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ECONOMÍA COLABORATIVA

Una casa, dos familias

Unos arrendatarios lamentan el control municipal por una actividad que "equilibra las finanzas domésticas"

"Si en algo es enriquecedor es a nivel humano", dicen

Víctor Vargas Llamas

Una de las familias que tenía habitaciones en alquiler en Airbnb.

Una de las familias que tenía habitaciones en alquiler en Airbnb. / ELISENDA PONS

Un sueño hecho realidad para Pablo y Claudia: por fin tenían ante sí la casa que siempre habían proyectado. Pero en sus planes no figuraban los efectos de la crisis, el bajón de ingresos de sus respectivos proyectos laborales, el pozo sin fondo para cubrir las necesidades de sus dos hijos... Se hacía evidente la necesidad de equilibrar las finanzas domésticas con ingresos atípicos. Surgen las dudas y los temores, pero, por suerte, también las soluciones, al menos parciales. "Un amigo nos explicó que compartía parte de la estancia. Un proyecto gratificante y que le ayudaba a llegar con menos apuros a final de mes", destaca Claudia, que al igual que su pareja prefiere preservar su auténtica identidad. 

La experiencia iniciaba sus pasos cumpliendo las expectativas. "Si en algo nos hemos enriquecido ha sido con la presencia de personas de otras culturas sobre todo para la experiencia de los pequeños. Y aunque teníamos inquilinos apenas los meses de buen tiempo, era una ayuda para pagar la hipoteca", recuerda  Pablo. Cifran en algo más de una treintena los usuarios que acogieron en ese periodo de un año, "la mayoría familias", porque seguían "un filtro estricto y muchos candidatos se quedaban sin opciones". "De Nueva Zelanda, Francia, EEUU... El 99,9% era gente increible, desmitificando la fama del visitante de bajo perfil, del turismo de borrachera", razona Claudia en la cocina de su piso del barrio de El Coll (Gràcia). 

Pero la experiencia se truncó con una notificación del ayuntamiento en la que se le instaba a interrumpir su actividad "o precintaban la casa". "La notificación iba acompañada de una multa de 30.000 euros. Presentamos alegaciones, nos las rebatieron todas y nos presentaron una propuesta de resolución de sanción que rebajaba la cuantía a la mitad en caso de pronto pago. Mucha gente se asusta y cede al 'chantaje'; nosotros nos negamos", aduce Pablo.

Regulación

"Estamos de acuerdo en la necesidad de regular la entrada masiva de turistas, entendemos las quejas vecinales en la Barceloneta porque es una vergüenza, pero esa problemática ha llevado a [Ada] Colau a aplicar una normativa desproporcionada, injusta para familias sin afán especulativo", destaca el propietario. Una máxima para la que ha tenido que buscar "apoyo de abogado y notario", exponiendo testimonios de vecinos y visitantes: "Una vecina atestiguó que nos veía tender la ropa con asiduidad, el profe de clases particulares de mi hijo... Pero no sirvió de nada".

"Y un vecino fue también el que nos denunció, pensando que estaba cumpliendo un cometido heroico con la ciudad; nadie nos avisó de que era ilegal y ahora, viendo la cerrazón del ayuntamiento tendremos que recurir a la vía legal", se lamenta. Fuentes municipales argumentan que en la carta en la que se reclamaba colaboración ciudadana para combatir las viviendas de uso turístico sin licencia también se detallaba que era una actividad ilegal. 

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