EL CRIMEN DE LOS URBANOS

"El hacha estaba llena de sangre y él con salpicaduras en la cara"

EL PERIÓDICO ha tenido acceso a las declaraciones de los urbanos encarcelados por matar a un compañero

Los dos agentes acusados, Rosa Peral y Albert López, se lanzaron acusaciones mútuas ante la juez del caso

Declaraciones transcritas de los guardias urbanos Rosa y Alberto. / EL PERIÓDICO

Se lee en minutos

"Cuando estaba arriba empecé a escuchar muchos golpes. Muy fuertes. No sé cuántos. Y muy continuos. (...) Lo vi con un braga tapándose [con una mano señala hasta casi los ojos de su cara] y con un hacha en la mano y con unos guantes de jardinería. El hacha estaba llena de sangre y él, con salpicaduras en la cara". Era la madrugada del 1 al 2 de mayo pasado. Son palabras de Rosa Peral, la guardia urbana de Barcelona encarcelada junto con un compañero, Albert López, por el presunto asesinato de un tercer agente, Pedro. EL PERIÓDICO ha tenido acceso a la declaración judicial de los dos acusados en las que uno culpa a otro de la muerte.

Rosa explica que el pasado 1 de mayo, Albert, con quien había mantenido antes relaciones sexuales esporádicas, le envió varios mensajes diciéndole que quería ir a su casa, donde estaba con su novio Pedro, para hablar. Ella le contestó de entrada que no, pero, al final, le dijo que se acercara más tarde, cuando su pareja estuviera durmiendo. El acusado se presentó de madrugada en su chalet de una urbanización de Vilanova i la Geltrú. "Saltó la valla", relata la mujer. Ella salió a su encuentro. "Llevaba su arma reglamentaria". recuerda. Él entró en la vivienda. Ella ser refugió en el piso de arriba, asustada, declara. Después de escuchar los goles, se asoma y ve a Albert con el hacha, con el mago amarillo, en la mano. "Yo segui escuchando golpes. Y cómo entraba y salia [Albert] de la casa", insiste.

Rosa explica que tras el asesinato de Pedro, Albert le amenazó con que hiciera todo lo que él le ordenaba ya que si no le obedecía le haría daño a sus hijas. "A partir de ahora vas a hacer lo que yo te diga", sostiene, si no "voy a venir a por ti y a por tus hijas". Le ordenó que limpiara la sangre del suelo.

La agente concreta que cuando Albert abandonó la casa porque tenía un juicio vio una mochila. En su interior estaba el hacha "con el asa amarilla y manchada de sangre y con la punta rota". Había muchos guantes de jardinería. "La mochila tenía la etiqueta de nueva". Y afirma: "Me dijo que no la abriera, pero lo hice". También que no le dijera nada a nadie y que no hiciera llamdas.  

Albert no volvió a la vivienda hasta el mediodía. Rosa explica que el agente le conminó a que cogiera el coche de Pedro y que le siguiera. Cuando llegaron a un camino en el pantano de Foix, pararon. "Sacó dos bidones de gasolina", declara la mujer. Ella bajó del coche y se fue hacia la carretera. "Escuché una explosión muy fuerte", relata. El vehículo apareció calcinado días después. En el maletero estaba el cadáver de Pedro. La mochila la tiró Albert, según esta versión, en un descampado. Los Mossos no la han encontrado. 

Los celos hacia la víctima

Según Rosa, Albert no aguantaba que ella quisiera casarse con Pedro y que éste, incluso, le regalara un anillo de prometida. "Tiene una obsesión conmigo", afirma. "Me dijo Albert: 'quiero una familia y me la vas a dar'". "A Albert le mataba que quisiera casarme con Pedro", repite, para añadir que el agente preso le llegó a regalar también un anillo y que ella lo rechazó. "Le sentó fatal", precisa. Además, detalla que el agente detenido tiene un cuadro en su casa donde sale ella y que le llegó a comentar un día que había matado a dos vagabundos.   

Te puede interesar

Albert, por su parte, sosteniene que Rosa le llamó el 1 de mayo porque "había discutido" con su novio Pedro. "Estaba muy nerviosa, llorando y me pidió si podía ir", asegura. De madrugada, la mujer volvió a comunicarse con él y le dijo que fuera en ese momento, pues Pedro se había dormido.

Cuando llegó a la vivienda, el agente estuvo hablando con ella en el patio y se fue. Al día siguiente, relata Albert, Rosa le volvió a llamar "muy histérica". Estando en la casa, la mujer abrió el maletero del coche de Pedro y estaba su cuerpo dentro. Le goteaba sangre. "Ella es muy manipuladora y consigue convencerme", recuerda el hombre. Fue él a comprar gasolina y le ayudó a trasladar el cuerpo sin vida. Eso sí, le acusa a ella de quemar el coche.