21 oct 2020

Ir a contenido

SOS por la última cabina de Barcelona

El único teléfono público del modelo con puerta de la ciudad resiste en una calle de Horta-Guinardó

Una exprofesora reúne 1.500 firmas para que se preserve este símbolo urbano

Óscar Hernández

Una ex profesora intenta que no desaparezca. / EL PERIÓDICO

Hay turistas que suben las cuestas del barrio de Sant Genis dels Agudells, a lado del Vall d’Hebron, para hacerse fotos con ella. También pequeños traficantes de drogas que se sienten más seguros contactando desde ahí con sus clientes para no dejar rastro. E inmigrantes que prefieren hablar en ese pequeño espacio con sus familias al otro lado del charco. Y hasta ancianos que cuando pasan por su lado piensan que si tienen una urgencia siempre pueden acudir a ella, con monedas, claro.

Y es que la cabina de Telefónica, ahora Movistar, número 8595A instalada en la calle de Lledoner, 2 (Horta-Guinardó), acaba de salir de su anonimato y enfilar el rumbo hacia la inmortalidad gracias a la exprofesora de instituto, de Religión y Física para más señas, Anna Farré Llorca (Barcelona, 1967), vecina del Eixample. "El año pasado dijeron que las cabinas iban a desaparecer y entonces vi en un diario que solo quedaba en toda la ciudad una del modelo con puertas, porque las otras no son cabinas, aunque sí teléfonos públicos, pero abiertos. Y me vine enseguida", cuenta emocionada.

Farré, que ahora es terapeuta Gstal y que ha estado haciendo cooperación internacional en México, pensó que tenia que hacer algo. "Vi que funcionaba. Si ha sobrevivido es porque está en un barrio apartado. Por eso es importante que siga en su sitio", añade. Un amigo la animó a acudir a Change.org, sitio web especializado en recogida de firmas para buenas causas. "Les encantó la idea y me ayudaron. Llevamos recogidas 1.452 firmas en 'Salvemos la última cabina de Barcelona'".

CESIÓN A LA CIUDAD

Pese a que en diciembre del año pasado el Gobierno obligó a Telefónica-Movistar a prorrogar el mantenimiento de las cabinas durante un año más, el temor a que la última de Barcelona desaparezca persiste. En toda España quedan 18.300 teléfonos públicos y en Barcelona, 500 (499 del modelo de soporte con cobertizo, no de cabina) . "Unas 12.000 pierden dinero, y de estas la mitad no registra ni una llamada", explica un portavoz de Movistar, compañía que seguirá cuidando la de la calle de Lledoner (el lunes dos técnicos de Cabitel le hicieron el mantenimiento).

"Un representante de Cabitel me dijo que estarían dispuestos a ceder la cabina a la ciudad para siempre. No puede desaparecer. Una cabina va más allá del barrio, forma parte de una época", insiste Farré quien tiene muchas ideas para jubilar esta especie de armario de cristal y aluminio: "Hacer llamadas y donar lo recaudado a una oenegé, montar una exposición con fotos y anécdotas de cabinas, o pasar películas famosas con teléfonos públicos como protagonistas". Es como si los que recuerdan La cabina dirigida por Antonio Marcero y protagonizada por José Luis López Vázquez hayan transformado la desconfianza en nostalgia y complicidad.

"Hace un mes bajé a llamar porque se me estropeó el móvil. Tenerla aquí nos da una cobertura psicológica. Sin la cabina, nos sentiríamos desprotegidos. Es hasta un punto de referencia. ‘Te espero en la cabina’, se dice la gente". Quien así lo vive es Gabriel Llamas García, taxista retirado de 57 años que se acerca a felicitar a la exprofesora por el rescate de la cabina. "Vivo aquí desde 1959 y creo que la instalaron en 1964, cuando en este barrio de Sant Genis no habia nada, ni paradas de autobús", añade.

"Funcionar, funciona. La gente entra a pedirme cambio", apunta la farmacéutica Stella Calderon, que trabaja delante.  "A mí este interés me va muy bien. Acabo de reformar la farmacia y así vendrá más gente", dice. Mientras no se la lleven con alguien dentro... Al menos, la 8595A carece de puerta. ¿Por qué no la reponen?

Temas Telefónica