21 sep 2020

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MOVILIZACIONES CIUDADANAS

Los barrios más castigados por el turismo masivo vuelven a la carga

En un mismo día la FAVB se manifiesta contra la nueva terminal de cruceros y los vecinos de la Sagrada Família critican que los planes de 'pacificación' municipales son totalmente insuficientes

Helena López / Barcelona

Concentración contra la nueva terminal de crueceros, este miércoles.

Concentración contra la nueva terminal de crueceros, este miércoles. / ALBERT BERTRAN

Joan Itxaso, portavoz de la Asociación de Vecinos de la Sagrada Família, explica con un ejemplo práctico cómo ha afectado la inestabilidad política al número de visitantes del templo. "El 4 de octubre, el día después del 'paró de país', en el que el templo cerró por primera vez en su historia, esto estaba imposible. Coincidieron los que no pudieron visitarlo el día anterior con los que ya tenían previsto ir ese día. Los agentes cívicos estaban totalmente desbordados", expone. Lo hace en la ya tradicional rueda de prensa que la entidad vecinal ofrece cada otoño para hacer su particular balance de la temporada turística. Un año más, su diagnóstico es claro: el decrecimiento turístico es urgente.

"Ya pueden regular y normativizar con muy buena voluntad, que con el actual número de visitantes es inviable hacer compatible una vida vecinal normal con el actual modelo de negocio del templo", resume el portavoz de la asociación, quien también critica la falta de efectivos dedicados a hacer cumplir esas bienintencionadas regulaciones. Acompaña la valoración con algunos datos: "entre el 2014 y el 2016 el incremento de visitantes del templo fue de un 40%. En temporada alta lo visitan 60.000 personas diarias, 15.000 de las cuales entran, un número que supera el de vecinos del barrio (son 50.000)".

Ni a pie ni en metro

Una de las principales afectaciones de esta hiperactividad en la Sagrada Família en la vida diaria de estos vecinos es la movilidad. Tanto a pie -en determinados momentos es físicamente imposible avanzar por las aceras-, como en transporte público. "En temporada alta -sigue ejemplificando el veterano líder vecinal- la estación de metro de Sagrada Família es la segunda más utilizada de la ciudad, después de la de plaza de Catalunya, que es un 'hub' de comunicaciones".

Numerosos turistas frente a la Sagrada Família, este martes / ALBERT BERTRAN

A todo esto hay que sumar el incremento del precio de la vivienda, con la consecuente expulsión vecinal. "Es difícil encontrar un piso de alquiler, y los que hay, son entre 1.000 y 1.200 euros, eso dificulta muchísimo la emancipación de los jóvenes", señala. Dificultad a la que se suma la progresiva desaparición del comercio de proximidad, "en lo que tiene mucho a ver el distrito", subrayan. A ojos de Itxaso, "existe la idea generalizada de que al distrito se la puedes colar de cualquier manera". Afirmación que también acompaña de ejemplos: "hay varias terrazas que no cumplen la normativa y establecimientos que abren sin licencia, y aquí no pasa nada". 

El diagnóstico presentado por los vecinos de la Sagrada Família -"decrecimiento o decrecimiento"- es compartido por la FAVB y la Assemblea de Barris per un Turisme Sostenible (ABTS), que, junto a la Plataforma per la Qualitat de l'Aire, este miércoles se han manifestado a las puertas del Consejo de Administración del Puerto para visualizar su oposición firme a la nueva terminal de cruceros. "Esta propuesta ataca dos de las grandes preocupaciones actuales de la sociedad en relación la ciudad: la masificación turística y la contaminación", asegura Daniel Pardo,  miembro de la ABTS. 

Impacto ciudadano

En solo dos días, las tres entidades impulsoras de la campaña han sumado el apoyo explícito de 50 entidades y de 300 personas a título individual. Una apoyo en forma de adhesiones a un manifiesto en el que reclaman el "paro inmediato de la licitación de la nueva terminal de cruceros, que la Generalitat recupere las competencias en la gestión del Puerto de Barcelona y que sea la ciudad la que defina las políticas turísticas de gran impacto, en lugar de la de una Autoridad Portuaria dependiente del Ministerio de Fomento y visiblemente ajena en los intereses del territorio y la población".

En esa misma línea se ha pronunciado tras salir de la reunión la concejala de Urbanismo de la ciudad, Janet Sanz. "Creemos que Barcelona no necesita una nueva terminal de cruceros. Es urgente abrir a la ciudadanía el debate sobre la relación de la ciudad con el puerto -ha insistido la quinta teniente de alcalde-; no puede ser que estas decisiones se tomen de espaldas a la ciudad".