Ir a contenido

BARCELONEANDO

"Tu hijo ha echado al mío de 'Clash Royale'"

Niños de ocho años se inician en las redes sociales en chats de juegos; quizá sea buena idea

Los adultos entregaron los Ipads a sus hijos y ya nunca pudieron recuperarlos

Toni Sust

Dos niños de 7 y 10 años juegan con una tablet.

Dos niños de 7 y 10 años juegan con una tablet. / CARLOS MONTAÑÉS

Un día los adultos entregaron los Ipads a los niños y ya nunca más tuvieron autoridad para recuperarlos. En Barcelona hay miles de padres y madres que cayeron embobados viendo como sus hijos, de apenas dos y tres años, movían el dedo por la pantalla del aparato, de forma intuitiva. Qué listo es, pensaban, aunque un chimpancé hubiera hecho lo mismo. Muchos de esos padres y de esas madres ni siquiera utilizan el chisme, que tantos hogares adorna. Solo pueden usar el ipad bajo la tutela de los expertos, sus menores, como sucedía en los 80 con los adultos que nunca llegaron a manejar un vídeo sin ayuda.

De aquellas concesiones con las tabletas nació un camino que culmina en un bar de Barcelona, hace dos semanas, cuando un hombre entró a desayunar y le contó a un colega del trabajo que, al dejar en el colegio a su descendencia, una madre lo atacó airada cuando volvía al coche: “Tu hijo ha echado al mío de Clash Royale”.

REDES SOCIALES PREMATURAS

No es cuestión de caer en dramas moralizantes sobre el uso de la tecnología por parte de los niños: hace tiempo que en los colegios la tendencia creciente no es esconder el móvil en una taquilla sino darle una función de aprendizajeTampoco se trata de hacer publicidad de Clash Royale -no necesita más- ni de demonizarlo. Pero sí de subrayar que es un ensayo para los más pequeños de la vida que tendrán en las redes sociales.

Y aquí está la mentirijilla paternal. La realidad es que enanos de 7 y 8 años se relacionan hoy por chats de juegos como lo harán de mayores, y quizá sea un aprendizaje provechoso, y seguro que lo harán mejor que sus mayores. Pero por lo menos dejemos de dárnoslas de firmes y de decirle a todos que nuestros hijos no tendrán 'smartphone' hasta los 13 años, y solo porque entonces irán solos por la calle, que si no, de qué se lo daríamos.

Este es un diálogo entre alumnos de tercero de primaria (8 años) en un clan, un grupo, del juego:

Pepito se une al grupo.

Fulanito: ¿Por qué te unes? No soy tu amigo.

-El líder me ha invitado

-Aquí puede entrar todo el mundo (el líder).

Fulanito abandona el grupo

SUBIR DE ARENA

“Antes los niños sólo hablaban de fútbol, y ahora  en la clase se les escucha decir: ‘Me ha tocado el sabueso de lava. He subido de arena (de nivel)’”. Lo explica Margarita, 10 años para 11, con declaraciones algo contradictorias: “Pero también juegan mucho las niñas. Yo empecé a jugar porque con mis amigas vimos que había un chat. Más que jugar, utilizamos el juego para comunicarnos. Como es un juego, puedes camuflar que lo que quieres usar es el chat. Pero muchas niñas sólo quieren jugar”.

“He dejado todos los grupos en los que estaba. De uno, me echaron”, cuenta Pol, de ocho años, como si fuera un veterano de la guerra de Vietnam. En realidad, se ha ido porque como hay vacaciones escolares los jugadores no se conectan tanto estos días. Él se aficionó al juego cuando este se popularizó en el colegio, este curso.  “He estado en cuatro grupos. Con gente de mi clase, de otras clases. De vez en cuando se unen desconocidos y hay que expulsarlos. El líder puede expulsar, y los colíderes también”, añade el veterano luchador. “Los chats son privados o públicos. Un día me equivoqué y entró gente. Tuve que echarlos”, relata Margarita.

PADRES JUGADORES

Hay padres que  juegan para comprobar que no existen riesgos demoníacos para los menores y que estos no compran cartas para mejorar su  nivel con dinero real, que se puede. Y también están los que no tienen ni idea de cómo va (estos serían los padres que no sabían usar el vídeo de ahora).

Como toda vigilancia paternal tiene sus efectos, Pedro, uno de los padres que empezó a jugar para controlar a sus hijos, sigue haciéndolo con el perfil de los niños: está enganchado. “El problema es que cuando juego yo, subo de nivel, y luego ellos bajan”, cuenta mirando al infinito. Él juega con el móvil. Los niños se quedaron el Ipad.

0 Comentarios
cargando