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Se alquila habitación en Barcelona a 500 euros: "Abstenerse guarros, juerguistas y teleadictos"

La búsqueda de habitaciones crece un 50% en los portales online, pero la oferta disponible en Barcelona se reduce y suben los precios

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Un joven consulta las ofertas de piso en una agencia inmobiliaria de Barcelona.

Un joven consulta las ofertas de piso en una agencia inmobiliaria de Barcelona. / ELISENDA PONS

Susana, de 34 años, empezó a alquilar habitaciones en su piso arrendado de Sants en el momento punta de la crisis, cuando se quedó sin pareja y sus trabajos como diseñadora 'free lance' comenzaron a decaer. Primero puso anuncios sutiles. Buscó compañeros de piso "tranquilos", "educados" y "que supieran convivir". Pero tras algunos desencuentros por higiene, horarios y civismo, pasó a exigir que se abstuviesen "guarros, juerguistas y teleadictos", en sus últimos reclamos, desde portales y tablones. Ahora tiene un hogar integrado por tres miembros de 32 a 39 años sin apenas roces. Que ya es mucho cuando toca convivir con desconocidos. 

Y es que no es lo mismo compartir techo a los 20 años, cuando tradicionalmente los estudiantes fusionan vidas, neveras y lavabos sin problemas durante los meses lectivos, a hacerlo en la edad adulta y por necesidad económica. Susana empezó repartiendo los gastos del arrendamiento, y ahora su parte del alquiler le sale gratis. "Organizo el piso y las normas de convivencia y tengo la responsabilidad del contrato", aduce, mientras recuerda a un coinquilino ocioso que pasaba 10 horas al día viendo la tele y disparó la factura grupal de electricidad, o al que guardaba comida en mal estado o jamás pasaba la escobilla del váter.

La edad media de quienes comparten vivienda en Barcelona es de 31 años

La Generalitat en su informe de alquileres asegura que en muchos barrios se firman contratos de 600 euros, pero cuando uno busca, por ese precio por norma solo encuentra habitaciones sueltas o miniestudios de 20 metros cuadrados. 

Como Susana ha hecho múltiples veces, más de 2.300 personas tienen colgado un anuncio de una o más habitaciones disponibles en Barcelona en el principal portal inmobiliario de alquileres, idealista.com. Son casi la mitad de los 4.200 registrados simultáneamente en el 2012, cuando la crisis llevó a muchos a esta fórmula de convivencia forzosa. La reducción no se debe a que el fenómeno pierda fuerza (en toda España las búsquedas de habitación en este portal han crecido casi un 50% en un año), sino a que la demanda es cada vez más alta y absorbe con rapidez la oferta, en un fenómeno paralelo al de los pisos de alquiler.

Los precios han ido subiendo (el pasado septiembre un informe los situaba en 368 euros la habitación en Barcelona capital, tras crecer casi un 7% en un año), pero la tipología de oferta es cada vez más dispar: desde el anuncio más barato de la web a 200 euros mensuales por una pequeña habitación en el Carmel, hasta varias opciones de 750 euros por habitaciones de más de 20 metros cuadrados y con baño propio en zonas céntricas.

NO ES BARATO

Pero alquilar una habitación ya no es una fórmula económica en la ciudad. Solo un 11% de la oferta cuesta menos de 300 euros (habitualmente más gastos), mientras que el grueso de los anuncios son a entre 350 y 500 euros, y el 25% de la oferta está por encima de 500 euros. A más precio, mejor ubicación y más espacio, pero ojo, porque en algunos casos los precios están totalmente inflados porque no son compartidos, sino que un propietario opta por alquilarlos por partes.

La mayoría de los anuncios de alquiler de habitaciones se sitúan entre los 350 y 500 euros

Un estudio del mismo portal asegura que en Barcelona es más rentable alquilar pisos enteros que por partes, pero cuando un piso de cuatro habitaciones se comercializa a 500 la habitación, la factura corre a favor del dueño.

En Italia la convivencia impuesta ha alimentado una web donde los sufridos coinquilinos muestran las costumbres ajenas en sus efímeros hogares. Cuelgan imágenes de salchichas asadas con una plancha de ropa, de 'arte' con pelos del afeitado en un lavabo sucio, de bambas secadas en el horno y de manchas irreductibles hasta para el 'hombre del algodón'.  

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