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El absurdo teatro del Premi Ciutat de Barcelona

La Agrupación Señor Serrano se llevó un merecido galardón este año, pero ensaya en Cornellà, que no maltrata a los actores

Carles Cols

La entrega de los últimos Premis Ciutat de Barcelona pasa por haber sido plácida este año. Según se mire. En el 2015, los directores del documental ‘Ciutat Morta’  le dieron la espalda a Xavier Trias cuando iba a entregarles la estatuilla, esa B mayúscula diseño de Ana Mir y Emili Pastor. Boquiabierto se quedó el alcalde. En el 2016, la poetisa Dolors Miquel entretuvo a los invitados a la gala con su sonado e irreverente padrenuestro, ‘Mare Nostra’, ya saben, el de “santificado sea tu coño” y todo eso. Bronca y berrinche. Lograr este año una nota más alta en ese crescendo de la controversia no era fácil y, según se mire, ha sucedido. Con sigilo. La compañía teatral Agrupación Señor Serrano recibió el galardón en su categoría, artes escénicas, lo metió literalmente en la nevera de casa de uno de sus miembros, junto a la leche semidesnatada y bajo un tarro de pepinillos y, a continuación, se fue a Cornellà a ensayar uno de sus espectáculos con más tirón, ‘Birdie’, porque hacerlo en Barcelona, la ciudad que les premia, les sale caro. Bum. También con B.

Cornellà cede sus salas para que las compañías ensayen. Barcelona cobra alquileres a un gremio que ya sufre el IVA cultural

Aquí la cuestión es que hace cuatro años Cornellà inauguró la Biblioteca de Sant Ildefons, que tiene, además de salas de lectura, un estupendo auditorio de talla media en el que de inmediato se fijó el actor local Ignasi Guasch. Le envió una carta al alcalde, Antonio Balmon, que ya le daba vueltas a darle un plus a la programación teatral de la ciudad y no tenía claro cómo. Los planetas se pusieron en línea. Cornellà, lo más parecido a un ayuntamiento vasco pero en el área metropolitana de Barcelona (solo Bilbao tiene una deuda per cápita más minúscula), decidió poner la sala a disposición del maltratado gremio de los artistas, que habrá quien crea que solo sufren por el IVA cultural, pero resulta que forman parte de esa legión de actores sociales que buscan refugio fuera de Barcelona por carera e inhóspita. Este fin de semana, por ejemplo, la ‘beer nation’ celebra su cita anual de la cerveza artesana en L’Hospialet porque en la capital no tenían capacidad de crecer sin descuadrar las cuentas.

“Lo de Barcelona es muy grave”, explica Àlex Serrano, presidente de la república de la Agrupación Señor Serrano, pues así se reparten los cargos en esta compañía. No lo dice solo él. Es meter el termómetro en el gremio y comprobar de inmediato que la fiebre es generalizada. Barcelona es esa ciudad de millonarias inversiones en equipamientos culturales al más puro estilo de KeopsKefren y Micerinos. La teoría, al menos eso sostenía Plinio, es que los faraones vaciaban las arcas del reino en la construcción de pirámides para no dejar nada a su sucesor. Eran más perros que Anubis. Y ahí está Barcelona, que no tiene un teatro público, sino dos, ¡con un par!, pero luego, para ensayar, compañías como la Serrano tiene que pagar a precio de ibérico el alquiler de una sala en la Fabra i Coats, por poner un ejemplo.

Los punks decían que no hay futuro. Nadie les tomó en serio. A lo mejor se referían a Barcelona

UNA FILIGRANA

En Cornellà todo es más simple. El ayuntamiento se conforma con un pago en especie. Cede un equipamiento público a cambio de una cata de la obra. Esta semana han saldado su cuenta los miembros de la Companyia Exquis Teatre y los miembros de la Agrupación Señor Serrano, lo cual hasta podría considerarse un plato exótico, porque los componentes de este colectivo realizan el 80% de sus representaciones en el resto del mundo antes que en casa. Y es una lástima, porque la obra en ensayo, ‘Birdie’, es una filigrana fascinante.

El punto de partida es la premiada fotografía que el activista José Palazón tomó en el 2015 en la frontera de Melilla, donde una decena de inmigrantes están encaramados a la valla fronteriza mientras dos golfistas, como si nada, encaran el siguiente hoyo. Lo que esta compañía hace es una suerte de titiritero cine en tiempo real. Con cámaras, maquetas, miniaturas y cromas reconstruyen todas las líneas temporales que coincidieron en ese instante en el que Palazón hizo clic. En un momento del espectáculo, la cámara sobrevuela una migración de más de 2.000 figuritas de medio centímetro de altura que, después, muy pulcramente y sin inmutarse, los actores retiran de escena.

Fue por espectáculos como este, ‘Birdie’, que la Agrupación Señor Serrano mereció el galardón, según el jurado el Premi Ciutat de Barcelona. Está en la nevera y ellos, en Cornellà. Los punks decían que no hay futuro. Nadie les tomó en serio. A lo mejor se referían solo a Barcelona.

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