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BARCELONEANDO

La 'capilla sixtina' de las mazmorras

Una de las celdas del castillo de Montjuïc suma 537 pintadas de detenidos durante la guerra civil

Natàlia Farré

Uno de los grafitto eróticos pintados en las mazmorras del castillo de Montjïc durante la guerra civil.

Uno de los grafitto eróticos pintados en las mazmorras del castillo de Montjïc durante la guerra civil. / NATÀLIA FARRÉ

Lo prohibido seduce. Y tienta. Si no, que le pregunten a Eva por su manzana. No hay nada como las cosas y los sitios vetados. Son una provocación. Despiertan curiosidad y morbo por igual. No hay duda. Y en el castillo de Montjuïc hay mucho acceso prohibido. Y vetado. Los calabozos, sin ir más lejos. Cinco. El sábado abrieron sus puertas. Poco. Pero llenaron. Hubo visita guiada para unos cuantos afortunados. El día 3 de febrero habrá otra. Es InMuseu, el programa del Ayuntamiento que da acceso a espacios restringidos de los museos.

Los dibujos que más llaman la atención del visitante son los eróticos o directamente pornográficos

Las mazmorras no siempre fueron espacios inaccesibles. Ni de encierro. O sí. Aunque antes de confinar presos, hacían lo propio con los víveres. Vamos, que a finales del XIX lo que eran almacenes transmutaron en celdas. Mucho tuvo que ver en ello que el recinto pasara de baluarte defensivo a centro de reclusión. Con el primer traje se usó de plataforma para castigar la ciudad. Lo hizo el general Espartero. El mismo que dijo que había que "bombardear Barcelona cada 50 años para mantenerla a raya". Y le siguieron el general Prim y un tal Zapatero. Como centro de reclusión se estrenó con anarquistas, sindicalistas y revolucionarios. Ahí es nada. 

En las celdas del castillo dieron con sus huesos los acusados del atentado de la procesión de Corpus de 1896. Una bomba Orsini mandó por los aires al cortejo en la calle de Canvis Nous. Las detenciones masivas mandaron a Montjuïc a más de 700 personas. A las mazmorras. Una batería de cinco salas alargadas con salida a un lúgubre y estrecho pasillo: el llamado 'Tubo de la risa'. Histérica, por supuesto. La que tenían los que se dirigían al final de tan angosto pasaje y, a la postre, a un final trágico. Lluís Companys, entre ellos. Aunque al 'president' no lo encerraron allí. Lo tuvieron en una sala junto al patio de armas. Pero esta es otra historia. 

Visitantes recorriendo una de las celdas del castillo de Montjuïc, el sábado / adriana domínguez

Entre los 'grafitti' más curiosos hay uno de principios del siglo XX sobre una batalla de la guerra de Cuba

Las celdas no asustan. Están limpias y cuidadas. Pero para escrutar las paredes hay que ir con la guardia alta y la líbido baja. Si no, se corre el riesgo de hundirse emocionalmente y levantarse físicamente.  La culpa es de los 'graffiti'. Está lleno. De toda clase y condición. Los que encogen el alma son llamadas de socorro: "Sacadme de aquí que me vuelvo loco", "Que mala es la justicia que me obliga a hacer algo cuando yo no he hecho nada" y "Soy un chico joven de 17 años al que  han condenado a muerte, ¿por qué?". Los que alegran el cuerpo son los eróticos. Hay algunas escenas subidas de tono y otras, directamente pornográficas.  No son los que más abundan pero sí los que más llaman la atención. Pertenecen al calabozo número 3, el que los restauradores llaman familiarmente la 'capilla sixtina'. ¿El motivo? Los 537 'graffiti' individualizados que se han encontrado del periodo de la guerra civil. Hay de todo. Iniciales, calendarios, retratos, aviones... e incluso un orinal. 

'Dos paletos en Madrid'

Con todo los mejores están en la celda de al lado. En el calabozo 4. Escudos de armas que posiblemente sean solo un ejercicio de dibujo. Y un fragmento de lo que parece ser una  batalla de la guerra de Cuba. Tal cual. Lo afirman desde el Museu Marítim. Ahí  estudian todo barco pintado que se descubre en una pared. Es de los más antiguos, y posiblemente fue hecho por algún detenido durante la Setmana Tràgica o por alguno de los 3.000 trabajadores que durmieron en el castillo durante la huelga de La Canadenca, en 1919. Aunque el más curioso reúne 22 líneas de un fragmento de 'Dos paletos en Madrid'. Por un momento se creyó que era manuscrito por Pedro Muñoz Seca. Pero no.  La fundación que vela por su legado lo niega, y las pruebas grafológicas, también. Tampoco está claro que el escritor pasara por el castillo, pudo ir a la Modelo.

De lo que no hay duda es que el conjunto forma un gran documento de memoria histórica. Apareció por casualidad. Se decidió sacar el 'atrezzo' de las películas ahí grabadas en el pasado y surgió eso: el pasado.  

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