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ARTE SOCIAL Y SOLIDARIO

Bienvenidos a la verdadera cultura popular de Barcelona

Pequeños proyectos de base tejen alianzas para situar escenarios considerados alternativos en la primera línea del circuito cultural

Al camino abierto hace cuatro décadas por el Ateneu Popular de Nou Barris se han sumado en los últimos años Can Batlló, La Lleialtat o el Koitton Club

Helena López

Concierto de músicas africanas en el Koitton Club, en Sants.

Concierto de músicas africanas en el Koitton Club, en Sants. / CARLOS MONTANYES

La cultura de base, de barrio, 'alternativa', pensada, representada y 'consumida' en ateneos y 'casals' forma parte del ADN de esta ciudad. Tan cierta es esta afirmación como que toda esa cultura existente, real, ha sido históricamente considerada por (casi) todos, incluso por sus propios protagonistas, como una cultura 'de segunda'. Pero ahí va una tercera idea: algo está cambiando. "Se están estructurando una serie de proyectos que demuestran que es posible hacer cultura de forma profesional de otro modo, y esto es algo que trasciende al hecho cultural en sí. Es algo que va desde la cerveza que vendes en la barra durante el concierto, artesana, ecológica y ética; al modelo de tarificación. Que va desde las cooperativas de técnicos de sonido, al sindicato de músicos o las compañías artísticas críticas". Así describe el fenómeno Xavi Urbano, socio de la cooperativa Quesoni, organizadora del festival Say It Loud, referente en este mundo; y persona muy ligada al Ateneu Popular de Nou Barris, "el faro". Esto último -lo del faro-, no lo dice Urbano, lo dicen todos.

Lo dice, por ejemplo, Núria Alcober, socia trabajadora del Koitton Club, local abierto hace un lustro con el objetivo de programar música en directo de forma estable. "Desde el primer momento tuvimos claras dos cosas: que tenía que ser en Sants, ya que éramos gente muy arraigada al tejido del barrio, y que nos constituiríamos como cooperativa", apunta Alcober. Sants, territorio cooperativo por excelencia (si el Ateneu Popular de Nou Barris es "el faro" de las salas alternativasLa Ciutat Invisible, en Sants, es el de las librerías).

La primera gran obra de La Col

Pero abrir un local de música en directo requiere una gran inversión. ¡Hay que adecuarlo a la normativa! (tema que merecería un artículo aparte). "En un principio pensamos, ingenuos, que al haber sido el local una discográfica -eligieron la vieja Ventilador Records, donde grabaron muchos de sus discos Los Manolos-, tendríamos trabajo hecho. No fue así". Pero no fue un problema insalvable. Contactaron con la cooperativa La Col -del barrio, claro-, en aquel momento un grupo de jóvenes recién salidos de la facultad de Arquitectura. La apuesta salió bien. Esos jóvenes posteriormente han trabajado en rehabilitaciones de espacios como el Bloc Onze de Can Batlló o en los estudios previos de la transformación de la Lleialtat; dos de los nuevos equipamientos de gestión comunitaria con infraestructuras técnicas de primera línea, dentro de la red presentada por Urbano.

"Es algo que va de la cerveza que vendes en la barra durante el concierto, artesana, ecológica y ética; al modelo de tarificación"

Xavi Urbano

Cooperativa Quesoni

Alcober comparte la tesis de Urbano. "Se están produciendo muchas sinergias, tanto sectoriales como territoriales. Está explosionando una manera de trabajar distinta. Barcelona es muy rica y muy diversa, y hay muchas iniciativas pequeñas que están funcionando. Hace tiempo que hay una autoorganización, y ahora se le está dando una vuelta de tuerca, para intentar dignificar un poco las condiciones laborales en el sector", señala la 'madre' del Koitton. Ahí está el Síndicat de Músics. La programadora confiesa también sus frustraciones. "Tampoco idealicemos. La sala Apolo sigue siendo la sala Apolo y la Barts, la Barts. Hace falta tejer más comunidad entre la sala y los músicos para que haya una cierta complicidad. Que los músicos apuesten por las salas que hacen las cosas de otra manera, como Nacho Vegas. Aún hay salas de primera y de segunda", expone.

Ambiente en la librería Pebre Negre, en El Clot, hace unos días / álvaro monge

Eso, elegir solo espacios ligados a la economía social y solidaria, es lo que hacen, por ejemplo, en el Say It Loud. Uno de los espacios vinculados al festival es la librería cooperativa Pebre Negre, muy imbricada en el tejido asociativo de El Clot. La cultura no son solo las artes escénicas, y las librerías 'activistas' están viviendo también un época dorada, de La Carbonera, en el Poble Sec -¿imaginan algo más revolucionario que abrir una librería en la calle de Blai?-, a La Calders, en Sant Antoni. 

Pebre Negre nació en junio del 2014 de la inquietud de tres personas Maite Cusó, Maite Sánchez y Oriol Canosaprocedentes del sector de la cultura, con ganas de iniciar un proyecto cultural "propio, pequeño, redimensionado". 

"No se trata solo de 'bajar' la 'alta cultura' al barrio, sino también de formar parte de la mucha cultura que se genera en el barrio"

Maite Cusó

Librería Pebre Negre

"Queríamos un espacio cultural con libros en nuestro barrio, en el Clot-Camp de l’Arpa", resume Cusó. Media librería es una sala de actividades donde hacen talleres de prácticamente todo. "El libro -cuenta- es un objeto que se mueve. Le damos vida. Queremos ser un actor más en el barrio. Acercar libros ¡y a los escritores! de primer nivel a la gente. Romper con la jerarquía natural de ¿dónde funcionan más las librerías? Escritores de primera línea han venido aquí, al barrio, a presentar sus libros, ¿por qué no?", prosigue.

Trabajan, además, en las dos direcciones, de arriba abajo y de abajo a arriba. "No se trata solo de 'bajar' la 'alta cultura' al barrio, sino también de participar de la cultura que se genera en el barrio, que es mucha", explica. Además de hacer selecciones de libros para ser leídos con música negra de fondo para el Say It Loud, la Pebre Negre participa, por ejemplo, en el mercado solidario del barrio, para recoger fondos para las familias para que las ampas inviertan en comedores y colonias para las familias vulnerables. "Es un espacio que la gente se ha hecho muy suyo. La gente busca espacios, tiempos de calidad vinculados a la cultura", reflexiona Cusó, quien añade que la cultura oficial -la publicoprivada- dedica muchos recursos a cosas que no funcionan: "El mundo de la gestión de la cultura se ha comido a la cultura".

Debate sobre 'ciudad, cultura y vidas' en el Ateneu de Nou Barris /MARTÍ FRADERA

A esa conclusión han llegado también Mireia Mora, de la cooperativa de comunicación cultural La Tremenda, y Jordi Oliveras, ideólogo de los Fòrums Indigestió, seguramente dos de las personas que más han pensado esa 'otra cultura' en la ciudad. "Hay una cierta novedad en la mirada hacia la cultura. Ahora se ponen en cuestión cosas como la presencia mayoritaria de hombres o la sobrerrepresentación de ciertos estratos sociales", señala Oliveras. "Se está repensando el vínculo entre política y cultura, y eso lo impregna todo", plantea la comunicadora, quien agrega: "Tenemos que plantearnos qué valor añadido estamos aportando a la cultura desde el cooperativismo".  

BAM Cultura Viva (o las oportunidades de la institución)

Muchas de esas preguntas se han planteado, también, en el marco el BAM Cultura Viva, la apuesta de Barcelona en Comú (BC) por la introducción de esa otra mirada a la gran cita musical de la ciudad organizada desde lo público. "Un intento de hacer el BAM de una manera más colectiva; pensada, producida y participada por distintos agentes de la cultura cooperativa autogestionada", señala la comunicadora cultural Mireia Mora, participante de la experiencia. También formaron parte del Cultura Viva proyectos como el Koitton Club, Quesoni, el Sindicat de Músics y Indigestió. "Es un intento de coproducción de políticas culturales. Un laboratorio. El reto ahora, la oportunidad, es hacerlo crecer", prosigue la socia de La Tremenda. 

El sector -los alternativos, sobre decirlo- ve como una oportunidad para dar alas a esta experiencia el divorcio entre el PSC y BC, volviendo el ICUB a manos de los de Colau.

Cultura Viva, según se define en su página web, es un programa abierto de investigación y desarrollo de proyectos destinado a "reconocer y favorecer" los espacios de participación, circulación y coproducción cultural en Barcelona. Un programa transversal coordinado por el ICUB en colaboración con otras áreas del Ayuntamiento de Barcelona -parte del presupuesto del Cultura Viva sale del área de Economía social y Solidaria- así como entidades y proyectos sociales y culturales de la ciudad. "El objetivo es trabajar desde la relación entre las comunidades, las instituciones y los espacios independientes de la cultura a partir del reconocimiento y el fortalecimiento de la producción cultural descentralizada, participada y en red", señalan.

Todo esto lo trabajan en cuatro ejes: la gestión comunitaria, las economías culturales, la "democracia" y la innovación ciudadana. "Los momentos de crisis no son para 'inventar' la gestión comunitaria, sino para que las instituciones públicas garanticen su existencia y sostenibilidad. Queremos entender los bienes comunes no como una realidad opuesta a lo público, sino como procesos vivos existentes en el territorio que muestran nuevas formas de hacer y de funcionar como institución pública", concluyen.