La gente espera al último momento para llenar la nevera", afirma Vila.

En el establecimiento Mòn Ibèric, del que es titular Jordi González, ni el olorcillo que desprende el apetitoso jamón ibérico ni la habilidad que demuestra el dependiente cortándolo a mano son suficientes reclamos para atraer al público. "La gente está a la expectativa de lo que pueda pasar [léase elecciones 21-D] y las ventas van poco a poco", argumenta González. El dueño, sin embargo, es optimista porque los productos que vende este año son de un importe más caro que los del 2016. A su juicio la gente en estas fechas no se preocupa si la tarjeta de crédito echa humo: "Los jamones Joselito los vendo rápido si se comparan con los de 100 euros que se me quedan muertos de risa". Carmen, encargada de la pescadería, comparte las opiniones de otros tenderos: "La cosa esta  floja. La gente no se anima a comprar. Aquí aún se nota la crisis". Y eso que los precios de los artículos apenas han despuntado, coinciden los comerciantes. La merluza fresca tenía el letrero de 6,90 euros el kilo; la sepia, 14, y las colas pequeñas de rape, 16.

Fabricar 80 canelones

Rita, de 72 años, está de chachara con una conocida al lado del puesto de pesca salada. Ella, la única compra anticipada que ha hecho ha sido la carne para hacer canelones. "Hago entre 70 y 80 unidades", cuenta y añade: "Mi hija, incluso, se lleva dos bandejas cuando, después de las fiestas, regresa a Cenicero, en La Rioja, donde vive". Esta tertuliana rechaza las compras anticipadas con un argumento contundente: "Si se te estropea la nevera con todo dentro, ¿qué haces?".

En un puesto de frutas y verduras del mercado una clienta protesta por el elevado precio de las berenjenas rayadas, que ronda los tres euros el kilogramo. El tendero no se anda con lisonjas y replica ante las críticas: "Señora que no están caras por estar próxima la Navidad sino por el clima. Que el tiempo está muy malo".      

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