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BARCELONEANDO

El arte enterrado de Montjuïc

La historiadora Montse Oliva Andrés sitúa en el mapa del cementerio esculturas perdidas de grandes autores

Natàlia Farré

En primer plano una de las esculturas de Josep Llimona en el Cementiri de Montjuïc descubierta por Montse Oliva; al fondo, una pieza de Enric Clarasó.

En primer plano una de las esculturas de Josep Llimona en el Cementiri de Montjuïc descubierta por Montse Oliva; al fondo, una pieza de Enric Clarasó. / NATÀLIA FARRÉ

Montjuïc es uno de los cementerios más monumentales, no en vano se estrenó a tiempo para que la pujante burguesía del país pudiera construir su morada eterna con el mismo esplendor que levantaba sus terrenales residencias del paseo de Gràcia. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol. El listado de arquitectos y escultores que participaron en su decoración quita el hipo. Sin ir más lejos, Puig i Cadafalch, del que este año se celebra el 150º aniversario de su nacimiento, proyectó un mausoleo para Teresa Costa. La pieza tiene chascarrillo: después de su construcción quedó rodeada de otras tumbas, algo que molestó a la futura inquilina. Así que sacó su poderío: pagó de su bolsillo el desmontaje y traslado de todo aquello que creyó taparía su visión de la eternidad. Ahí es nada. El panteón, despejado él, sale en la guía del cementerio y es parada de una de las rutas artísticas que propone el camposanto. Como lo es la evanescente mujer que Enric Clarasó esculpió para el sepulcro del indiano Antonio Leal Da Rosa.

De momento, ha rescatado del olvido piezas de Llimona, Clarasó, Campeny, Atché, Fuxà y los Vallmitjana

Dos nombres y dos visitas obligadas. Pero pura anécdota. Pues en Montjuïc hay más arte enterrado que a la luz. O lo que es lo mismo, hay muchas piezas firmadas por arquitectos y escultores de renombre cuyo conocimiento se ha perdido en el tiempo. En desenterrarlas del olvido y del anonimato, ha centrado su trabajo de fin de carrera la historiadora del arte Montse Oliva Andrés. Y no ha fracasado. Ha encontrado unas cuantas esculturas perdidas de Josep Llimona, Rafael Atché, Manuel Fuxà, Josep Campeny y los hermanos Vallmitjana. Oliva Andrés no es la primera que se pone en ello, otros la han precedido también con resultados. Pero aún queda mucho por redescubrir. Ya se sabe, demasiada concentración de arte y demasiada extensión. Al trabajo le dedicó la historiadora un año y un montón de kilómetros andados por el cementerio. Pero sigue en ello. Lo hace por pasión: "La escultura funeraria es la menos valorada y fue muy importante para la escultura de la época de entre siglos", afirma. Todos los grandes artistas la practicaban y muchos comían de ella. Era la más productiva. Vean si no qué le dijo uno de los grandes, Campeny, a Emilio Orduña en 1908: "Si no fuera por el cementerio no vivía". Y también lo hace por reivindicación: "Barcelona tiene un catálogo de escultura pública pero no de escultura funeraria. Y hay mucha y buena", defiende Oliva Andrés. 

El cambio de propiedad de los sepulcros ayuda a que grandes obras caigan en el anonimato 

De Llimona la historiadora ha documentado tres obras nuevas que completan la extensa presencia del autor en Montjuïc. Dos de ellas, un relieve del sarcófago del doctor Ferran i Clua y un Cristo que se esconde en el interior del panteón Cebrià Pagés, están firmadas. No hay duda de su autoría. Como tampoco la hay, aunque no tenga autógrafo, de la tercera: la que decora la tumba de Estaban Fargas. Es idéntica a la que Llimona realizó, y tampoco firmó, en San Sebastián para el monumento del compositor José María Usandizaga. Hay que decir que utilizar el mismo modelo para una escultura funeraria y una pública era algo habitual en el autor del 'Desconsol'. Muy diferente es el caso de los hermanos Vallmitjana, que han pasado de tener una obra póstuma en el camposanto a tener unas cuantas. La más espectacular es el conjunto escultórico de mármol blanco que decora el interior del ahora panteón Valls Taberner, en su época llamado Quer Vilaregut. Se conocía el conjunto pero no se encontraba su ubicación porque no existía ningún mausoleo Quer Vilaregut. Y es que el cambio de propiedad de muchos de los sepulcros tiene gran parte de culpa de este olvido artístico. Encontrarlo ha supuesto muchas horas de recorrer el camposanto y de investigar en archivos. Casi tantas como localizar el que fue panteón de la familia Morera (ahora, Socias-Monfort-Montplet) y descubrir que además de una 'pietà' de los Vallmitjana y un ángel anunciador de Fuxà, desconocidos y firmados, hay, en su interior, dos preciosos sarcófagos muy ornamentados de Clarasó, documentados pero nunca hasta ahora localizados.

Dos obsesiones

El panteón de Urrutia, cuya escultura del ángel podría ser de Josep Campeny. / NATÀLIA FARRÉ

La lista es interminable y promete crecer más. De momento hay dos piezas que obsesionan a Oliva Andrés. Dos ángeles que custodian el mausoleo de la familia Borès: "Esculpir las cadenas que llevan es muy complicado e indican que son de un escultor con calidad, pero no están firmados". Y un 'campeny' cuya autoría defenderá el próximo 6 de octubre en Atenas, en la reunión anual de Asociación Europea de Cementerios. No es una escultura menor. Es el ángel caído que aparece en el panteón más emblemático del cementerio de Montjuïc, el de August Urrutia. El monumento funerario más fotografiado de Catalunya, con permiso del 'Beso de la Muerte' del de Poblenou, por supuesto. Oliva Andrés tiene indicios para pensar que la realizó Campeny. "Esto es lo que hacemos los historiadores del arte: presentar una hipótesis, defenderla y luego ya se verá". De momento, ella tiene una buena mano con la que jugar. Y los barceloneses muchas más obras que contemplar en Montjuïc. Eso sí, se necesita tiempo y paciencia para encontrarlas ya que no figuran en ninguna ruta.

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