Los colmados ya suponen una sexta parte del comercio alimentario de calle de Barcelona

El Raval, la Vila de Gràcia, Sant Antoni y Verdum son los barrios con más concentración por kilómetro cuadrado

Zonas turísticas como el Raval y el Gòtic llegan a tener 22 'badulaques' por cada 10.000 vecinos

Colmados en la calle de Joaquín Costa, en el Raval.

Colmados en la calle de Joaquín Costa, en el Raval. / FERRAN NADEU

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PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Por sus horarios extralargos, su proximidad y sus productos de emergencia, se han convertido en un recurso más o menos utilizado por la mayoría de barceloneses. Los colmados regentados por inmigrantes (casi siempre paquistanís) florecen hace años, inicialmente en el centro y luego como una amplia mancha de aceite por casi toda la ciudad. Pero hasta ahora no había cifras que dimensionaran la evolución del fenómeno badulaque: son más de 1.100 y copan una sexta parte de la oferta comercial alimentaria a pie de calle de la ciudad (sin incluir mercados municipales), aunque en algunos barrios son claramente omnipresentes.

En el ránking de tiendas por kilómetro cuadrado, llegan a las 96,5 (proporción) en el Raval, seguido por la Vila de Gràcia. Mientras que si se mide su presencia por densidad de población, el Raval vuelve a ser líder con casi 22 por cada 10.000 habitantes, seguido por el barrio Gòtic. Los datos son fruto del último recuento del observatorio económico Eixos, que contabiliza, analiza y clasifica la oferta comercial de Barcelona, entre otros municipios.

El chequeo de finales del 2016 da cuenta de la amplia implantación de estos autoservicios (1.136 en ese momento), que germinaron para cubrir sobre todo la franja comercial horaria nocturna y festiva, cuando los comercios tradicionales y súpers están cerrados, pero también apuntaron directamente a las zonas turísticas. En términos de media de la ciudad, la creciente oferta colmados-súper de barrio y largo horario, capitaneados por inmigrantes asiáticos, -que el estudio distingue de las tiendas de comestibles selectos de horario clásico-, representan un 17,63% de la oferta alimentaria de Barcelona, cuentan con 11,1 locales por kilómetro cuadrado y con siete por cada 10.000 habitantes.

Pero lo que es razonable en términos medios, acusa auténticos extremos en el cómputo por barrios. Carlos Carrasco, socio y responsable de datos de Eixos, destaca que el efecto turístico juega un papel destacado en la concentración espacial y la densidad de tiendas respecto a los habitantes de la zona. En el primer apartado, tras el Raval y el centro de Gràcia (52 por kilómetro cuadrado), se sitúan Sant Antoni (casi 49); Verdun; Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera; el Camp de Grassot i Gràcia Nova, la Font de la Guatlla, el Gòtic, la Prosperitat, el Camp de l'Arpa, la Sagrada Família...

IMPLANTACIÓN ESTRATÉGICA

En cuanto a densidad por cada 10.000 habitantes, al Raval le siguen el Gòtic, Sant Pere, el Poble Sec, la Barceloneta, la Vila de Gràcia, la Dreta de l'Eixample, la Font de la Guatlla, el Coll... Es decir, el badulaque irrumpe cuando la necesidad la dicta la inmediatez de la compra y la distancia (como en la compra por parte de turistas) o bien cuando son barrios con poca oferta comercial general o en las franjas nocturnas y festivas.

El analista añade que la distribución tiene también un "componente socioeconómico", ya que estos establecimientos representan un mayor porcentaje de la oferta de total alimentación en barrios populares. En esa clasificación, el barrio del Coll es donde los colmados tienen más peso (47%) dentro del conjunto de tiendas alimentarias, seguido de cerca por la Font de la Guatlla, Poble Sec (36%), la Maternitat i Sant Ramon (31%), Roquetes, Teixonera y Vallcarca.

Chinos y paquistanís lideran el relevo comercial en plena crisis

Hay nacionalidades donde la especialización es clara, con el colectivo chino consolidado en el ámbito de los bazares, la moda económica y los bares de barrio, mientras los paquistanís daban el paso de locutorios a colmados, y también a tiendas de reparación de móviles y electrodomésticos.  

Y si en lo alto del listado se sitúan barrios que multiplican hasta por nueve la media de la ciudad en cuanto a concentración, también hay que subrayar que los colmados, coloquialmente llamados 'paquis', no han cuajado en Vallvidrera, Baró de Víver, Canyelles, la Clota, la Marina del Prat Vermell, Torre Baró, Vallbona y otros barrios periféricos.

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Detrás de cada mostrador hay una historia, pero en general los primeros paquistanís que hace dos décadas abrieron colmados en Barcelona llevaban el comercio en la sangre. Luego la crisis amplió el perfil y reclutó a muchos foráneos de otros ámbitos, pero casi siempre de ese mismo país. Algunos se pasaban a la alimentación tras la fiebre y ocaso de los locutorios, otros simplemente buscaban una salida laboral como autónomos (la mayoría son pequeños emprendedores con solo una tienda), dispuestos a horarios maratonianos (muchas veces con un socio) para que el negocio sea mínimamente rentable en algunas zonas.

Carrasco agrega que hay más condicionantes a su irrupción, como que en los barrios de Ciutat Vella la tipología de edificios antiguos no facilite la instalación de grandes supermercados, y estos tomen su relevo. En algunas zona superan a las tiendas especializadas (fruterías, pescaderías...) porque claramente apuntan al viajero.