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DÍA INTERNACIONAL DEL PUEBLO GITANO

"Me gustaría ser peluquera o abogada"

Los alumnos del Institut Escola El Prat, del barrio de Sant Cosme, piden que se apunten más niños a su escuela, "y más niños no gitanos, para romper estereotipos"

El centro, pionero en el método del insituto-escuela, ha logrado reducir el alto abstentismo involucrando a las familias en el proyecto educativo

HELENA LÓPEZ / BARCELONA

Visita de los alumnos del Institut Escola El Prat, en el bariro de Sant Cosme, a la conselleria de Afers Socials, este viernes.

Visita de los alumnos del Institut Escola El Prat, en el bariro de Sant Cosme, a la conselleria de Afers Socials, este viernes.

En la para muchos dificilísima asignatura de hablar en público, sacarían matrícula de honor. En su escuela -el Institut Escola El Prat- y en cualquier otra. Esperanza, alumna de segundo de ESO, habla tras el micrófono en un lugar tan imponente como una 'conselleria' con total naturalidad, como si lo hubiera hecho toda la vida. Y en catalán. Sin siquiera echar un ojo a las notas que lleva en la mano. "Lo que más me gusta de mi escuela es que somos pocos y es muy familiar. Nos esforzamos mucho por trabajar y aprender", inicia su parlamento la niña ante la mirada embobada de sus profesores y las caras sonrientes de sus compañeros. "Me gustaría que se apuntaran más niños a la escuela, y más niños que no fueran gitanos; eso serviría para romper estereotipos", prosigue, toda dignidad.

Los alumnos de este colegio del barrio de Sant Cosme con un alumnado íntegramente gitano son este viernes los invitados de honor de la Conselleria d'Afers Socials i Famílies con motivo de la celebración del Día Internacional de su pueblo, este sábado.

José, 'el Gole' -"me llaman así por mi abuelo", cuenta-, es el otro portavoz de la escuela, en su caso de primaria. Tiene 11 años, casi no llega al micro y no lleva ni siquiera papel. Tiene claro qué quiere decir: "Me encanta mi escuela, y lo que más me gusta es el huerto. Sembrar y recoger". Jaume Bosch, director del colegio, escucha los parlamentos de sus alumnos sonriente y satisfecho. "Para nosotros es un orgullo estar aquí. Es un reconocimiento al trabajo que estamos haciendo los profesores, y, sobre todo, es un reconocimiento a nuestros alumnos y a sus familias. Estamos muy contentos de que se matriculen en nuestra escuela", concluye el entregado director, reivindicando un éxito colectivo.

"A AÑOS LUZ"

"Estamos a años luz de cómo estábamos hace siete años. Quién sabe dónde llegaremos con siete más", cuenta, tras el acto, Bosch. Hace siete años fue el momento en el que el colegio se transformó en Institut Escola, para evitar que los niños que acabaran la primaria se quedaran en el camino y facilitar que continuaran escolarizados. "La clave de nuestro éxito es que el profesorado es muy estable y eso permite una gran vinculación con las familias", argumenta el director, destacando el proyecto de aulas interactivas, en el que madres de alumnos y otros vecinos del barrio de forma voluntaria, entran en las clases y hacen de apoyo a los maestros en el aula, algo que ha favorecido una disminución del absentismo. "Ahora ya no hay niños que nunca vengan al colegio. Persiste el absentismo intermitente -alumnos que vayan a la escuela un día sí, otro no, pero que están vinculados al centro-, pero ha disminuido", asegura satisfecho. 

No solo se expresan con desparpajo los elegidos para tomar el micrófono. Fernanda, Merce, Gisela y Carmen, alumnas de quinto y de sexto, sonríen en el pica-pica de después de los parlamentos, un pica-pica que no acaba de convencerles (los cruasantitos mordidos discretamente abandonados en las esquinas de las mesas les delatan). También tienen ganas de hablar. Y "de salir en el diario", por supuesto. Las cuatro explican que de mayores quieren ser peluqueras o maquilladoras. Habilidades para ellos les sobras, a juzgar por el brillante aspecto de sus largas y trenzadas melenas.

Carmen, además de peluquera, también le gustaría ser abogada. "Para ayudar a la gente que está en la cárcel. Sus familias tienen que pagar mucho dinero a los abogados, y si soy abogada, les podría ayudar y no tendrían que pagar tanto", argumenta la pequeña. A José, de su misma edad, le gustaría también ser abogado. "Porque sabes de todo. Puedes ir dónde sea, que te pregunten y tener la respuesta", reflexiona antes confesar que lo que "de verdad, de verdad" le gustaría ser es futbolista. "Como Neymar. Me he hecho del Barça por Neymar", remata la confesión, a riesgo de ser tachado de chaquetero.

A sus 12 años, María, aporreando techos de cristal, sueña con ser arquitecta. "Me gustan los edificios, y dibujarlos", explica. Su asignatura favorita son las matemáticas. Quién sabe si en siete años su sueño está un poquito más cerca.