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Lecciones de Azerbayán

La aviación republicana española recibió en noviembre en el remoto Cáucaso el tipo de homenaje que aquí escasea

MAURICIO BERNAL

En las fotos con que volvieron del viaje se ven impolutas cintas de color rojo a punto de ser cortadas, y se ven auditorios llenos, con jóvenes soldados luciendo sus camuflados en la primera fila. Se ven ofrendas florales y cámaras de televisión, y se ve a gente haciendo declaraciones con los micrófonos a un palmo de sus palabras. Se ve una banda, todos de rojo y con casquete negro, las trompetas brillando y apuntando al suelo, y todo habla de ceremonias y de homenajes, de comitivas, de inauguraciones, de actos a los que es menester presentarse con corbata. Las pocas palabras que se ven están escritas en cirílico, y eso habla de un país lejano.

800 pilotos españoles recibieron instrucción en la academia de Kirovabad, hoy Ganyá

Cartagena, enero de 1937: 195 pilotos se embarcan en el 'Ciudad de Cádiz' con destino a Kirovabad, la segunda ciudad de la entonces república soviética de Azerbayán. El Gobierno republicano necesita pilotos bien formados para combatir a la aviación de Franco y ha suscrito un convenio con la URSS en virtud del cual cerca de 800 alumnos recibirán la debida instrucción en el lejano Cáucaso. En el buque viaja Jaime Mata, de 17 años, nacido en la pequeña pedanía de L’Arboçar d’Avinyonet, uno más de los jóvenes pilotos que forman parte del primer contingente. Kirovabad suena lejano. Azerbayán también, suena lejano. La Unión Soviética suena lejana.

UNA PLACA EN CASTELLANO

En las fotos con que volvieron del viaje aparece Aquilino Mata, el hijo de Jaime. Las fotos son de noviembre. Al igual que su padre en el 37, Aquilino viajó a Kirovabad, hoy Ganyá, y al igual que su padre, a la academia de pilotos, o lo que queda de ella. Lo que queda es poco: el edificio ha sido convertido en una escuela de secundaria, pero los azerbayanos no olvidan y han puesto allí una placa, tres en realidad, dos en azerí y una en castellano. Que reza: “En este edificio del Estado Mayor de la Escuela de Aviación de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética se capacitaron los aviadores de la España Republicana”. Los azerbayanos no olvidan, y de esa vocación las placas son una ínfima muestra. Aquilino lo sabe desde noviembre.

En un mausoleo aparte están los nueve pilotos españoles muertos durante la instrucción

Aquilino no solo es hijo de Jaime Mata, nacido en L’Arboçar d’Avinyonet, piloto republicano que combatió en la Guerra Civil española, que se escabulló por la frontera francesa cuando cayó Barcelona, que pasó un tiempo en el campo de refugiados de Argelès, que huyó, que se las arregló para volver a enrolarse en Alicante, para luchar hasta el último suspiro de la República; Aquilino es el presidente de la rama catalana y balear de la Asociación de Aviadores de la República. Su reino es un pequeño local en la calle de Guifré, en el barrio del Raval, lleno de fotos en blanco y negro de los pilotos republicanos que dieron su vida o segaron las de otros –o ambas cosas– en defensa de lo que pensaban. Allí, al local de Guifré llegó el año pasado la invitación de las autoridades azerbayanas para el homenaje a los pilotos españoles que habían sido instruidos en su día en Ganyá. Azerbayán era sensible al aniversario: 80 años del estallido de la guerra. La ceremonia tendría lugar en noviembre. Una comitiva de 20 personas viajó hasta allí.

UN MAUSOLEO

En las fotos con que volvieron del viaje se ve a Aquilino de corbata, de espaldas a un panel conmemorativo que proclama la amistad (“para siempre”) de los pueblos de Azerbayán y España; se le ve caminando en un cementerio con rosas rojas en la mano; y se le ve en un mausoleo: el lugar donde descansan los restos de los 11 profesores y los nueve pilotos españoles muertos entonces, a finales de los 30, durante la instrucción. Tuvieron los de la asociación de la calle de Guifré que ir allí, a un país del Cáucaso para vivir unas jornadas así, de respeto a la memoria, de homenaje, todo lo que les han negado aquí. “Nos llevamos una gran sorpresa. Nos acogieron con un respeto y una hospitalidad impresionantes. Lo valoramos mucho, sobre todo teniendo en cuenta que aquí en España no hemos sido capaces de hacer algo así”. Emocionados. En las fotos con que volvieron del viaje se les ve emocionados.

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