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DEGRADACIÓN SOCIAL

El horror de convivir con los narcopisos: "Hasta que no corra sangre, no harán nada"

Diferentes vecinos se han visto obligados a abandonar sus viviendas

Denuncian amenazas, insalubridad e incivismo en los inmuebles ocupados

Beatriz Pérez

Escalera del número 8 de la calle de la Reina Amàlia (Raval), donde los traficantes de droga han ocupado un piso y el tejado. / RICARD CUGAT

Escalera del número 8 de la calle de la Reina Amàlia (Raval), donde los traficantes de droga han ocupado un piso y el tejado.
Usuarios entran en el número 22 de la calle En Roig (Raval), uno de los inmuebles más golpeados por los narcopisos.

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La proliferación, en los últimos meses, de los narcopisos en el Raval está expulsando a los vecinos del barrio. Núria, propietaria de un piso en el número 22 de la calle de En Roig (una de las más afectadas por la problemática), es un ejemplo. "Compré esa vivienda para mi hija, que estuvo ahí dos o tres años, pero hace seis meses se tuvo que marchar", relata.

Llegó un momento en que la joven era la única vecina en todo el inmueble, que tiene un total de ocho viviendas. Excepto la suya, todas las demás estaban ocupadas ilegalmente por traficantes de droga. Todos los vecinos de ese edificio se han ido marchando. "Imagínate: es un piso que no puedo alquilar ni vender porque nadie quiere vivir ahí. Pero sigo pagando la hipoteca. Y mi hija está en otro piso pagando un alquiler", cuenta Núria.

Esta vecina se queja de la respuesta del Ayuntamiento de Barcelona. "Solo me han dicho que lo ceda para un alquiler social. No hacen nada. Hasta que no corra sangre, no harán nada", lamenta.

Amenazas

Otra vecina, Beatriz, se encuentra en una situación muy parecida. Compró a un fondo de inversión un piso en el número 8 de la calle de la Reina Amàlia el año pasado. Encima de su vivienda hay un narcopiso, propiedad de una entidad bancaria. "Tuve filtraciones de agua y en junio el techo se vino abajo. Aún no he podido alquilarlo", afirma. Ella ya no vive ahí.

En este edificio está también ocupada la azotea. En este última llegaron a pernoctar hasta 15 personas durante dos semanas. Ahora está ocupado solo por una persona. "He recibido amenazas de los traficantes y fui a denunciar a Mossos, pero me dijeron que no era suficiente", dice Beatriz.

¿Qué tienen que soportar los vecinos que conviven con narcopisos? Situaciones muy indeseables. "La escalera es insalubre. Defecan dentro del portal, hay jeringuillas y sangre... Y hay que aguantar muchos ruidos, horrible", responde Beatriz. El olor a orina, prosigue, es constante. Y también el tránsito de gente que acude a pincharse a precios muy asequibles (unos 10 euros). Porque el servicio de los narcopisos funciona las 24 horas del día durante toda la semana.