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Antoni Vives, el más listo de la clase

Como edil de CiU en el ayuntamiento, fue el hombre fuerte del alcalde Trias, el ideólogo urbanístico de la gestión municipal

A diferencia de la mayoría de sus colegas en Convergència, el exconcejal contaba con un pasado profesional brillante en la privada

T. SUST / X. BARRENA / BARCELONA

El exconcejal de CiU, Antoni Vives, en octubre pasado.

El exconcejal de CiU, Antoni Vives, en octubre pasado. / JULIO CARBÓ

Antoni Vives Tomàs (Barcelona, 1965), licenciado en Ciencias Empresariales, especializado en márketing y comercio Internacional, llegó a la primera división de la política de forma un tanto distinta al común de los dirigentes de Convergència Democràtica de Catalunya. Políticamente, antes había sido miembro del independentista Moviment de Defensa de la Terra (MDT) y de ERC, en la que entró con el movimiento Acció Catalana, del que fue secretario general. Figuró en la ejecutiva del partido republicano en 1998 pero un año después ingresó como militante en CDC. 

Allí se acercó al grupo más cercano a Artur Mas, conocido como el ‘pinyol’, en el que destacaban David Madí, Quico Homs y Oriol Pujol. A diferencia de todos ellos, Vives contaba con un pasado en la empresa privada: llegó a ser director comercial de Nissan Motor Ibérica.

En la última etapa del pujolismo, tuvo cargos en el Gobierno catalán, del que fue secretario entre el 2001 y el 2003. En el 2004 fue nombrado vicesecretario general de militancia y participación de Convergència, y tres años después se convirtió en concejal de CiU en Barcelona. En el partido decían que Vives era un enviado de Còrsega, donde entonces estaba la sede convergente, para condicionar la actuación de Xavier Trias en el consistorio, al que el ‘pinyol’ consideraba poco agresivo. Pero después le acusaban de incumplir el encargo e intimar en exceso con el tono del ‘exconseller’, de quien fue el hombre fuerte en los cuatro años que ostentó la alcaldía.

Vives cuenta también con una vertiente literaria: es autor de tres obras de ficción y de cuato de no ficción.

IDEÓLOGO EN EL CONSISTORIO

La llegada de CiU al Ayuntamiento de Barcelona comportó una novedad. Por primera vez no había un alcalde que ejecutara su propia idea de ciudad, sino que el ‘masterplan’ correspondía al responsable de Urbanismo. Como siempre han contado, Vives le contó a Xavier Trias su idea de ciudad, en cuanto al tocho, y este quedó entusiasmado. Segunda novedad: el teniente de alcalde de Urbanismo no era arquitecto, ni urbanista, era licenciado en Empresariales. Eso sí, con gusto por la arquitectura.

Tardó poco Vives en querer dejar su impronta. Una de sus primeras decisiones fue centralizar en su despacho toda la contratación que realiza el ayuntamiento. Hasta ese momento, el grueso dependía de la concejalía (tenencia de alcaldía) de Urbanismo, pero los distritos y las empresas públicas, como BIMSA, tenían cierto grado de autonomía. Vives acabó con ella. De él dependía todo.

El primer gran momento mediático de Vives se vivió a los seis meses de tomar posesión del cargo, Vives puso en un cajón el plan de reforma que la administración Clos había diseñado para la plaza de las Glòries y que había sido aprobado por el pleno y contaba con el apoyo de los vecinos. En su lugar, Vives se presentó, junto a su cúpula técnica, entre ellos Willy Müller, director de Barcelona Regional, con unos estupendos dibujos que sulfuraron a la oposición . Tanto que, en el pleno siguiente, mandaron a toriles el proyecto de Vives.

Por otra parte, Vives comparecerá ante el juez el 23 de febrero tras ser investigado por la presunta contratación fraudulenta de personal en Barcelona Regional.