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Los empleados del Zoo defienden que la solución más sensata es conservar los delfines

El comité de empresa advierte de que los traslados y los posibles nuevos hogares entrañan riesgos innecesarios

CARLES COLS / BARCELONA

El delfinario del Zoo de Barcelona.

El delfinario del Zoo de Barcelona. / MÒNICA TUDELA

Los trabajadores del Zoo de Barcelona defienden que la mejor solución para los cuatro delfines de la ciudad no es ser trasladados a otro zoológico o a algunas instalación similar, sino quedarse en su actual hogar, lo cual pasaría, obligatoriamente, por unas obras de mejora del delfinario. A través de un comunicado del comité de empresa, los empleados del zoo, entre ellos los cuidadores de los cetáceos, avisan que el traslado a otro lugar del mundo ocasionará a los animales, en primer lugar, un veterinariamente contraindicado estrés, y, en segundo lugar, les puede conducir a tener que repetir los espectáculos circenses que ya dejaron de practicar en Barcelona. Esa posibilidad, según los trabajadores, será casi segura si el lugar de destino es un recinto privado.

Los trabajadores tachan de "comedia" el grupo de trabajo que el Ayuntamiento de Barcelona creó para analizar el futuro del parque zoológico. Critican que los criterios científicos han quedado eclipsados por las opiniones de algunos participantes sin experiencia en este campo. Como clímax de esta contradicción, los empleados recuerdan que el mayor experto español en la materia, Àlex Aguilar, abandonó el grupo de trabajo al estar en total desacuerdo con el modo en el que el ayuntamiento había encarado esta cuestión. Aguilar, efectivamente, rechazó el método elegido por la concejala Janet Sanz para tomar una decisión, pero también, sobre todo, las opciones que se pusieron sobre la mesa, de las que no salvó ninguna, en especial la preferida por los grupos ecologistas, que defienden que los ejemplares sean trasladados a un santuario aún inexistente en aguas griegas.

VIDA EN CONDICIONES

El problema de los delfines de Barcelona es que la organización internacional que coordina la cría en cautividad de esta especie (EAAM) obliga, a partir del año 2019, a disponer de una instalaciones que el zoo no tiene, salvo que afronte unas caras obras de reforma. Según los trabajadores del zoo, la opción éticamente más sensata sería realizar esas obras y permitir que los cuatro delfines de la ciudad pasen el resto de sus vidas en las mejores condiciones posibles. Trasladarlos, explican los trabajadores, le permitirá a Barcelona colgarse una medalla animalista hipócrita, pues será una ciudad libre de delfines en cautividad, pero a costa tal vez de un mal final para sus últimos cuatro ejemplares. 

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