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ANIVERSARIO DE UNA CRISIS ENERGÉTICA

10 años del gran apagón de Barcelona

El 23 de julio del 2007, la caída de un cable eléctrico desató una reacción en cadena que sumió a la ciudad en el caos

Hubo cortes en el metro, el 70% de los semáforos quedaron fuera de servicio y cientos de abonados se quedaron hasta cuatro días sin luz

Protesta de los vecinos del paseo Maragall, donde se quemó el transformador que desencadenó el suceso. / ALVARO MONGE

Protesta de los vecinos del paseo Maragall, donde se quemó el transformador que desencadenó el suceso.
La ferreteria Villa de la Rambla de Catalunya, sin luz por el gran apagón del 23 de julio del 2007.
Vecinos de Sant Martí cortaron el tráfico en la calle de València en la tercera noche que pasaban sin luz, el 25 de julio del 2007.
Comercio a oscuras en Gràcia tras el gran apagón que sumió a la ciudad en el caos el 23 de julio del 2017.

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El 23 de julio del 2007 -hoy se cumple el décimo aniversario- "el caos imperó en la ciudad". Así empezaba la primera de las decenas de crónicas que durante ese verano llenaron las páginas de este y todos los diarios, para intentar explicar qué falló para que cientos de abonados se quedaran sin luz hasta cuatro días, y la ciudad se paralizase.

La caída de un cable poco antes de las 11 de la mañana en la subestación eléctrica de Collblanc causó, por efecto dominó, que se desactivaran otras subestaciones de suministro y se incendiara por completo la central del paseo de Maragall, siniestro que obligó a desalojar a vecinos de las fincas y negocios contiguos a la planta.

Todos los distritos

El monumental apagón afectó a prácticamente todos los distritos, paró el 70% de los semáforos, cortó líneas de metro y ferrocarriles durante horas e hizo suspender operaciones quirúrgicas. Cerca de 100.000 personas pasaron una noche a oscuras y centenares no recobraron la luz hasta el cuarto día, lo que llenó las calles afectadas de caceroladas.

Un día después del apagón, empezaron a llegar decenas de generadores de lugares muy diversos, incluso del Ejército, que se instalaron en las calles de la ciudad. Hasta 156. Algunas de estas máquinas, las más obsoletas, provocaron numerosas denuncias vecinales por un exceso de ruido y contaminación. Hasta el 22 de agosto no se apagó la última máquina. 

El cable no tenía que estar allí

El 30 de septiembre del 2007, tras un verano marcado por la crisis energética, este diario destapó que el cable del gran apagón tenía que estar soterrado desde diciembre del año anterior. La operación urbanística Caufec en Esplugues nació, sobre el papel, para acabar con las líneas aéreas de Finestrelles. La inmobiliaria Sacresa tenía dos apaños para ejecutar las obras tras la aprobación del plan, en el 2004, plazos que no cumplió.

La Cambra de Comerç hizo una primera valoración de los daños que ocasionó el apagón, que cifró en 62 millones. Desde el primer momento, tanto Endesa, responsable de la distribución, como Red Eléctrica Española (REE), encargada del transporte de las líneas de alta tensión, se acusaron mutuamente de originar del siniestro.

Dos informes técnicos oficiales, uno elaborado a petición de la Generalitat y otro encargado por el Ministerio de Industria a la Comisión Nacional de la Energía, fueron concluyentes: las dos compañías eran responsables de un incidente calificado como grave, y que se podría haber evitado si se hubiera realizado un mantenimiento adecuado de las instalaciones. Tras conocerse el resultado de los informes, la Generalitat abrió un expediente sancionador para las dos empresas, y reclamó 11 millones a REE y 10 a Endesa, un tercio del máximo que fija la ley.

Hoy no pasaría

Durante más de 11 meses REE trabajó en la reparación de la estación calcinada de Maragall, unas obras que permitieron a las instalaciones, que comparten las infraestructuras de transporte con las de distribución de Endesa, ganar una tercera línea de alta tensión. Esta operación, sumada al mallado de media tensión de la ciudad, asegurarían que, en caso de otro gran apagón, el suministro se recuperaría en unas dos horas.

El dinero para la reforma de los tendidos salió de los bolsillos de los ciudadanos. En octubre del 2007, el entonces ministro de Industria, Joan Clos, indicó que su ministerio aumentaría la inversión en REE un 50%, pasando de 600 a 900 millones, "esfuerzo que se pagará con cargo a la tarifa", admitió.

Temas: Electricidad