28 feb 2020

Ir a contenido

UNA HISTORIA PARA SER CONTADA

Músculo y corazón en Les Corts

Un joven atleta ciego parcial entrena a un grupo de invidentes en la dura disciplina del 'crossfit' con la ayuda de deportistas voluntarios en un gimnasio de Barcelona

Helena López

JORDI COTRINA

Músculo y corazón en Les Corts
Entreno en Les Corts, el pasado viernes por la tarde.
Entreno en Les Corts, el pasado viernes por la tarde.
Entreno en Les Corts, el pasado viernes por la tarde.

/

Empezó a perder visión a los ocho años. Primero, poco a poco. Fue entre los 18 y los 19 cuando todo se precipitó, coincidiendo con el salto a la universidad. "En primero de carrera aún me podía sentar en la última fila y ver la pizarra. Al empezar segundo ya era incapaz de ver la pizarra, ni la cara del profesor, ni desde la primera fila", recuerda. Después de incontables pruebas y médicos, encontraron la respuesta. Le diagnosticaron una enfermedad rara llamada Stargardt, ditrofia macular degenerativa que afecta la visión central. Desde entonces solo tiene visión periférica. En muy poco tiempo, y en plena postadolescencia, pasó de ser un chico 'normal' a ser un discapacitado.

Los compañeros de gimnasio -de 'box', como se llaman los centros especializados en 'crossfit'- de Marc Gil, el protagonista, qué caray, el héroe de esta historia, se quedaron 'tocados' al descubrir su historia -la relatada en el primer párrafo de este reportaje- en un texto compartido el año pasado en el Facebook del gimnasio con motivo del Día de las enfermedades raras. De las personas "de edición limitada", como le gusta decir a Gil

"La mía es una enfermedad invisible, como tantas otras, lo que muchas veces me plantea un dilema. ¿Qué hago, lo digo o no? No quieres provocar pena, pero tampoco ayuda al conjunto del colectivo ocultarlo", reflexiona el joven. "Marc entrena como uno más. Es uno de los mejores atletas de nuestro 'box'", apunta Anuska Peguero, 'head coach' -como llaman en este mundo a la máxima responsable técnica- del Crossfit Les Corts, desinteresado escenario de la historia.

Tras aceptar su nueva condición -misión compleja-, o quizá en paralelo, ya que algo tuvieron que ver en ese proceso los profesionales de la entidad, se afilió a la ONCE y, deportista como había sido siempre, empezó a hacer natación paralímpica. "A través del deporte, naturalicé la nueva situación", explica el atleta, quien en poco tiempo se convirtió en campeón de España en varias ocasiones. Fue estando en la cima del deporte paralímpico, hace dos años, cuando llegó al 'crossfit', gracias a su hermano, ese punto de apoyo que todo héroe necesita. "Él lo empezó a practicar y me animó. Me dijo que, conociéndome, me engancharía. Al principio dudé. ¿Cómo iba a hacer algo así yo? Pero me convenció, me animé, y resultó tener razón. Me enganché", relata el joven, recientemente proclamado campeón internacional en una competición de esta dura disciplina celebrada en Miami. 

Marc Gil

ATLETA

Pensé que, si a mí me había ayudado tanto practicarlo, ¿por qué no iba a ayudar a otras personas en mi situación?

El 'crossfit' es una técnica de entrenamiento que encadena movimientos de diferentes disciplinas al mismo tiempo. De duros ejercicios de halterofilia a saltar un cajón o subir una cuerda. Y en su caso, claro, hacerlo sin apenas visión.

REFERENTES NECESARIOS

"Me tocaba el brazo y me decía que qué fuerte me había puesto. Le dije, ¿quieres saber el secreto? ¡Y aquí está!", explica Marc entre risas, siempre con la vital sonrisa que le caracteriza. Quien está aquí -viernes, cuatro y media de la tarde, en 'box' de Les Corts- es Guille, joven de 27 años, ciego total, colega de Marc de actos de la ONCE, entidad a la que ambos están afiliados. "Cuando me hizo la propuesta me pareció muerte y destrucción, pero probé, y efectivamente, ¡es muerte y destrucción!", bromea Guille antes de ponerse su camiseta del Espanyol con el nombre de Jarque estampado en la espalda para el entrenamiento de todos los viernes dirigido por Marc, quien acaba de sacarse el título de 'coach'.

La propuesta a la que se refiere Guille es la creación de un grupo de 'crossfit' adaptado para invidentes, grupo que funciona desde hace casi un año y en el que participan, además de Guille, otros jóvenes con diversidad funcional, como Clara -una de las más entregadas del grupo, cuyas ganas no caben en un papel- o Teo, quien viene desde Manresa y quien habla de Marc -deportista de élite quien compite al lado, de igual a igual, con personas sin ninguna discapacidad- como "ese referente que todo el mundo necesita". "Siempre necesitas tener a alguien que te sirva de motivación. Y para mí Marc es ese alguien", explica Teo, quien usa el 'crossfit' para estar en forma, pero para quien su pasión es el baile, pese a sus problemas de visión, oído y estabilidad. Otro referente. "Vengo expresamente desde Manresa para las clases de baile, y aprovecho y también vengo a hacer 'crossfit'", prosigue. Como Marc, y aunque se siente muy cómodo con el grupo adaptado, Teo entrena también en las sesiones no adaptadas.

"Pensé que, si a mí me había ayudado tanto practicarlo, por qué no podía ayudar otros en mi situación", relata Marc. "Lo comenté en el 'box' y todo fueron facilidades", prosigue el atleta, muy agradecido con Anuska.

ROMPIENDO TÓPICOS

Pero no era tan sencillo. Para crear el grupo hacía falta crear primero un banco de voluntarios. Necesitaban un acompañante para cada deportista invidente, para guiarles en la dura sesión. "Hice un correo a todos los socios explicando la iniciativa y la respuesta fue increíble. Hay lista de espera de socios que quieren colaborar", cuenta la responsable del gimnasio, rompiendo la imagen que se tiene de deporte agresivo, muy competitivo. "Con ellos hacemos los mismos ejercicios que hacemos nosotros o antes o después de su entrenamiento", explica Salva, uno de los voluntarios, quien destaca el "vínculo" que han creado entre ellos. Prueba de esta estrecha relación es la cena de Navidad de los socios del gimnasio. "No solo cenamos todos juntos, -concluye Salva-, también acabamos de fiesta".