EL dolor popular

Microcirugía del dolor en la Rambla

Técnicos y operarios retiran con mimo las ofrendas depositadas en la arteria barcelonesa en memoria de las víctimas del 17-A

Dos imágenes de la Rambla; la de arriba muestra el mosaico de Miró lleno de ofrendas el lunes por la noche y la de abajo, la misma zona en la madrugada del martes. / ÁLVARO MONGE

Dos imágenes de la Rambla; la de arriba muestra el mosaico de Miró lleno de ofrendas el lunes por la noche y la de abajo, la misma zona en la madrugada del martes.
Trabajadores municipales recogen las ofrendas populares a las víctimas del atentado de la Rambla, en la noche de este lunes.
Trabajos de retirada de las ofrendas de la Rambla en honor a las víctimas del atentado.
Los operarios guardan en cajas las ofrendas, mientras ya se puede ver el mosaico de Miró.
Un trabajador de la limpieza retira peluches del lugar del homenaje.

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Patricia Castán / Barcelona

Si alguna vez se ha practicado microcirugía en plena vía pública es esta larga noche y madrugada del martes, cuando técnicos y operarios del Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, del Museu d'Història de Barcelona (MUHBA), de Parcs i Jardins, de limpieza y de la Guardia Urbana han convertido la Rambla casi en un quirófano para extraer, con mimo y precisión, el legado emocional de la ciudadanía tras al atentado. Sean peluches, palabras en un papel, cirios o símbolos. No han faltado ni guantes, ni sobres, ni etiquetas y cajas, ni desinfectante, para retirar pero también preservar aquel pequeño tesoro que ha dejado tras de sí el duelo masivo.

Cuando técnicos y operarios han puesto manos a la obra los paseantes han empezado a aplaudir de manera espontánea y no pocos han entonado el grito de la ciudad contra el terror: 'No tinc por!'. Algunos trabajadores municipales no han podido contener las lágrimas mientras ponían en cajas de cartón las ofrendas populares. 

Un transeúnte ha preguntado si los cientos, quizá miles de ositos de peluche serían para Cáritas. Un operario le ha contestado compungido que no, que irían a un museo. 

No era cuestión de despejar, limpiar o desmantelar. No se puede borrar el dolor, no se puede eliminar el recuerdo, la pena o el trauma. Así que estos cirujanos toman pieza por pieza (el D.E.P. que escribió Laura en una hoja de libreta, o el osito que depositó el niño Víctor, o la vela de la señora Montse) con el "respeto", indica un trabajador municipal, que aquí merecen cada víctima y cada lágrima derramada.

La operación ha comenzado por abajo, en el mosaico de Miró donde se detuvo la furgoneta asesina. Y ha avanzado de forma minuciosa pero también a buen ritmo. Quizá sea necesario rematarla en la noche del martes. Durante el día, agentes cívicos tendrán que explicar a la gente que solo se mantiene el altar laico más próximo a la plaza de Catalunya.

Selección tras documentar 

No quiere decir que todo se vaya a clasificar y guardar, ni que cada pieza acabe en la vitrina de un museo, como han entendido erróneamente algunos paseantes que a partir de las 22.30 horas han seguido con curiosidad y cierto desasosiego el traslado de tan sensible material. Desde el Arxiu y el MUHBA habrá que documentar, digitalizar y, lo más difícil, "seleccionar", ver qué es lo que mejor atestigua la memoria colectiva.

La escena tiene algo de CSI, ante la solemnidad y la sistematización de la recogida de cada detalle. Solo que aquí nadie investiga un crimen sino sus secuelas, y en sus chalecos no hay siglas sino una consigna impresa: el ya citado "No tinc por"No tinc por. El rastro que recogen se podrá seguir en un futuro en una exposición temporal y algún día tal vez los colegiales podrán repasarlo digitalizado de por vida como memorial, evocando la cara amarga de la historia.

Algunas personas que trabajan en la zona creen que hay que retirar las ofrendas para aflojar la presión emocional en la zona

Los trabajadores de Parques y Jardines retiran todo rastro floral marchito, imposible de preservar. Pero hasta esta operación es detallista, hay que retirar plástico o lazos, dejar el vegetal desnudo para llevarlo a un depósito de Montjuïc donde se convertirán en compostaje.

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Una veintena de operarios municipales de limpieza han sido instruidos para la misión más delicada que puede hacerse con esa frágil ofrenda: separan con pulcritud notas de objetos o velas. Los mensajes viajarán al archivo y las ofrendas irán al almacén del MUHBA. Incluso el arsenal de candelas, antítesis de la violencia del día 17 de agosto, se reciclarán para crear una nueva cera conmemorativa.

Los altares tras 11 días de duelo son tantos que ha habido que retratarlos como 131 entidades propias documentadas. Desde un árbol con cuatro mensajes de amor a una Barcelona rota de pena, a las montañas de recuerdos que no han dejado de crecer al inicio y al final del tramo del atropello. Una florista de la Rambla, entre otros de sus personajes cotidianos, cuenta que vaciar ese río solidario duele, pero es necesario para aflojar la presión emocional que aún sobrecoge a los que viven en o de la Rambla.