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Rock y compromiso en la playa

CRÓNICA Sopa de Cabra y Txarango atrajeron multitudes bajo la marca 'Mediterràniament'

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Gerard Quintana, durante la actuación de Sopa de Cabra.

Gerard Quintana, durante la actuación de Sopa de Cabra. / FERRAN SENDRA

Si el pop de Manel y las batidoras de ritmos de Txarango y Búhos agitaron la primera tanda de Mediterràniament, el cartel de este domingo confió su punto álgido a los himnos rockeros de Sopa de Cabra. Canciones de ayer y hoy que, como apuntaba Gerard Quintana a este diario, se crecen en los recintos grandes, y que tomaron una playa del Bogatell nuevamente ocupada por varias decenas de miles de personas.

La segunda sesión de la Mercè con la firma Damm comenzó con la luz del día en torno al cósmico, subacuático, mundo de Joan Miquel Oliver, en inmersión sin oxígeno hacia ese Atlantis en el que conviven pistas electro-disco y asaltos a géneros canónicos que dejan de serlo: la deliciosa Rumba del temps. Escenario decorado con claveles y un Oliver, cómo no, impertérrito en su kimono negro mientras cantaba a los misterios (con claves de denuncia ecológica) de Posidònia y La mar treu sabates.

ÉPICA EN LA ARENA / Mishima combinó la presentación de Ara i res con una selección de glorias pretéritas. David Carabén y compañía se atrevieron con canciones intimistas, como Cert, clar i breu, y sacudieron la arena del Bogatell con sus trofeos: de Tot torna a començar La forma d'un sentitL'olor de la nit y esa favorita de los fans hardcore que responde por Miquel a l'accés 14. Carabén se refirió a la voluntad de votar en un comentario muy aplaudido por el público.

Y una buena porción de la historia del rock catalán se precipitó sobre el recinto con Sopa de Cabra, que entró en materia con una batería de clásicos como Si et va bé, Tot queda igual Bloquejats. Gerard Quintana comentó el delicado momento político. «Estos no son días normales. No estamos en una Barelona normal. Estamos en una ciudad sitiada», apuntó ante una audiencia que coreó la consigna «votarem».

Munición rockera para abrir fuego, incursiones más templadas en su obra moderna, como Sense treva (que Quintana dedicó a Kilian Jornet) y Cercles, y viajes a piezas coreadas por fans de al menos dos generaciones: Si et quedes amb mi, Els teus somnis, El boig de la ciutat... Y L'Empordà, por supuesto. Sopa de Cabra, presumiendo de legado entre multitudes.

Sopa puso un punto de álgido de este Mediterràniament que el sábado, de madrugada, acogió el festín de Txarango con la puesta en escena de  El cor de la terra y el rescate de piezas como Músic de carrer Quan tot s'enlaire. Si Manel había aludido con ironía a la «multitud tumultuosa», Txarango fue más explícito y Alguer Miquel clamó «por el Kurdistán y la Catalunya libre que ya llega». El grupo desplegó una pancarta con la leyenda «El futur és nostre, 1 d'octubre, referèndum» y acogió en escena a Albano Dante Fachín, de Podem Catalunya («no tenemos miedo del barco de Piolín»), y Eulàlia Reguant (CUP).

EMPATÍA TOTAL / Tomaron luego el relevo Búhos, una banda del Penedès que ha calado en Barcelona con su rock extrovertido, abierto al contacto latino y jamaicano. Guillem Solé y compañía causaron furor con su batería de hits, llena de golpes de efecto, súbitas aceleraciones e invasivos arreglos de metal, con títulos como Brama, El temporal Barcelona s'il·lumina. Momento de aparatosa empatía con un Bogatell con cifras de record, 80.000 personas según fuentes del Ayuntamiento.

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