11 ago 2020

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Ariño predica el celibato gay ante unos 250 jóvenes y un amplio despliegue policial

Una tímida protesta LGTB acompaña a este controvertido homosexual a su paso por la parroquia de Santa Anna de Barcelona

CARLES COLS / BARCELONA

Con unas medidas de seguridad dignas de Salman Rushdie, el claustro de la parroquia barcelonesa de Santa Anna se ha llenado de jóvenes, unos 250, el aforo máximo calculado, para escuchar en directo la prédica de Philippe Ariño, la polémica religiosa de la semana, pues la familia LGTB consideran a este gay declarado un homófobo de la peor clase. Ariño, católico hasta la médula, considera que ser homosexual es “una herida” que se combate con la abstinencia, “celibato”, dice él. Los Mossos d’Esquadra vigilaban con furgonetas con las señales luminosas en marcha los accesos a la parroquia. Fuera, un centenar de militantes gais protestaban. Ariño, sin embargo, no es Rushdie. Su exposición inicial, de casi una hora, tuvo la profundidad de una gota de agua. Las peticiones de que preventivamente se suspendiera el acto tal vez le hicieron un gran favor.

La cita, como es sabido, formaba parte de un un calendario de charlas en las que habitualmente nadie repara, los Cafè Youcat, reuniones de jóvenes cristianos con conferenciantes que les ayudan a disipar las dudas que les puede plantear la fe y el mundo actual. Lo común es llenar unas cuantas mesas a un lado del claustro. Con Ariño, claro, no ha sido así.

El delegado de juventud del Obispado de Barcelona, monseñor Bruno Bérchez, estaba que no cabía en su alzacuellos. "!Vaya tela, Philippe, la que has liado!". Esta fue parte de su presentación, con entusiasmo, nada que ver con ese tono monocorde de las misas. La audiencia parecía entregadas antes de comenzar, salvo cuatro jóvenes apostados junta a la mesa de los cafés y las galletas de té y con caras serias. A la que Ariño comenzó a hablar, a decir que no se considera víctima del lobi gay -"¡yo soy lobi gay!"- y a proclamar que “una angustia” corroe a los homosexuales aunque no lo admitan, se dieron a conocer. Eran los inevitables activistas que lograron burlar el control de la puerta. Desplegaron su pancarta: “Placer anal, contra vuestra moral”.

¿FEMINISTA Y DE IZQUIERDAS?

En 1977, cuando David Lynch estrenó ‘La cabeza borradora’, la revista ‘Variety’ la definió como “una bonita arcada”. Ariño, una vez expulsados de la sala los manifestantes, definió lo sucedido, esos segundos de tensión, gritos y forcejeos, como "un escándalo bonito". Ariño, sin embargo, tampoco es Lynch, y eso que salpimentó su conferencia con lo que sus detractores consideran provocaciones. “Me reivindico feminista”. “Siempre me he sentido de izquierdas”. “Soy el único que entiende lo que es la homofobia”. “Las leyes progays las han promovido heterosexuales, nosotros no hemos pedido nada, lo hacen en realidad para atacar a la Iglesia y al matrimonio”. “En el sexo entre hombre no hay sexualidad”.

Aunque de descendencia mitad española, el castellano no es una lengua cómoda para Ariño, así que por momentos, más allá de esas frases llamativas, parecía más bien cantinflear. Repasó su vida, su descubrimiento de que era gay a los 10 años, la pesadilla de la escuela, la salida del armario a los 21 años, sus primeras relaciones con 29 y, finalmente, su gran hallazgo, que "las parejas gais no resplandecen como si lo hacen las heterosexuales o las personas que practican el celibato", esta última, la opción que él ha tomado para compatibilizar su fe con sus pulsiones sexuales.

Para los grupos de defensa de los derechos de gais, lesbianas y transexuales, lo de Ariño es una cara más de la homofobia. De hecho ni siquiera le conceden el honor de ser uno de los suyos, ni que sea para representar el papel de Efialtes de la homosexualidad, el espartano que traicionó a Leónidas y mostró a Jerjes un camino secreto de la Termópilas.