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La lucha contra el 'barricidio' de Ciutat Vella cava trincheras en Laietana 8

Una veintena de entidades reclaman que el edificio, vacío y municipal, se reconvierta en 160 pisos de alquiler

CARLES COLS / BARCELONA

El majestuoso edificio de Via Laietana 8 y 10, vista desde la esquina de Correos.

El majestuoso edificio de Via Laietana 8 y 10, vista desde la esquina de Correos. / DANNY CAMINAL

A las grandes guerras de las historia se las conoce a veces por sus batallas icónicas. La primera guerra médica enfrentó a persas contra griegos, pero de ella se recuerda sobre todo la batalla de Maratón, aunque por épica, la batalla de la Termópilas, esta ya dentro del contexto de la segunda guerra médica. Total, que en el contexto de la guerra que los inquilinos de Barcelona (comandados ahora por el recién fundado Sindicat de Llogaters) quieren librar contra los responsables de los alquieres abusivos, o sea, los propietarios, acaba de dar comienzo una batalla que aspira a ser emblemática, la de Via Laietana 8 y 10.

Se levanta allí un majestuoso edificio de más de 18.000 metros cuadrados. Está vacío (salvo los bajos) y es desde finales del 2014 propiedad del Ayuntamiento de Barcelona (salvo una porción, en manos de la Administración central). Una veintena de entidades de la ciudad reclaman que el gobierno municipal destine a viviendas de alquiler la totalidad del inmueble. Sostienen que podrían vivir allí unas 160 familias, medio millar de personas si se trata de parejas con un hijo, una cifra notable en un distrito que en los últimos 10 años ha perdido una media de 106 habitantes cada mes por culpa de la gentrificación.

“La voracidad de la industria turística y del mercado inmobiliario está provocando en Ciutat Vella una sangría irreversible y sin precedentes, que expulsa al vecindario y a los comerciantes de sus barrios, como en ningún otro distrito de la ciudad”, afirman en un manifiesto conjunto esa veintena de entidades. Sobresalientes, como comienza a ser común en sus estrategias de comunicación, han bautizado esta campaña como ‘Vida Laietana’. “Las administraciones públicas y muy especialmente el Ayuntamiento de Barcelona no pueden permanecer impasibles ante este barricidio”, añaden.

UN EDIFICIO CON NOVIOS

Las entidades dejan la pelota, pues, en el tejado del equipo de gobierno, donde, al parecer, no hay un criterio unánime sobre qué hacer con este imponente inmueble que perteneció a la Generalitat (había alí dependencias de la Conselleria de Justícia, hasta que se trasladaron a la Ciutat de la Justícia) y que podría renacer ahora como equipamiento administrativo municipal, pues dicen que tiene novios, pero lo vecinos no parecen dispuestos a aceptar tal destino. Creen llegada la hora de destinar a usos residenciales y de comercio de proximidad todos los inmuebles disponibles porque la situación ha entrado ya en la fase de emergencia.

DANNY CAMINAL

El grupo escultórico situado sobre el dintel de la puerta principal, con Hermes a la izquierda.

La finca tiene todos los elementos para convertirse en un símbolo de la lucha contra la gentrificación. Sobre el dintel de la puerta principal, en el número 10 de la Via Laietana, no pasan inadvertidas cuatro esculturas. La principal es uno de tantos Hermes que decoran los edificios de la ciudad, pero si no se repara en las alas de su casco parece simplemente un padre junto a su esposa y sus dos hijos, vamos, una familia, la especie en extinción en el centro de la ciudad, o sea, algo muy icónico.

Eso, por una parte. Por otra, la silueta del edificio es sobradamente conocida. Es el trabajo de un arquitecto notable, Francesc Guàrdia Vial, estrecho colaborador de Lluís Domènech Montaner, por ejemplo en el Palau de la Música y en la Casa Thomas. Inicialmente, el edificio fue construido para ser la sede la Compañía Arrendataria de Tabacos, el embrión de la posterior Tabacalera, pero jamás llegó a albergar esas oficinas. Actualmente alberga en los bajos unas oficinas del Instituto Nacional de Estadística, unas dependencias que, en opinión de los impulsores de la campaña ‘Vida Laietana’, deberían buscarse otra ubicación, porque a la pérdida de población, Ciutat Vella suma también el problema de la desaparición del comercio de barrio.