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La fiesta de la ciudad

Lo más granado de la rumba pasada y presente alumbrará la Mercè

La Mercè celebra su año más rumbero, en el 25 aniversario de la clausura de los Juegos Olímpicos, cuando se reivindicó el género

Miqui Otero / Barcelona

Muchacho y los Sobrinos.

Muchacho y los Sobrinos. / RICARD FADRIQUE

“Las esquinas son iguales en todos los lados”, cantaba Ismael Miranda, una de las voces de la salsa neoyorquina. Menos en Barcelona, que son achatadas y se les llama chaflanes.

Quizás por eso lo más parecido a la salsa que existió y existirá aquí (y dejo premeditadamente fuera eso que sonaba en las discotecas de la zona alta o del puerto deportivo) es la rumba. “La salsa no es un ritmo o un estilo; es una forma abierta capaz de representar la totalidad de tendencias que se reúnen en el Caribe urbano de hoy, con el barrio como única marca definitiva”, explica César Miguel Rondón en su imprescindible (y reeditado por Turner) El libro de la salsa. Algo de eso hubo y hay en la rumba, un potaje inclusivo, hecho de Cuba y un gitanito, y de aquí y ahora, del mismo modo que la salsa perfeccionaba la receta del son cubano con sirenas de policía, metales y fanfarria de cubos de basura de latón. Ambas se casaban con el bolero y con el rock and roll y con el soul, pero aquí la boda la oficiaban el Pescaílla, Peret, Ramonet, Chacho, Los Amaya o Chango Abellán. Fascina en todas las esquinas del mundo porque explica las nuestras, por raras que sean. Y no se entiende esta ciudad sin ella. Como no se entendería las fiestas de esta ciudad sin que sonara.

Atletas, no pierdan el rumbo

Tras unos años de ostracismo de Transición, el agravio se intentó solucionar en la Ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos, con las estrellas rumberas mostrándole al mundo cómo se aplaude con ritmo. Aquello se convirtió en un sindiós, ya que los atletas decidieron subir al escenario, chupando cámara como los guiris de Salou cuando se hace un reportaje sobre el peligro de este tipo de turismo. Constantino Romero les gritaba: “Atletes, baixin de l’escenari!” (aquello quedó especialmente fino cuando coincidió con el Vete de Los Amaya) y teniendo en cuenta que, entre otras cosas, era la voz de Darth Vader quien les hablaba finalmente lo hicieron.

Han pasado 25 años desde esa escena y este año La Mercè se acuerda mucho del género de su ciudad, ese que David Byrne (que a menudo opina de músicas del mundo como Assange del Procès) definió como “el eslabón perdido del punk”.   

El sábado Los Manolos, los Power Rangers de la Rumba (por cuando llevaban trajes de colores, claro), actuarán en una velada muy 1992, en la que también participarán Ai Ai Ai y Muchacho y Los Sobrinos. El domingo la Avinguda de la Catedral acogerá a un santo de las verdades del tambor: Petitet. El palmero de Peret prometió a su madre en el lecho de muerte que llevaría la rumba de nuevo a lo más alto, mediante una orquesta de payos y gitanos (la mayoría de su familia) combinada con músicos sinfónicos. En su contra tenía muchas cosas, empezando por una enfermedad crónica (la miastenia gravis). Esa odisea no solo se completará con el debut oficial en el Liceo en octubre, sino que, además, todo el apasionante proyecto quedará documentado con un documental dirigido por Carles Bosch y guionizado por David Vidal. Y el domingo, en la Platja de Bogatell, 'Rumberos, pugin a l’escenari!', que no se pudo completar en el festival Grec por la lluvia. El equivalente rumbero de la Fania All Stars salsera se subirá a un escenario: Los Amaya, Peret Reyes, Rumba 3 o La Pegatina, entre muchos otros. Quizás algún turista se anime a subir al escenario esta vez. Aunque, ya saben, la fiesta no es para feos y no suban si no saben y si les gusta la rumba, pierdan el rumbo.